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12 de noviembre de 2007
Por Montserrat Fillol
Los chateadores son gente que utiliza el chat para relacionarse. Los hay de todo tipo. Los furtivos que van de cacería en la red. Los fantasmas aparecen y desaparecen, pero existen. Los fulminantes que van al grano (cualquiera de ellos). Los ilusionistas..... Y los que tan sólo dialogan obligados por la distancia, echando de menos el contacto humano. Casi todos ellos volcados en la red, relacionándose y esperando respuestas. Tal naturalidad virtual conlleva sus perdidas. No hay contacto visual, no leemos la gestualidad de la persona, no sabemos si esa persona mientras nos contesta está haciendo varias cosas a la vez. Tampoco sabemos si se guardan tales confidencias para releerlas más tarde. Con lo cual estamos ante una nueva dimensión de relaciones humanas aún desconocida.
Me refiero a una forma de intimidad distinta que tiene sus propias barreras. Hay está el mar blanco de la red para que así te expongas. La libertad hecha a medida de la oscuridad y la claridad.
En los códigos del chat se impone muchas veces la escritura automática. La frase corta y eficaz. La escritura que brota del inconsciente. Tácticas que rompen con la lentitud del esquema tradicional de géneros como el epistolar. Así de tradicional guión romántico entendido como: química, seducción, conocimiento, e intercambio amoroso o amistoso hemos pasado a dejarnos ir en la intimidad virtual. ¿Qué diría James Joyce si despertara? ¿Sería un chateador furtivo, o se transformaría en su alter ego? ¿Presumiría de su potencial literario para captar a alguna navegadora desasosegada? No lo sabremos nunca. Tampoco sabremos cuánto talento se está perdiendo en el ciberespacio. Cuánto poema anónimo o cóctel de letras ha seducido, animado u hecho estragos. Cuántas frases memorables han sido salvadas o guardadas sólo para sus interlocutores. La palabra disparando a diestra y siniestra. La palabra reconstruida, para convertirse en el soplo que mueve la cuna. Las relaciones basadas en el impulso básico y el grafismo.
La tiranía mcluhiana del medio mezclada con la relatividad de Einstein. El medio no es sólo mensaje sino que además genera una dimensión atemporal. En este sentido, algunos teóricos como Paul Virilio hablan de un tiempo global. Un tiempo universal donde todo ocurre más allá de todo espacio local o nacional. Antes de relacionarnos en la red, la historia personal y la social ocurrían en tiempos limitados, geografías limitadas. Ahora ocurren en el blanco universal. Hay tiempo y no hay tiempo. Hay construcción de información y deconstrucción.
Más de las relaciones virtuales, hay también una dimensión económica y social. Paul Virilio habla de una bomba electrónica que afectará a las sociedades. Nada para alarmarse sino más bien para ser cautos con la deslocalización del capital, blanqueo y crimen organizado desde la red, las burbujas financiera del consulting etc..
Sin llegar tan lejos, en la esfera de las relaciones estamos dispuestos a dejarnos llevar por esa emoción de la escritura instintiva. Nunca la palabra había estado acompañada tantos efectos especiales (guiños, sonidos, zumbidos). Nunca la palabra se había deformado tanto para sugerir. Abrimos surcos a una velocidad abismal. Pero hasta qué punto tal velocidad es irreal y nos somete a falsearnos a nosotros mismo. ¿Llegaremos a viejos en la red?.
Si el turismo se deslocaliza…¿morimos, “quemamos” otro territorio o nos transformamos?
Edu William
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José Castellano Arencibia
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