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10 de abril de 2006 - 11:39
Eloy Asenjo Carpintero
10 de abril de 2006 - 11:39
Los padres… sin derechos.
He hecho hoy un ejercicio de búsqueda singular. He cogido el texto íntegro de la reforma educativa (LOE) y he buscado las palabras: familia y padres
Únicamente en la Disposición Final Primera en la que se recoge una modificació...
Los padres… sin derechos.
He hecho hoy un ejercicio de búsqueda singular. He cogido el texto íntegro de la reforma educativa (LOE) y he buscado las palabras: familia y padres
Únicamente en la Disposición Final Primera en la que se recoge una modificación del artículo 4 de la Ley Orgánica 8/1985 de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación aparece una referencia a un derecho fundamental de los padres y familias: “… como primeros responsables de la educación de sus hijos o pupilos…”
En ningún otro lugar del documento aparece explícitamente dicho derecho.
Este derecho se formula como una responsabilidad, pero… sin libertad no hay responsabilidad. Por tanto, si nuestros legisladores no ofertan a los padres la capacidad de elegir la educación que ellos decidan dar a sus hijos… no les podemos exigir la responsabilidad de la educación de los mismos, pasando dicha responsabilidad a quienes de verdad la eligen; lo cual es verdaderamente alarmante si quien lo elige es el Estado o la Comunidad Autónoma, pues estaríamos a un paso de vivir en un Estado Autoritario, que asume en primera persona la función de educador de los jóvenes.
Podrán argumentar que efectivamente los padres pueden elegir… porque el papel lo aguanta todo, la realidad que vemos a nuestro alrededor, sin embargo, es tozuda y no resiste cualquier cosa.
Pongamos unos ejemplos.
Estamos asistiendo en estos días a la aprobación del estatuto de autonomía de Cataluña. En su artículo 21 (Derechos y deberes en el Ámbito de la Educación) y en el punto 2 podemos leer:
“Las madres y los padres tienen garantizado, de acuerdo con los principios establecidos por el artículo 87.4, el derecho que les asiste para que sus hijos e hijas reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones en las escuelas de titularidad pública, en las que la enseñanza es laica”
¿Todavía hay alguien que se crea que la enseñanza puede ser neutra?... Entonces es que o no tiene hijos o no ha sido profesor en su vida.
Un profesor de matemáticas, de naturales, de dibujo, de filosofía… es imposible que en su hacer cotidiano no transmita unas convicciones morales y filosóficas concretas.
De muestra un botón:
- Yo, padre de un alumno de 6º de E.P., quiero (porque soy el responsable primero y único –junto con mi mujer- de la formación de mi hijo, tengo la convicción de que el matrimonio es un vínculo tan grande que no es deseable su destrucción. Claramente se trata de una opción válida y respetable que puedo tener y quiero inculcar a mi familia: es para mí un valor importante que quiero legar a mi hijo, pues estoy convencido de la bondad de este presupuesto. Resulta que dicha convicción está calificada como “cristiana conservadora” (aunque yo me declaro agnóstico y no piso una Iglesia) por tanto, según el esquema del articulado expuesto anteriormente este valor no será propugnado en la escuela a la que yo llevo a mi hijo. Es más, contínuamente tengo dificultades, pues la profesora de Música (por ejemplo) que tiene un hijo en la misma clase que el mío se encuentra divorciada, y todos los días viene a recogerlo su novio, salvo los viernes que viene la novia de su padre biológico. Efectivamente el padre y la madre de Ernesto (supongamos que se llama así el hijo de la profesora) pueden hacer con su vida y con la educación de su hijo lo que les plazca, y son responsables de ello; pero coincidirán conmigo en que puede ser difícil transmitir a mi hijo los valores que tengo: él ve con “demasiada” normalidad dicha situación, pero en un plano diferente de la normalidad que yo quiero que tenga: es mucho mejor para el desarrollo de un niño la estabilidad familiar y afectiva, y si esta no está asegurada por los motivos que sean, el niño tendrá mayores dificultades en su formación.
No quisiera dejar de transcribir un artículo de la Constitución Europea que nos hemos dado
ARTÍCULO II-74
Derecho a la educación
1. Toda persona tiene derecho a la educación y al acceso a la formación profesional y permanente.
2. Este derecho incluye la facultad de recibir gratuitamente la enseñanza obligatoria.
3. Se respetan, de acuerdo con las leyes nacionales que regulen su ejercicio, la libertad de creación de centros docentes dentro del respecto de los principios democráticos, así como el derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas.
Quisiera fijarme en la última palabra de dicho artículo: pedagógicas. Es decir, en la Carta Magna Europea los padres tienen el derecho a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones pedagógicas.
Yo no soy sexista, nunca lo he sido y no creo que nunca lo sea. Creo en la íntima y radical igualdad del hombre y la mujer, y en la íntima y radical diferencia entre el hombre y la mujer. No, no son creencias incompatibles; no se restan, se suman. Pues la diferencia de sexos provoca junto con la igualdad absoluta entre los mismos un enriquecimiento maravilloso. Creo en la igualdad, pero no en el igualitarismo… Como fruto de dicho convencimiento (respetable y razonable) prefiero para mis hijos una educación que se ha venido a llamar diferenciada frente a la coeducación; igualmente respetable es la visión de otros conciudadanos que prefieran la coeducación. ¿Puedo, por tanto, desde el sistema público y gratuito de enseñanza, dar este tipo de educación a mis hijos? Lamentablemente no, no puedo acceder. En el preámbulo del Proyecto de Ley LOE se dice expresamente el tipo de orientación pedagógica que se va a aplicar en los centros públicos o concertados
“Disposición Adicional Vigésimosexta. Fomento de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.
