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02 de marzo de 2008
Por Armando Quintana
No lo puedo soportar. Va más allá de mis entendederas. No entiendo nada. Creo que vivimos en otro mundo, no en el mundo otro, no en el otro mundo es posible. Más bien en el mundo imposible que muchos aborrecemos, y no quisiéramos llegar más nunca. No soporto la mentira, la injusticia, la villanía.
Y creo que a cosas de estas estamos llegando en la campaña preelectoral. Todos los días cuando uno lee los titulares de la prensa se queda pasmado, incrédulo, sin dar crédito a lo que se lee. Ahora resulta que según dice Soria, el jefe del Partido Popular en las ocho islas canarias, “los socialistas dan aliento a las mafias de la inmigración”. O sea quien le escucha puede pensar que se reparten las ganancias del dinero que ganan los que trafican con las vidas de los seres humanos. Pero ¿a quien se le ocurre decir semejante barbaridad? Ayer fue que los niños desaparecen por culpa de Zapatero que no pone guardias en todos los parques. ¿Se lo podrá creer alguien? ¿Habrá gente que no se dé cuenta que está lanzando bulos para ganar votos?
No soy partidario de los mensajes que sobre la inmigración lanza el Partido Popular. Tampoco de la política que ha seguido en torno a este tema, y de la que anuncia. No me gustan los mensajes racistoides que lanza. Me disgustaba cuando en otro tiempo, gobernado por ellos, drogaban a los inmigrantes y los metían en aviones de vuelta a sus países u otros que no eran los suyos, y lo justificaban diciendo “teníamos un problema y lo hemos resuelto”. Y, desde las plataformas donde en aquel momento tenía oportunidades, denuncié esas situaciones, tanto en forma colectiva como personal. Pero nunca se me ocurrió pensar, expresarme, decir que el Partido Popular estaba en alianza con las mafias, dado que, a pesar de sus políticas intransigentes, seguían llegando inmigrantes, pateras y entraban por las fronteras legalmente, todo igual como ahora. Ni se me ocurrió ni se me ocurre pensar en eso.
Me parece un disparate lo que se dice en esta materia. No es justo ganar votos con mentiras, ya no solo hablando mal de terceros, sino con mentiras. Como lo de “papeles para todos” que se sigue repitiendo. Pienso que una de las tareas de la próxima asamblea legislativa debería ser promulgar un Código Etico para los políticos, sobre todo en las campañas electorales, de manera que todo el que dijera mentiras totalmente demostrables, como éstas que se están diciendo, fueran incluso penalizados quitándole por lo menos cien mil votos de los que consiguieran. Algo habrá que hacer, porque qué se puede esperar del gobierno y servicio al pueblo por parte de aquellos que lo consiguen mintiendo descaradamente. Es injusto. Me indigna. Vale más el silencio, y callarse, si no se está de acuerdo con la política del otro y no se tienen argumentos fiables. Y otra cosa que debería entrar en ese código ético es que los que se presenten a las elecciones firmen un contrato o documento donde se comprometan a respetar los derechos y libertades fundamentales de los seres humanos recogidos en la famosa Declaración Universal que todos conocemos. Son dos sugerencias nada más. Pero creo sinceramente que hace falta algo de eso. Porque todo no vale, y menos engañar
María Consuelo: Quizá sea demasiado pedir a los politicos, ( a todos, eh ? ), un código ético a estas alturas a que ya hemos llegado, y tendría que bastarnos con exigirles urbanidad y buena educación; y ésto, por que lo merecemos nosotros, el pueblo.
No podemos pedirles otra cosa, pero podemos castigarles ...
Luis León Barreto: De todos modos, no parece que la abstención sea la mejor salida. Lo que sucede en las campañas es que "todo vale" Por ejemplo en EEUU, la Hillary se ve en desventaja y ataca a Obama con todo tipo de golpes bajos. Las campañas son ejercicios de circo, shows de prestidigitadores. Pero parece que son necesarias para que vemos la forma en que unos y otros meten la pata cuando hablan en vivo y en directo. De cualquier modo, hay una diferencia abismal entre votar a unos y a otros. Entre la evolución y la involución, entre el pasado y el progreso.
Maria Consuelo: Quiero que ésta sea mi respuesta a Luis Leon Barreto.
No me he debido explicar bien. No entra en mis planes dejar de votar: es un derecho que costó mucho conseguir y no se puede ahora tirar por la borda. Pero hay otros modos de castigar a esos políticos que nos han defraudado en la campaña electoral. Por ejemplo, no votarles a ellos, aunque sea a su partido al que se ha dado en otras ocasiones el voto.
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