24 de julio de 2008 - 22:45
Escrito por Manolo González, escultor canario, autor de la instalación que se reproduce como imagen del día.
Ìcaro (mito griego), fue confinado junto con su padre, Dédalo, en el laberinto que éste construyó para el rey Minos. Para escapar, Dédalo ideó unas alas de cera y pluma que confeccionó con Ìcaro. Antes de iniciar el vuelo liberador, Dédalo advirtió a Ícaro del peligro de volar muy alto, pues el sol derretiría la cera y caería al mar: “sígueme de cerca y no tomes rumbo propio”. Ìcaro voló hacía el sol, hacía la intensidad de la luz, hacía el objeto de su deseo. Igual que la vida se cierra en la muerte, el vuelo en la caída; la vida no es infecunda por la muerte, el vuelo no lo es por la caída.
Ícaro ha de escapar del laberinto. La infelicidad es un hecho; incertidumbre y muerte son irrevocables; la felicidad hay que crearla; la felicidad es una actitud, una forma de pensar, de hacer. Al igual que Ícaro, con alas, artefactos portentosos del empeño, que cada cual cree sus alas e inicie su viaje. ¡Hay que salir del laberinto!
La Verdad, al igual que el sol, si se la mira fijamente, es el abismo. La esperanza (el sol) atrae a Ícaro, derrite la cera y éste cae al mar; perece ahogado. Su afán de luz, hoy, también, lo arroja a la oceánica fosa común.
No podemos ser luz incendiaria, debemos ser luz de razón que guíe el vuelo de la Humanidad. Somos la vanguardia de lo Humano, de los derechos. Derecho que no aspira a ser universal, no es derecho, es privilegio. El humanismo que guía Europa no puede convertirse en maquillaje de un mundo bien-estante con el que disimule su incomodidad e indiferencia ante la pertinaz presencia de la miseria. No hemos llegado hasta aquí para disfrazar el futuro con colorete, mientras, debajo, la piel se aja por el miedo a perder lo conseguido, sin advertir que sólo es posible conservarlo en la progresión. El problema es de magnitud suficiente como para creer que se resuelve con pretendidas bellas palabras, pero si éstas son expresión de una forma de interpretar la realidad y de actuar, los esfuerzos irán dirigidos a la construcción de puentes para la colaboración y no de murallas y alambradas que nos protejan del curso de la historia. El futuro sólo es posible si es proyecto universal, no excluyente. Este vuelo es el de todos, el del futuro, el de la libertad, que sólo se construye con el otro; o es compartida o no es.
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.”
Capítulo LVIII, Don Quijote,Cervantes
ICARO7 es el vuelo solidario, un ala construida por siete, unidos por el empeño de un proyecto común, la luz el de la Humanidad, luz de Todos.
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