Inicio > El malestar de la cultura > ¿Política cultural?
30 de junio de 2008 - 02:01
Escrito por Victoriano S. Álamo, en Pleamar, Canarias7.
Por una vez, parecía que la cultura iba a tomar un protagonismo hasta ahora desconocido con la celebración de un pleno extraordinario del Cabildo de Gran Canaria para debatir sobre la realidad de ese campo en la isla. Una vez finalizado el mismo, a tenor de lo que los medios de comunicación nos han mostrado a los que no pudimos asistir, mejor se lo podían haber ahorrado.
Simplemente, la cultura pasó a convertirse en un arma arrojadiza entre las distintas facciones políticas que integran el órgano insular. Para darle esa utilidad, mejor que sigan sin prestarle la menor atención.
El Partido Popular se limitó a criticar las actuaciones, escasísimas por otra parte, que ha llevado a cabo la nueva corporación en este terreno y a defender las iniciativas –muy escasas también- que el anterior ejecutivo –gobernado por su partido- llevó a cabo durante cuatro años. Luz Caballero, la actual concejera de Cultura, defendió su gestión con un ataque feroz, según cuentan los presentes, hacia la gestión anterior que le ha dejado más de un agujero económico importante que le impide llevar a cabo sus proyectos.
Tras este pleno, tenemos muy claro que seguimos sin política cultural. Por desgracia, desde hace años, los responsables políticos de nuestras islas siguen con la idea de que hacer política cultural no es más que la suma de iniciativas puntuales que hay que vender de la mejor manera posible. Piensan que por subvencionar buena parte de un concierto de música ya todos debemos tener claro que apuestan por el fomento de esta disciplina artística. Intentan hacer creer a la población que la inauguración de un nuevo museo supone la apuesta decidida del ejecutivo por las artes plásticas.
Al pleno del pasado viernes se entró sin conocer la política cultural de la actual corporación y se salió del mismo con la misma ignorancia. Nunca se supo cuál era la que sustentaba las actuaciones de la anterior corporación y tras la sesión celebrada en Infecar se sigue en la misma situación.
Esta iniciativa sirvió sólo para escenificar, cara a cara, una serie de reproches ya conocidos entre los dirigentes y la oposición. Larry Álvarez, por parte del PP, achacó la supresión del Foro Vargas Llosa y del Gran Canaria Ballet a una venganza del PSOE por considerarlas iniciativas llevadas a cabo por la anterior corporación. Luz Caballero rechazó esta hipótesis, pero no explicó la política que han puesto en marcha desde su Consejería para el desarrollo de la danza y la lectura en las Islas. ¿O es que la suma de una serie de actuaciones puntuales, muy bien intencionadas, eso sí, se le puede considerar un plan de fomento a la lectura a largo plazo? ¿Acaso la anunciada separación de la Orquesta Filarmónica del resto de las artes escénicas será el punto de partida de un verdadero plan cultural hasta el final de la legislatura?
Desde la llegada del binomio PSOE-Nueva Canarias al Cabildo, los máximos responsables culturales se han puesto como objetivo recuperar el espíritu del desaparecido Centro Insular de Cultura. Incluso, se llegó a planificar una fiesta, en un solar que actualmente ocupa un aparcamiento, para poner de manifiesto que no se trataba sólo de una idea nostálgica sino de una realidad. Por fortuna, todo quedó en un susto. Porque entre el maremagno de asesores y cargos intermedios con los que se cuenta en la Consejería, alguien debería aclarar que hay que mirar al presente y hacia el futuro y no al pasado. Aquel espíritu fue bonito, pero hoy día resulta anacrónico, retrógrado y ridículo. Estamos ya en pleno siglo XXI, la era de las nuevas tecnologías, Internet, la ruptura de fronteras nacionales y estilísticas de las artes. Recuperar el boom del folclore, las exposiciones de artistas anclados en el pasado y la autocomplacencia, y dar voz a escritores según su lugar de nacimiento resulta, en el año 2008, una auténtica insensatez y un signo propio del tercer mundo intelectual.
Hacer política cultural es otra cosa muy distinta. Algo que está muy por encima de aparecer de manera constante en las inauguraciones de eventos puntuales, perder el tiempo en conferencias sin sentido Proa al 2020 o al marisco. Dar dinero para concursos miss lo que sea, abrir nuevos museos sin programación clara, rehabilitar edificios olvidados para dar de comer a los arquitectos amigos, proyectos ridículos que son puro humo para mejorar los museos insulares con cuatro euros, sufragar nuevas orquestitas y conciertos de los promotores amigos, o dar dinero a los artistas afines al régimen para que intenten mostrar sus creaciones en otras regiones y en el extranjero como si no existiera Internet.
Los pilares de una política cultural que se precie consisten en tener una visión de conjunto a largo plazo, más allá de la legislatura, trazarse unos objetivos claros y cuantificables, conocer de primera mano, con estudios fiables, las carencias y las virtudes de la población y las instalaciones que se gestionan, y apostar de manera implacable por culturizar a la población. Algo, por cierto, muy “peligroso”, ya que ya se sabe que al ser más inteligente y culto resulta mucho más complicado engañarlo y manipularlo. Esto, la clase política canaria sí que lo tiene muy claro. Es el único pilar de su política cultural.
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