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27 de noviembre de 2007
Por Montserrat Fillol
Estéticas útiles
Últimamente, hay negociaciones que se resisten. Hay foros sociales y laborales que parecen enconarse en el tiempo. Pensaba frívolamente que si la estética y la moda podían ser elementos útiles para aligerar y sorprender con otras descargas en ambientes de trabajo difíviles. Yo misma en mis momentos de reivindicar los derechos propios y ajenos he optado, de manera instintiva, por huir de las pintas demasiado ejecutivas. Esta estética llevada a esos días se puede aderezar en los días de reuniones álgidas y hablar entonces de transparencias, look anoréxico, y moda guerrillera con cierto tonos de invierno.
La primera vez que asistí a una reunión de tiras y aflojas tuve el suficiente tiempo para sacar conclusiones sobre algo tan frívolo asunto. Algo que en realidad tiene mucho que ver con mi inconsciencia de batiburrillo posmoderno. Todo cabe en la moda mientras se logren los nobles objetivos. Más allá de algo tan serio como las reivindicaciones legítimas de un convenio o el futuro de los trabajadores, he visto cómo algunos cuidan su vestimenta acorde con las circunstancias. Con un poco de humor, y para eso, las frivolidades de las nuevas tendencias vienen de perlas algunos echan mano de las nuevas tendencias. Es un ejercicio que nos saca de la férrea disciplina “preocupacional”. Así hay algunos compañeros, todo hay que decirlo son una minoría que optan por llevar camisas transparentes para lucir sus pechos depilados y cuidados con cremas de aceite de oliva. Lo del aceite no es que haya tenido la ocasión de olerlos de cerca, pero sí de observar los lustrosos que lucen en cualquier mesa o reunión con los pesos pesados. En otra época más guerrera lo suyo el look engrasado y sudoroso de un taller mecánico. Mientras que ahora van de lustrosos, afeitados y transparentes.
Otra tendencia que ha hecho estragos en las pasarelas internacionales y algunos optan por ellas en reuniones álgidas es el look de la delgadez extrema. Se trata de una tendencia en la que se combinan unas ojeras de muerte, una palidez tísica y colores primaverales. O sea todo un pastel. Todo lo pasteloso que viene bien a un contexto de batallas, igualmente pastelosas y difíciles.
Finalmente y por no despreciar algo del trasnochado look guerrillero pero que hace estragos, cabe destacar el efecto que suelen causar los colores del camuflaje militar. No saben el morbo que da aparecer con un chaleco militar, botas y pantalones de camuflaje por los pasillos de cualquier reunión que tenga visos de acabar fatal. En realidad, los uniformes dan un punto y parece que inspiran.
De todas maneras, anunciarles que las nuevas propuestas están abiertas al espectro variopinto de la moda cálida hecha por y para los lugareños. No hay que despreciar en ningún caso, y para un futuro próximo aparecer con cuatro plátanos y dos tomates estampados en la solapa, ya sean con lentejuelas o pintados a mano. Este look afrutado es altamente recomendable en las reuniones almibaradas donde lo necesario es no enseñar la estrategia sino las buenas intenciones que se tienen en la negociación. Al fin y al cabo negociar es llegar a consensos utilizando todas las plumas y el pavoneo posible.
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