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04 de agosto de 2008 - 01:23
Antonio Hernández Lobo
04 de agosto de 2008 - 01:23
Después de un intenso año de trabajo, por fin llegan las vacaciones, tan deseadas y tan necesarias. La actividad escolar ya lleva un mes de descanso, pero ahora llega el descanso para otros., el descanso nos llama a la puerta. Se abre un ciclo con unos cuantos días o semanas de descanso para rela...
Después de un intenso año de trabajo, por fin llegan las vacaciones, tan deseadas y tan necesarias. La actividad escolar ya lleva un mes de descanso, pero ahora llega el descanso para otros., el descanso nos llama a la puerta. Se abre un ciclo con unos cuantos días o semanas de descanso para relajar el cuerpo y la mente, olvidando momentáneamente el trabajo diario del resto del año.
La exigencia diaria es tan elevada que puede hacer que uno se olvide de cómo disfrutar en las vacaciones. Desde un punto de vista psicológico, el esfuerzo y la dedicación prestados al trabajo ordinario nos conduce muchas veces a realizar actividades compensatorias de forma espontánea. Siempre he tenido claro que el tiempo de ocio equilibra la carencia emocional de ciertos estímulos con la posibilidad de conseguirlos. Hay que buscar un asueto que compense los impulsos negativos (agresivos, antisociales, depresivos, etc.) que produce en ocasiones la actividad laboral.
El simple hecho de cambiar de actividad le sirve a la mente de descanso. Cambiar de ocupación sirve de relajación sobre todo si el trabajo es absorbente, duro y reiterativo. Como cada año, aprovechare mi tiempo de ocio con tres objetivos claros: descanso, disfrute e instrucción. En verdad les digo, los tres combinados complementan el bienestar que nos proporcionan las vacaciones.
Mi mes de agosto será también la ocasión perfecta para cobrar distancia sobre lo vivido a lo largo del año y disfrutar de las personas, de la naturaleza, ... Tiempo para dejar a las cosas que sean y gozar con ellas, un espacio para cultivar activamente la pasividad. Es así mismo un tiempo para los demás, para disfrutar de las relaciones humanas, para celebrar y acrecentar nuestros lazos de unión con nuestras familias y amigos, para saborear alegrías y tristezas ajenas. Puede ser efectivamente un tiempo para reparar nuestras fuerzas, para reposar y recuperar nuestro ritmo vital. Dormir, pasear, leer plácidamente, escuchar, dejar a las cosas que sean, practicar una saludable pasividad. Tal vez para ello necesitemos aprender a perder el tiempo en actividades no productivas, pero sobre las que se apoya toda biografía que valga la pena construir.
En fin, tiempo de descanso estival, para los escolares, para nuestros políticos y para muchos del común de los mortales, entre los que me encuentro. Disculpen mis amigos que caigan en este rincón mi falta de escritos, pero el descanso estival ha primado sobre mis ganas de comunicar. Ahora me toca desconectar de todo y relajarme. Espero que esta vez las pilas a recargar sean alcalinas. ¡Salud a todos y a todas!
Antonio Hernández Lobo es Presidente de la Asociación Plan Estratégico Ciudad de Telde y Vicepresidente del Consejo Escolar Municipal de Telde
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