Inicio > El malestar de la cultura > El Festival de Música de Canarias a debate
22 de mayo de 2008 - 01:00
Editorial.- El próximo año se celebrará la XXV edición del Festival de Música de Canarias. Veinticinco años es una edad estimable en la duración de un evento artístico, sobre todo si está inscrito en un tiempo donde la falta de continuidad le gana a menudo la partida a la idea de permanencia.
Sin embargo, lo primero que llama la atención en el Festival de Música de Canarias es el escaso debate crítico que le ha acompañado.
Hace un par de semanas, como quien no quiere la cosa, una pequeña chispa, al parecer derivada de algunas manifestaciones vertidas en los últimos consejos asesores del Festival, generó una miniescaramuza en la que unos hablaban de la necesidad de cambiar y otros bautizaban de talibanes a algunos personajes no identificados. En dos días se cruzaron llamadas telefónicas y palabras apaciguadoras y el tema volvió a su estado habitual: al silencio permanente que le ha rodeado durante todo este tiempo, al menos en lo que se refiere a un debate mínimamente serio.
Esta incapacidad de la sociedad canaria para encarar todo lo que afecta al Festival de Música tiene varios tipos de explicación. El más obvio, tiene que ver con el importante apoyo político que ha tenido el evento, acompañado de una actitud reverencial, a caballo entre el desconocimiento y el papanatismo, que ha inhibido cualquier crítica consistente. Paralelamente el Festival ha nacido con una vinculación mediática, desde un medio y una persona cuyo control ha sido manifiesto, y que ha sido nombrada en los últimos tiempos en distintos medios hasta la extenuación. En cierto modo, el Festival ha sido un espacio enajenado por los distintos Gobiernos de Canarias que se han sucedido a ese poder fáctico de nuestra cultura.
La primera dificultad para abordar críticamente el Festival de Música de Canarias deriva de su propio vacío como proyecto. Más allá de su obvia realidad como sucesión de conciertos a golpe de talonario y cita obligada de todos los lugares comunes del mercado musical y de sus habilidosos agentes, ha carecido siempre de argumento, de filosofía o de propuesta original. El desfile interminable de orquestas y de solistas, muchos de ellos repetidos sin ninguna justificación; la utilización de los conjuntos contratados para soportar “estrenos mundiales” en la mayoría de los casos de escasa proyección y éxito; la bajísima presencia de algunas modalidades más activas de la música clásica, el barroco o la ópera barroca y sus interpretaciones historicistas, cuando no la ignorancia manifiesta hacia ese mundo; el desprecio hacia las orquestas españolas en un momento en el que ya existen algunas que superan claramente a muchas de las invitadas; el papel nunca claramente definido de las orquestas canarias, en cierto modo aceptadas de mala gana y sin una valoración exacta de sus posibilidades; la inmersión del Festival en el oscuro mundo del cachet español y de sus disparatadas subidas con respecto al resto de los mercados; la escasa repercusión más allá de un grupo, relativamente reducido, de melómanos con un concepto elitista de la cultura; conforman un panorama en el que han ocurrido muchas cosas pero en el que es difícil analizar de qué planteamiento vienen, hacia qué objetivo van, y en qué medida se han conseguido los resultados hipotéticamente pretendidos.
Desde el otro lado del problema, en la columna del debe son numerosas las preguntas a realizar: ¿qué ha aportado el Festival de Música de Canarias a la cultura de nuestras islas? ¿ Tiene sentido que tras casi 25 años el Festival tenga algo más de 1200 abonados entre las dos capitales canarias? ¿Ha existido una política de promoción de nuevos públicos y un programa pedagógico paralelo?¿Cómo ha afectado el Festival de Música al resto de los recursos musicales de las islas? Podríamos seguir así hasta el infinito, no sin antes fijar una postura que, a pesar de su crudeza, está en la base de toda la trayectoria del Festival de Música de Canarias: el desprecio a la realidad musical y cultural de Canarias que va implícito en el Festival, su divorcio apenas disimulado de esta realidad y su encierro en un discurso autosuficiente, intemporal, que parece no necesitar de la legitimidad de un resultado social aceptable.