Con el fin de favorecer la igualdad de derechos y oportunidades y fomentar la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, los centros que desarrollen el principio de coeducación en todas las etapas educativas, serán objeto de atención preferente y prioritaria en la aplicación de las previsiones recogidas en la presente Ley, sin perjuicio de lo dispuesto en los convenios internacionales suscritos por España.”
Así como la apuesta implícita pedagógica que se recoge en el preámbulo sobre la escuela inclusiva
“La adecuada respuesta educativa a todos los alumnos se concibe a partir del principio de inclusión, entendiendo que únicamente de ese modo se garantiza el desarrollo de todos, se favorece la equidad y se contribuye a una mayor cohesión social.” (pag. 10)
Que establece que la coeducación es garantía de formación en la igualdad… además de otras consecuencias pedagógicas que conlleva y que a mi modo de entender lesionan la justicia: “dar a cada uno lo suyo”. Con este comentario supongo que muchos de los que leerán estas líneas no serán tan bienpensantes como les supongo e intentarán calificarme de elitista o discriminador… cuando lo que en ningún momento digo es que haya que fomentar en los alumnos actitudes discriminatorias.
Alguno podrá decir que nadie me impide elegir un centro educativo de ese estilo. Es cierto, pero salvo que mi renta –que no lo es- sea suficiente para buscarme un centro privado con este tipo de orientación pedagógica...tendré que conformarme con un tipo de escuela que no se ajusta a mis convicciones pedagógicas. ¿Tengo pues libertad para elegir la educación de mis hijos?.
Si nos fijamos el en preámbulo de la ley, nos dice que ésta se fundamenta en tres principios
Escribiendo desde la prehistoria
marrero: La normalidad de los prediluvianos es la que considera anormales a todos aquellos que no hacen lo que ellos. Es el caso de este sr (y su mujer, que casi la olvida) que no saben que ya el franquismo y sus sacrosantas instituciones son cosa del pasado. Mejor se da una vuelta por el mundo real y deja de ser un osado escritor de cuando se escribía con pluma de ganso.
Sobre los disloques dialecticos que he tenido que leer (y mas que risa me indignan), la verdad, es que me da hasta pereza responder. Hasta el mismo autor, si piensa un poquito, se rebatira a si mismo.
Escribiendo desde la prehistoria
marrero: La normalidad de los prediluvianos es la que considera anormales a todos aquellos que no hacen lo que ellos. Es el caso de este sr (y su mujer, que casi la olvida) que no saben que ya el franquismo y sus sacrosantas instituciones son cosa del pasado. Mejor se da una vuelta por el mundo real y deja de ser un osado escritor de cuando se escribía con pluma de ganso.
Sobre los disloques dialecticos que he tenido que leer (y mas que risa me indignan), la verdad, es que me da hasta pereza responder. Hasta el mismo autor, si piensa un poquito, se rebatira a si mismo.
Los problemas de dar derechos a cualquie
elcabsan: Despues de ver los derechos que piden algunos "tutores" (y en este caso la palabra es un claro eufemismo) casi es mejor empezar a regular eso de ser "padre". Hasta para conducir una motocicleta se pide una licencia municipal; para ser padre, solo hay que dejarse ir. Y en esa impunidad se han refugiado muchos para ser y llamarse "PADRES". Si quiere hacer de su hijo lo que dice, pobre hijo. Y lo que habría que regular es que los hijos no fueran el deposito de la ideología y frustraciones de algunos "mentores". Así pasa lo que pasa.
¿Totalitarismos en el siglo XXI? No grac
eloyasenjo: Ya tuvimos bastantes en el siglo XX en Europa y España.
El siguiente texto me ha dado siempre muchas luces
"Conformarse con la capacidad de verdad del hombre conduce antes de nada a uso puramente formal de las palabras y los conceptos. Por su parte, la pérdida de los contenidos lleva, antes y ahora, a un puro formalismo del juicio. En muchas partes no se pregunta ya qué piensa un hombre cualquiera. Nos basta disponer de una idea sobre su modo de pensar para incluirlo en la categoría formal conveniente: conservador, reaccionario, fundamentalista, progresista o revolucionario. La inclusión en un esquema formal hace innecesaria cualquier explicación de su pensamiento".
Citando a Joseph Ratzinger sin nombrarlo
marrero: El comentario anterio (donde se cita al nuevo oraculo divino) es un claro ejemplo de como hablar y hablar sin decir nada. Puede leerse cuantas veces se quiera que toda hermeneutica lleva a la misma conclusion: dialéctica vacua.
Y cuando alguien, en lugar de responder, cita (sin dar el nombre del citado -quizas por verguenza o para esconderse) y no argumenta, puede querer engañar y engañarse al hacer como que responde, lo que ocurre en realidad es que se esconde (bajos las faldas de "papa") por no tener nada que decir.
No obstante insisto: me horripila la defensa de las "diferenciaciones" educativas, que esconden clasismos sociofobos y sexofobos, basta de escudarse en ideologías y creencias que tachan de anormales a los que no son del "opus dei".
Las muertes de los cayucos, una catástrofe humanitaria.
José Castellano Arencibia
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
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Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
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Contra el poder, por la esperanza cargada de futuro.
Francisco González Tejera
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