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25 de September de 2007
Por Dolores Campos-Herrero
Confiesa Enrique Vila- Matas que en el fondo siempre le han impresionado cuentistas como Raymond Carver, “con todas sus historias de camareras y camioneros y otros seres anodinos perdidos en la grisura de una mediocridad aplastante. Reconozco que es uno de los genios del cuento. También me gustan esos autores que, por ejemplo, descubren un campo de patatas con una precisión magistral, pero a mí siempre me ha costado hacerlo”
“Si tenía-prosigue el escritor- que describir un campo de patatas, lo hacía, pero se trataba de unas patatas germinando en un sótano, por ejemplo, y acababa teniéndome que corregir yo mismo, golpeándome sádicamente la mano con la que escribiera aquellos surrealismos”
No son sembrados de tubérculos precisamente lo que ocupa a Vila-Matas en su último libro, pero sí relatos que de tanto en tanto homenajean muy tímidamente al autor de Quieres hacer el favor de callarte, por favor
Pero Exploradores del abismo no es un libro de cuentos usual como tampoco lo es el propio escritor. Uno de los más singulares de las letras españolas.
No es el autor de El mal de Montano, uno de esos novelistas que dejen indiferente a nadie. Es más, tengo la impresión de que es tan admirado por unos como denostado por otros.
Naturalmente no es el único que se mueve en ese territorio fronterizo de la ficción, la autobiografía y el ensayo literario.
Sí que me parece uno de los más notables en este nuevo lenguaje.
Sus reflexiones sobre los límites entre la escritura y la propia existencia son constantes. “Llevaba años especulando en torno a las relaciones entre vida y literatura y aunque a tientas, buscaba ir más allá de ellas, sobre todo más allá de la literatura”, escribirá respecto a uno de sus personajes.
Un personaje que no es otro que él mismo como suele ser frecuente en sus textos.
Las relaciones entre lo escrito y lo vivido es también el punto de partida de esta otra confesión con algo de boutade que nos podemos encontrar en su obra más reciente “Suele decirse que la literatura tiene una notable ventaja sobre lo que vivimos: la de que uno puede volver atrás y corregir”.
Si alguna vez existió la aspiración a conseguir la llamada “novela total”, aquella en la que la vida pudiese ser explicada en toda su complejidad, también Exploradores del abismo podría calificarse como un libro de cuentos total. Un viaje vertical en torno a una serie de argumentos obsesivos: la enfermedad, la atracción por el vacío, la perplejidad de vivir y el poder chamánico de las palabras. ¿Acaso los acontecimientos son sólo posibles después de haberlos convocado con la escritura?
Exporadores del abismo es una colección de relatos que, sin perder su sabor genuino de género, casi podemos leer como una novela.
Es, desde luego, una obra poderosa que se lee con fruición y extrañeza. Una colección de cuentos inclasificables que encierran toda una lección de buenos finales.
Finales evanescentes que nos asoman de muy diversa manera a esa tentadora nada que son todos los abismos.
Entre mis favoritos, Niño y Un día señalado, aunque no puedo negar que ninguno de ellos ha dejado de hipnotizarme. ¿Se puede pedir algo más?
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