Si a todo esto unimos la absoluta falta de profesionalidad, hasta el punto de transmitir la sensación de que para llevar las riendas del Festival hace falta cualquier cosa menos saber música y tener una cultura musical profesional, estaremos aproximándonos a una visión más realista de lo que ha venido sucediendo. Y solo la parafernalia de una minoría, cuando no la amenaza a los discrepantes, por parte de los que han llevado las riendas del Festival, han impedido a la ciudadanía, como sucedía en el cuento del traje nuevo del emperador, percatarse que el Festival está desnudo y sólo le mantiene -a partir de unos recursos económicos desproporcionados con la atención que reciben otros aspectos de la cultura-, una compleja trama de intereses y poder que debe ser clarificada.
El debate está servido. Nosotros sólo hemos querido enunciar críticamente algunos aspectos del Festival de Música de Canarias para incentivar el diálogo y la participación. Al final del camino estamos seguros que tendremos más datos para saber dónde están los talibanes y dónde el sentido común. Sin prejuicio de este texto como enunciado general iremos aportando materiales sobre aspectos parciales del problema que merecen un desarrollo particular.
Alfredo K.: Estimado señor Editorial. Le felicito por este interesante debate, aunque hayan pasado ya 24 años para empezar a tratar este asunto. Permítame que le haga unas preguntas: ¿Se ha aprovechado el Festival para dar proyección a la obra de autores canarios del pasado? ¿Cuánto dinero ha costado el Festival en estos 24 años? ¿Cuánto era el presupuesto de Cultura del Gobierno de Canarias en esos años? Atentamente
Victor.: Comparto las opiniones vertidas en este articulo.
En sintesis, el Fesatival de Musica puede haber sido una buena idea en su origen, pero desde entonces, el panorama musical ha cambiado mucho y ya no se justifica.
En cuanto a la gestion del mismo, ella nacio trufada de irregularidades, un Festival basado en la mentira y en el engaño: mentira porque lo que se presentaba en sus ediciones distaba, en la mayoria de las veces, de ser "lo mejor" que ofrecia la Euroipa Musical de entonces. Engaño porque, partiendo de su "apodo": Unico Festival de Invierno, este conlleva una gran falacia: en invierno no hay Festivales de Musica en Europa, ya que las temporadas musicales estan en pleno desarrollo y, por ende, no hay necesidad de ellos,; mientras que florecen en verano cuando estas temporadas entran en su receso estival.
La necesaria labor de difusion y pedagogia (terminos que horrorizan a ciertos popes de la cultura local) no se ha realizado nunca, de una manera ordenada, motivada y conducente a captar nuevos publicos y consolidar los existentes. Este elemento es tan obvio y necesario, que basta mirar que sucede en los Festivales y temporadas mas prestigiosas del globo para darse cuenta de lo absurdo de su inexistencia en Canarias.
Como dijo Zaya en una carta reciente (Al viceconsejero de cultura), la cultura en Canarias se maneja desde la igniorancia, la improvisacion y el ninguneo.
El Festival no es distinto en esto: ignorancia del mundo y mercado de la musica clasica por parte de sus gestores es ya un hecho comprobado por cierta critica y el publico: mala seleccion de orquestas y solistas es un hecho de comun ocurrencia, y lo peor es que muchos de los artgistas que dan malos resultados se repiten. Es decir, ignorancia absoluta en la gestion.
Improvisacion: se colige de lo anterior, cuando no hay conocimiento se debe improvisar.
Ninguneo: a los artistas canarios, a muchos compositores contemporaneos que deberian ser conocidos por nuestro publico (asi como parte importante del repertorio universal) y tambien ninguneo al publico que paga, sus gustos y preferencias.
El Festival ha sido un fiasco que se ha ido consolidando con el paso de los años, pero no se ha, siquiera, intentado poner remedio a sus males. Con el cambio reciente de Director, se esperaba que, al menos, se considerara algun mecanismo de renovacion: pero esto no ha pasado de ser una falsa esperanza. Es mas, la eleccion de nuevo Director de Festival fue hecha de manera irregular, con una convocatoria a concurso que fe bastante irregular y con un programa para la 25 Edicion del Festival que parece bastante exentrico.
