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29 de abril de 2008
Por Sergio Hernández Hibrahím
Cuando EEUU decidió temerariamente agredir militarmente Irak (2003), muchas fueron las voces lúcidas que advirtieron sobre la debacle que se avecinaba. El malogrado escritor estadounidense Norman Mailer realizó unos cuantos comentarios cáusticos acerca de la mediocridad de la clase política del país, particularmente la de Mr Chance (alias George Bush); la eximia actriz Susan Sarandon se opuso frontalmente a la invasión y advirtió al pueblo que debia prepararse para recibir cientos de cadáveres de jovenes envueltos en bolsas de plásticos.
La alarma cundió en muchísimos países. Aparte de las movilizaciones del Foro Mundial contra la globalización, hacía muchos años que no se veía tan ingente cantidad de personas protestando contra el abuso y la sangrienta arbitrariedad del Pentágono y su máximo lider, el inefable, el compasivo, el magnánimo. Es una ironía de la Historia la presencia de esta especie de pequeño Atila, figura estrambótica que expresa el desdichado nivel de paupérrima capacidad intelectual de la oligarquía dominante en EEUU.
Los vaticinios pesimistas se han cumplido holgadamente. La ocupación militar le ha costado hasta ahora a EEUU alrededor de cuatro mil cadáveres de su soldadesca. Desde que comenzó la guerra ha perecido violentamente cerca de cuarenta mil civiles iraquíes.
Como resaltó el famoso economista español Ramón Tamames en sus alegatos contra la invasión, Sadam Hussein llevaba tiempo vendiendo petróleo por la divisa en €, desgastando a ojos vista la hegemonia del $, así que los designios agresivos de los halcones tendían a matar (literalmente) varios pájaros de un tiro.
Pero todo va bien. En los primeros días de la invasión, la Casablanca convocó a las empresas privadas a participar en el reparto de los despojos de Irak; visioné personalmente el documental que narraba los pormenores de esta reunión. La propaganda hacía un panegírico de las amplias posibilidades económicas que se abrían para los “inversores” del primer mundo. Irak cuenta con la segunda reserva de petróleo del mundo y la oligarquía petrolera se frotaba las manos ante tamaña tajada de utilidades. El control del país ha puesto a esta oligarquía en posesión de ingentes beneficios y, lo que es también importante, influyendo en la producción y el precio internacional del crudo, cuyas consecuencias no se han hecho esperar.
En el 2003 el crudo se cotizaba a 29 $ barril. El 27 de este mismo mes se estaba vendiendo a 118,91 $, ¡una diferencia de 89,91 $! Hoy sonrie uno tristemente, al recordar las reflexiones de los publicistas sobre la famosa barrera psicológica de los 100 $. Pues bien, esa barrera está más que sobrepasada, contribuyendo a la aparición de serias tensiones inflacionistas que todos y todas estamos sufriendo en nuestra vida cotidiana.
Resulta conmovedor oir los cantos de sirena del empresariado canario, español y, por qué no decirlo, del mundo entero, sobre la lamentable situación económica. Pero llamemos a las cosas por su nombre. La burguesía internacional, particularmente las oligarquías financieras, que disponen del machito del poder y han contribuido, por activa o por pasiva, a la aventurera y temeraria política estadounidense, pregonan sus cantos plañideros “solicitando” (es un decir) que las clases trabajadoras rebajen sus reivindicaciones salariales para evitar sus “perversos efectos inflacionistas”. Y yo digo: ¿hasta cuándo hemos de aguantar este rampante cinismo?
¿En qué han contribuido las clases trabajadoras a esta crisis económica? ¿Fueron las clases trabajadoras las que desencadenaron la agresión contra Afganistán e Irak? ¿No es más cierto que la economía mundial, a pesar de las apariencias, adolece de una condición quebradiza y delicada, precisamente por el auge del militarismo y la tensión política?
Lejos de mí cualquier intento de hacer demagogia con un tema tan grave. Estoy dispuesto a reconocer que el aumento de la demanda de combustibles fósiles por parte de India y China tienen alguna influencia en el gigantesco aumento del precio del crudo. Pero de ahí a erradicar del discurso el pernicioso influjo del oligopolio estadounidense hay una distancia mayor que de la Tierra a la luna y esto es lo que hacen los cebados economistas de la oligarquía financiera internacional: Aquí utilizan un concepto muy sobado en los textos económicos: ceteris paribus, que es una forma de decir: sin tomar en consideración, haciendo abstracción, excluyendo el cómputo de tal dato. Es decir: mintiendo como bellacos.
Cualquier/a ciudadano/a tiene al menos la intuición del efecto multiplicador del aumento del precio del crudo en los de muchísimas mercancías, particularmente las de primera necesidad, porque encarecen los precios del transporte, la energía eléctrica y los productos de la industria ligera, con una repercusión nefasta en los precios de los alimentos. Así estamos asistiendo a una “inflación de costes” que, desde luego, nada tiene que ver con las reinvindicaciones de las clases trabajadoras.
El problema es que, nos guste o no, hemos de apechar con esta argumentación insulsa, dada la amnesia que promocionan los medios de comunicación, ese risible “Cuarto Poder” del que ya no queda ni los jirones.
Siempre me ha agradado mucho la frase de Marx: La ideología dominante es la ideología de la clase dominante.
Pues eso, pero me queda la palabra.
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José Castellano Arencibia
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