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29 de junio de 2007
Por Marta Leonor Vidal García
Hace ya varios años que se venían denunciando desde diversas instancias casos de irregularidades en algunos procesos de adopciones internacionales gestionados en orfanatos privados de Nepal, el segundo país con más adopciones realizada por parte de España en términos absolutos, sólo por detrás de Estados Unidos, y el primero en relación la cantidad de niños adoptados con la población total.
Nepal es un país con un 40% de población sumida en la pobreza, donde muchos padres dejan a sus hijos en orfanatos, para asegurarles comida, cuidados y educación. El elevado número de niños adoptables, unido a unos trámites menos engorrosos que otros destinos y el que fuese uno de los países que aceptaba adoptantes monoparentales, dispararon en los últimos años las adopciones internacionales en este país convirtiendo los orfanatos privados en una boyante "franquicia" (500 sólo en Katmandú). La falta de control gubernamental sobre los procedimientos y los orfanatos e intermediarios privados, generó en algunos casos un lucrativo negocio de "donaciones coercitivas" transformadas en verdaderas “mordidas” para agilizar los trámites a los adoptantes que se veían muchas veces indefensos ante las presiones “caritativas”, exponiéndose a perder al niño asignado. El importe final, entre tasas de servicios, donaciones a orfanatos y sobornos podía llegar a 20.000 dólares, aunque en las adopciones españolas se daban cifras de 11.000.
Además de la falta de transparencia del destino de las donaciones a los orfanatos y sobre todo de qué cantidad de ellas repercutía en las necesidades de los niños en custodia (y no en el patrimonio de los gestores), se denunciaron temas muchísimo mas graves. España es uno de los países que suscribió el Convenio de La Haya de 1993, cuyo objetivo es evitar el tráfico de niños y sujetar la adopción a un control administrativo. Las adopciones en Nepal están reguladas por un código civil de 30 años de antigüedad que considera susceptible de ser adoptado por extranjeros tanto un huérfano como un niño, "cuyos padres o guardián tengan el deseo, por su propia voluntad, de darlos en adopción". El resultado era que en algunos casos los adoptados no eran huérfanos, sino niños cedidos a los orfanatos por sus familias biológicas previo pago o a veces dados en adopción sin el consentimiento de los padres. En el año 2004 cuatro familias españolas adoptantes se enfrentaron al desagradable trago de reclamaciones de los niños nepalíes por sus padres biológicos que denunciaban que sus hijos, acogidos en los orfanatos habían sido dados en adopción sin el consentimiento paterno y con engaños.
Finalmente tras el I Congreso Interestatal sobre la adopción celebrado en abril de este año en Katmandú, el Gobierno nepalí ha paralizado en junio las adopciones a la espera de aprobar una ley que le permita ratificar la Convención de La Haya sobre Adopción Infantil, que garantiza una mayor transparencia en el proceso y garantía de las adopciones.
De momento las adopciones se han paralizado temporalmente a la espera de la nueva legislación, una situación bastante angustiosa para los adoptantes (tengo amigos afectados) por la incertidumbre sobre el nuevo marco normativo, pero que debe redundar en unas mayores garantías y transparencia del proceso en defensa del interés del menor.
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