Inicio > Ciencia y Tecnología > Innovación y humanidad, retos de la nueva medicina
23 de enero de 2007 - 18:03

El doctor José Baselga lo sabe todo, o casi todo, sobre el cáncer de mama. Su nombre y su oficio hace tiempo que trascendieron las fronteras de del hospital Vall d'Hebrón en Barcelona y hoy ocupan por mérito propio un lugar destacado en el cuadro de honor de la medicina mundial.
Pero Baselga a veces se topa en su consulta con una mujer ansiosa que sólo quiere salir airosa de esa experiencia traumática que es padecer un cáncer. Es entonces cuando Baselga despliega todas las facultades que la tradición atribuye a un buen médico y se gana la confianza del paciente. Y es esa esperanza conseguida a pulso la que le reconforta como médico. La que le realiza plenamente.
Román Baraibar también es médico y consejero. Director del Servicio de Neonatología del Instituto Dexeus, Baraibar suele dar buenas noticias a los padres que acuden a su despacho buscando una palabra de aliento. Hace tiempo que la ciencia permite sacar adelante a los niños que nacen con menos de un kilogramo de peso y el equipo de Baraibar se congratula de estar entre los más punteros de España. "Nuestra medicina infantil no desmerece de la que se hace en Estados Unidos. Ya no hay que acudir a Boston para operar a un niño del corazón. No tendría sentido". Baraibar consulta y es consultado por sus colegas extranjeros y como contrapunto a esa excelencia profesional que se empeña en conseguir cada mañana manifiesta cierto resentimiento hacia lo que considera cierta injusticia histórica, el prestigio de los cirujanos frente a los clínicos, que se traduce a veces en grandes diferencias salariales.
Su situación privilegiada de médico de la privada no le impide desgranar con la misma precisión con que realiza sus diagnósticos los problemas que arrastra la profesión desde antiguo y a los que nadie parece saber encontrar solución: la presión asistencial, de la que una clínica como Dexeus no ha logrado librarse, las guardias de 24 horas que terminan quemando a los profesionales los entusiastas y la cicatería de las aseguradoras.
Ángel Villamor es traumatólogo y empresario y padece en carne propia este problema. "Es lo que hay", nos dirá lacónico. Su pasión por la traumatología le ha llevado a planificar su profesión con la precisión de un cirujano: residencia en Dexeus con Vilarrubia, máster en Navarra para aprender microcirugía, más aprendizaje en la Zarzuela (Madrid) y, por fin, clínica propia de nombre impronunciable en la capital, Iqtra. Obsesionado en formar un gran equipo multidisciplinar, sabe que su mejor baza como profesional es la innovación: suele pasar tres meses del año fuera de España para aprender de los maestros. De la pública no habla, se excusa, pero con un sucinto comentario da en la diana. "No tiene sentido poner en marcha una maquinaria tan sofisticada para luego apagar las luces a las tres de la tarde". Esto no ocurre en la Clínica Universitaria de Navarra. Toda una institución dentro y fuera de nuestras fronteras. Una forma de hacer medicina y buscar la excelencia que no encaja con todos los perfiles profesionales, como recuerda el hepatólogo Javier Álvarez-Cienfuegos.
"En esta institución todos los médicos tienen exclusividad y a todos se les exige compaginar investigación, docencia y ejercicio clínico". En Navarra los cargos no son perpetuos. Los jefes de servicio gestionan los departamentos por un plazo máximo de tres años, aunque él repite como director médico, y los especialistas participan en el gobierno del servicio. Según sus facultativos, en esta institución, la excelencia nace de la innovación y de "la necesidad de emular al que lo hace mejor".
Para Julio Zarco, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, la funcionarización es uno de los problemas más graves de la sanidad pública. El otro es la presión asistencial. Y sale en defensa de sus colegas de los centros de salud. "Nuestras únicas herramientas de trabajo son la entrevista clínica y la exploración, y siempre tenemos que terminar derivando a los enfermos al hospital. Los especialistas desconfían de nuestra capacidad de diagnóstico pero en nuestra mano está acabar con las listas de espera".
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