Inicio > Opinión > '¿Ni una más?', por Federico J. Silva
10 de mayo de 2006 - 20:44
Como ya todo el mundo sabe, una inmigrante colombiana murió hoy apuñalada por su ex pareja en la capital grancanaria. Antes de que comiencen los minutos de silencio organizados por los políticos, quiero dejar, negro sobre blanco, una opinión. Desgraciadamente, tendré que repetir algunas ideas ya expresadas hace años, porque aquí no se puede decir 'eppur si muove'.
Otra vez lo mismo. Sin novedad en la Tierra. Muchos propósitos pomposos, precisamente como pompas jabonosas. Otra mujer asesinada. ¿Tal vez tenga que poner presuntamente asesinada, supuestamente asesinada, según fuentes policiales, beneméritas, políticas o judiciales?
Ya está bien. Ya está bien digo de pregonar y no dar trigo. Aquí sobran las palabras, que son como los sacos cuando están vacíos, que se caen al suelo. No queremos que ningún Ayuntamiento se persone más como acusación particular en un futuro - ¿rápido, corto, cojitranco?- juicio. Se pueden guardar su silencio, sea 1 ó 5 minutos, ante la puerta de sus despachos, y sus fosilizadas declaraciones que lo mismo valen para estos casos que para un desgraciado accidente de guaguas, porque lo vergonzoso es que no exista una prevención más consistente que el ridículo alejamiento.
No hay nada peor que la rutina, que las cosas hechas con desgana. Nada peor que un sepulturero para enterrar a un muerto, decía León Felipe, como algunos médicos insensibilizados al dolor y a la sangre. Esto no sólo está extendido entre los políticos, atrincherados en las meras "enérgicas repulsas", sino también en la sociedad. ¿Dónde están las campañas, semejantes a las de la D.G.T, pero dirigidas a los agresores? ¿Cómo es posible que la mayor parte de las mujeres asesinadas hubieran presentado una o más denuncias y no se les haya asignado vigilancia policial, o un nuevo domicilio, por ejemplo, en otra isla? ¿Cómo puede explicarse que el agresor -y previsible asesino- no estuviera bajo control o condenado a un destierro significativo?
Da la impresión de que hasta que uno de estos crímenes no lo reivindique ETA o Al-Qaeda no se actuará de forma enérgica. ¿Es que una víctima de ETA o los muertos del 11-M valen más que las vidas de estas mujeres? ¿Hará falta que organicen otro Gal contra esos miserables? ¿Saldrá el Príncipe de Asturias y su cónyuge con el colirio en los ojos? ¿Llorarán el Rey y la Reina?
Ahora aparecerá una fotografía de la mujer asesinada acompañada por su asesino, en un momento feliz. ¿Recuerdan lo que un día escribió sobre este asunto Alonso Quesada? "Nosotros, cuando una amiga contrajo nupcias, le hemos dicho: María, sea enhorabuena. Y esta amiga ha sido golpeada durante los diez años por su esposo. El esposo es un cocodrilo miserable". "Estas enhorabuenas -concluye Quesada- son inoportunas".
Es cierto que estas ratas asesinas que practican la denominada violencia de género, canallada semántica esta, cuando de lo que se trata es, en sentido extenso, de agresión contra las mujeres, deben de estar unos treinta y dos mil años por detrás en la evolución, pero no estamos sin duda ante hechos casuales, como lo demuestra su criminal reiteración, producto de una supuesta maldad innata de los hombres, sino ante la más diáfana manifestación de las relaciones sociales que el stablishment genera con el fin de ejercer el control político y social sobre las mujeres.
La mujer pese a su imparable incorporación al mundo del trabajo y toda la papiroflexia legal igualadora, continúa siendo esclava del hogar, permanece oprimida y encadenada a los pequeños quehaceres domésticos, a las pequeñas cosas, a horizontes cercanos, malgastando su capacidad, su talento, su creatividad, en un trabajo improductivo y fastidioso. Si la condición de la mujer se erige sobre un conjunto de relaciones sociales, el cambio de su situación exige la transformación de la sociedad y de sus caducas relaciones sociales.
Toda opresión, dejémonos de hipocresías, implica violencia. Pero aceptemos de una vez que toda agresión sobre las mujeres es política. La Conferencia Ministerial Europea sobre la Igualdad concluyó hace años que "en efecto, todo es política, incluida la esfera de lo privado. Problemas como la violencia ejercida contra las mujeres, deben considerarse como políticos, por lo que afectan a toda la sociedad." ¿Quién se atreverá a negarlo?
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