Maravilla que el Gobierno de Canarias, siendo testigo del bajisimo interes que despierta el Festival en Tenerife, y la continua desafeccion del publico en Las Palmas no haga nada al respecto, fuera de alguna declaracion aislada.
Quizas ello no sea extraño, volviendo a las palabras de Zaya: Ignorancia, Imp`rovisacion y Ninguneo.
Maestro Valle: Mi mas sincera felicitación por la iniciativa, y por el editorial que precede el comentario. Espero que sea el inicio de otra forma de entender el debate en el mundo de la cultura.
Sobre el Festival de Música y atendiendo al último párrafo de Victor relativo al bajísimo interés del Festival en Tenerife, decirle que en estos momentos y solo fruto del total desprecio que siempre han sentido por el público (independientemente de su procedencia) los números nos dicen que tras 25 años de "excelencia" gestora, no solo no se ha producido un aumento razonable de público en Tenerife, sino que los porcentajes en Las Palmas bajan y se acercan a los denostados de la isla hermana. El Festival solo coloca el cartel de "no hay entradas" en aquellos conciertos en los que la aureola histórica de la orquesta o el "figura" de turno esta por encima de toda duda, o en los casos recientes donde las operaciones de marketing de las discográficas a nivel mundial preceden al espectáculo. Solo decir que cualquiera que programara esos mismos conciertos (el Círculo de Amistad por ejemplo) llenaría de igual forma. Pasar 25 años de frivolidad gestora para tener que recurrir a los grandes nombres ( a precio de Chartier por su puesto) como unica posibilidad de llenar los auditorios es un triste y lamemntable balance.
No nos desesperemos, los culpables andan "trajinando wagneriadas" en el patio de casa, han encontrado a papá después de muchos años y parece que, ahora sí, pensaran sólo en el público de Las Palmas.
Hace 25 años eramos......... mas jóvenes
Despina: Un asuntillo que podría arrojar alguna luz en todo este asunto. ¿Sabe alguien quienes han formado parte del Consejo Asesor del Festival durante todos estos años? ¿Cuantos nombres ilustres de Las Palmas se repiten hasta la saciedad?.¿Que empresarios han formado parte del mismo sin otro mérito que su conocida amistad y cartera fácil para con el director y su cohorte?
Otra pregunta, en la elección del último DIrector:
- ¿Quien formó parte del jurado encargado de elegir al candidato?
- ¿Quien informó técnicamente sobre el perfil deseado?
- ¿Que otros candidatos fueron rechazados y por qué motivos?
- ¿Existe el informe por escrito?. Si no existe ¿quien redactó el acta y que aparece en ella?
No siempre las buenas prácticas son las mejores.
Dorabella: Creo que despina está en un error, el caso que comenta no tiene nada que ver con buenas prácticas. Aunque lo llamaron concurso no se establecía ningún tipo de meritos claros ni de puntuación. El jurado lo formaron el consejero de educación, la viceconsejera de cultura y el director general del libro. El asesor fue, como no, el director del festival cesante sr. Nebot. El día anterior a la reunión del jurado para tomar la decisión ya fue anunciado el nombramiento en el periódico abc. ¡Adivinos!. Ninguno de los intervinientes en esta mascarada tiene conocimientos musicales medianamente solventes, no digamos ya profesionales, y esto incluye al jurado, al asesor y al elegido......por el de siempre.
Los hombres del Renacimiento: Uno de los grandes problemas de la cultura canaria, en la música particularmente, es el florecimiento de personas de influencia que hacen de todo sin ningún pudor: organizan conciertos, y hacen la crítica de los mismos; tienen protegidos a los que ayudan, eso sí, con dinero público y no tienen la más mínima vergüenza para utilizar cualquier medio para exhaltarlos públicamente, en vez de dejar que personas más objetivas confirmen, o no, sus opiniones. Así que una misma persona puede "autonombrarse": compositor, escritor, asesor del Festival de Música, crítico musical del mismo, protector de jóvenes intérpretes, etc.
