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01 de julio de 2007
Por Jorge Rodríguez Díaz
El pasado lunes tuve la oportunidad de oír a Al Gore contarnos Una Verdad Incómoda, el cambio climático provocado por la actividad humana que sufre nuestro planeta. Lo cierto es que no nos contó casi nada nuevo, pues ya sabíamos lo que está pasando con el calentamiento global, pero a veces es necesario que un referente mundial de la talla de Gore nos recuerde lo que ya sabemos.
Un aspecto que me llamó mucho la atención de su charla es que de casi mil artículos científicos que tratan el calentamiento global, ninguno cuestiona la verdadera causa del fenómeno y lo relacionan con la actividad humana. En cambio, de más de seiscientos artículos de divulgación sobre el tema, más de la mitad especulan con otras causas posibles. Este hecho pone en evidencia que en aquellos medios alejados del rigor científico y de la búsqueda de la verdad, donde el poder económico puede influir, las verdades incómodas son ocultadas o disfrazadas sin escrúpulos con el objetivo de crear un entorno de desinformación que permita mantener en funcionamiento la maquinaria política y económica dominante.
Más revelador aún fue cuando en privado se le preguntó por qué Estados Unidos no había suscrito el acuerdo de Kyoto bajo su vicepresidencia. Su respuesta, sin evasivas ni excusas, fue que en Estados Unidos el poder que ejercen las compañías petroleras sobre el estado de opinión es muy grande. Así, con una lacónica frase, todo un ex vicepresidente de la primera potencia mundial nos dio a entender que hay alianzas entre grupos económicos y mediáticos que son más poderosas que el propio poder político de una nación, que existen estrategias deliberadas para ocultar, disfrazar o manipular las verdades incómodas hasta crear una realidad percibida que se aleja de los datos y hechos objetivos.
Pero esto no sólo ocurre en América, aquí, en Gran Canaria, desde hace años estamos asistiendo a una campaña deliberada para ocultar, distorsionar, desprestigiar y anular el nacionalismo canario. Sería interesante conocer qué grupos políticos y económicos, y qué personas, han pactado esta operación de acoso y derribo al nacionalismo y cuáles son los verdaderos intereses que esconden.
Una verdad incómoda -para sus intereses, claro- es que, en la legislatura que finaliza, el Gobierno de Canarias ha mantenido un exquisito equilibrio de inversiones y gasto entre Gran Canaria y Tenerife, y no sólo ha sido ocultada, sino que ha sido deformada hasta hacer creer a la opinión pública lo contrario. De nada sirven los datos objetivos, como las cuentas auditadas de la Comunidad Autónoma que así lo demuestran, porque a lo único que se le da relevancia es que Tenerife tiene tranvía. Y tampoco importa cómo se financió éste, ni que en Gran Canaria tenemos circunvalación y dos grandes hospitales modernos, obras que el Gobierno de Canarias no ha realizado en Tenerife, o la potabilizadora Las Palmas-Telde, o lo que sea. Todo eso da igual, lo único que importa es asentar entre la población la falsa idea de que “todo se lo llevan para Tenerife”.
Otra verdad incómoda es por qué el Parlamento de Canarias tiene su sede en Tenerife. La verdadera razón es que en los años ochenta, cuando gobernaban en Canarias las fuerzas centralistas (PSOE y UCD), fuertemente implantadas en Gran Canaria, se pensó que era mejor ubicar las sedes de los poderes del Estado, Delegación del Gobierno y Tribunales Superiores de Justicia, en Las Palmas y dejar para Tenerife lo que entonces se consideraba un poder autonómico de menor rango como el Parlamento de Canarias. Tras veinticinco años de desarrollo autonómico impulsado por el nacionalismo la tortilla se ha dado la vuelta, y ahora el Parlamento de Canarias es una institución más relevante que la Delegación del Gobierno. Pero no se reconoce el error de apreciación política de las fuerzas centralistas de Gran Canaria. No, es más cómodo echarle la culpa a Coalición Canaria o, mejor, a ATI. ¿A quién, si no?
Como éstas, podemos encontrar un sinnúmero de grandes y pequeñas verdades incómodas que están siendo ocultadas o deformadas y que es preciso rescatar y desvelar, aunque sólo sea por respeto a la sociedad grancanaria, la cual tiene derecho a estar bien informada o, al menos, a conocer las diferentes interpretaciones de los hechos y no sólo una única versión de los mismos.
Hoy sólo me referiré a una verdad incómoda más, la de mayor actualidad, y es que el Grupo Canario en el Congreso de los Diputados ha tenido un papel fundamental a la hora de defender un trato más justo para Canarias en materia presupuestaria y en otros asuntos de importancia capital para el futuro de nuestra tierra y de nuestra gente. Basta tan sólo con echarle un vistazo a los Presupuestos Generales del Estado de los últimos quince años para comprobar que desde que el Grupo Canario tuvo actividad, las partidas del presupuesto dedicadas a Canarias se han ido incrementando desde algo más del 2% hasta alcanzar cerca del 4%, cuando más fuerza hemos tenido en el Congreso en 1999. Canarias representa el 4,5% de la población española y, aproximadamente, el 4% del PIB, por lo que nos debería corresponder una participación proporcional a estas cifras en los presupuestos. Sin embargo, en la primera propuesta de Presupuestos Generales que elaboró el Gobierno del PSOE para 2007 le asignaba a Canarias menos del 3%, y fue sólo tras las negociaciones y enmiendas del Grupo Canario cuando pudimos superar el 3%, quedándonos todavía por debajo de lo que nos corresponde. Ahora me pregunto, ¿cuántos cientos o miles de millones de euros le costará a Canarias la alegre e irresponsable decisión de Román Rodríguez de romper el Grupo Parlamentario Canario, tan aplaudida y defendida por los medios de comunicación oficialistas en Gran Canaria? ¿Qué le ofreció el PSOE a Román Rodríguez a cambio de traicionar a los canarios y, particularmente, a sus votantes de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, con el objeto de acallar una incómoda voz en el Congreso de los Diputados? Las respuestas a estas preguntas y a otras muchas relacionadas con este bochornoso caso constituyen verdades incómodas que jamás veremos reflejadas con imparcialidad en los medios de comunicación confabulados para arrinconar al auténtico nacionalismo canario.
En fin, no quiero extenderme más, pero si hablamos de la búsqueda de la verdad, Coalición Canaria en Gran Canaria también tendrá que afrontar sus propias verdades incómodas, porque no toda la responsabilidad de los malos resultados electorales, aunque sí una parte importante, se debe a la deliberada campaña mediática orquestada en su contra. Coalición Canaria tendrá que reflexionar y tomar medidas para corregir sus propios errores en Gran Canaria, y me consta que así lo está intentando. Particularmente preocupante ha sido la pérdida de contacto con la población tras catorce años en el Gobierno, así como la carencia de una fundamentación ideológica del nacionalismo correctamente expresada y comunicada que muestre su auténtico significado. También es necesario cambiar algunos hábitos en la dinámica interna del partido, de forma que se abandonen los personalismos, que tanto daño han hecho, y se comience a desplegar un auténtico trabajo colectivo, participativo, con debate y transparencia.
Ha llegado el momento de dejar en un segundo plano el ajedrez y el póquer para empezar a practicar un juego de equipo.
¿Estrategias y Propuestas de Viabilidad de Guaguas Municipales?
José Castellano Arencibia
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