Esto, en mi opinión, es muy grave y cierra las puertas a una mínima posibilidad de debate. Es por esto que me parecen importantísimo los artículos que cuestionan a estos señores todopoderosos y exponen a la luz del día sus oscuras actividades. ¡Gracias por ello!.
Plácida Rodríguez: Aceptamos esto como artículo de opinión, pero aún estoy esperando que esgrima cifras. La única que pone es 1200 abonados. Pues bien, además, hay que sumar los oyentes europeos que, a través de la red de radios europeas, tienen la posibilidad de conocer la existencia de un festival en Canarias.
Por otro lado, no confundamos conocimientos musicales con gestión cultural. Un buen gestor no tiene por qué ser un melómano, aunque, como en todo, sería conveniente. Y, por último, el Festival ha estado presente en todas las Islas, lo que no se puede decir, por ejemplo, de la costosísima Bienal, que superó el pasado año el presupuesto del Festival de Música. Tampoco deberíamos mencionar el capricho de Óscar Domínguez, que también ha costado a los canarios bastante millones de euros. Hay que ser más rigurosos. La política cultural canaria, sea del signo que sea, está en manos de personas soberbias, que arriman el aspa a su sardina.
Hablando de arrimar el aspa, tenemos el dichoso Septenio...
Julio.: El Festival no se transmite por radio, salvo excepciones especiales: los conciertos de las Orquestas de Radios... que no son mas de dos por Festival.
Que haya problemas en otros ambitos de la cultura en Canarias no significa que el Festival sea gran cosa, ni que haya tenido en sus casi 25 años de vida una buena y logica direccion artistica.
Al hablar del bajo numero de abonados, creo yo, se subraya el poco impacto que tiene el missmo en nuestra sociedad, y lo prescindible que es...
Plácida Rodríguez: Prescindibles son muchas cosas en esta vida, como el dinero que se le entrega anualmente al equipillo o el dinero que se gasta el Gobierno en la policía autonómica o en una televisión pública que es una auténtica vergüenza y cuyo coste por espectador es infinitamente mucho mayor al de este festival, que es uno de los festivales más importantes que se celebran en invierno, por el que han pasado, además, los intérpretes y las formaciones más relevantes del mundo.
Melómano: Solo un pequeño comentario para Plácida. Evidentemente no es necesario ser melómano para gestionar bien (muchas veces la experiencia nos dice que no es la mejor carta de presentación). Hasta hoy mismo los directores del Festival no han sido otra cosa que melómanos, nunca profresionales de la gestión cultural o de alguna de las variantes posibles en la música o las artes escénicas. El primero se convirtió en gestor a fuerza de ocupar el cargo y gastar cantidades interesantes de dinero (al igual que toda su generación en un país todavía en fase de modernización y actualización profesional). Con el paso del tiempo algunos creemos llegado el momento de abrir al menos un debate sobre su gestión. El segundo de los directores ha sido proclamado como tal por su condición de melómano, ya que su formación, siendo exigente, respetable, rigurosa y digna de toda mi admiración, nada tiene que ver con la gestión cultural. Si queremos ser rigurosos, los conocimientos musicales y de gestión, en su admirada Europa son precisamente aquellos de los que adolecen ambos directores.
Si el Festival se desarrollara durante el verano, ¿que lugar del palmarés europeo cree que ocuparía?.
El foco: Yo creo que el problema no es que exista un Festival de Música, sino que no hay quien justifique la mala gestión, el despilfarro, el amiguismo y otros tantos asuntos de esta clase. Unos cuantos amiguetes se aprovechan de la "tirada" del Festival, y a vivir del cuento manejando fondos públicos como les da la real gana.
Arturo: Se han puesto los abonos en venta... Existe indignacion por parte del publico: se han elevado los precios en forma considerable, sin explicacion alguna. Otra prueba mas de la desconexion que existe entre el festival y el publico: o es que a ellos no les llega la crisis economica actual ?
Por cierto, se renuevan las noticias de un relevo en la direccion del festival: podra ser verdad esto ?
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