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25 de junio de 2007
Por Juan Francisco Santana Dominguez
UNA DE ÁNGELES:
Nos levantamos, como todos los días lo hacemos, y comenzamos una gran batalla contra el tiempo; nos afeitamos, cepillamos los dientes, nos duchamos, nos vestimos, nos miramos al espejo para ver si estamos como realmente queremos, aunque alguno no lo reconoce y otros, sencillamente, no le dan importancia a este hecho, en fin, cada uno hace o se aventura en un ritual que forma parte de su tiempo, de su filosofía de vida...¡ah! se me olvidaba, también nos ponemos una colonia o perfume, además del desodorante, es mucho lo que se hace en un corto, para otros un largo, espacio de tiempo. Algunos desayunan antes de salir de casa, otros prefieren hacerlo una vez llegan al trabajo, compartiendo un café con los compañeros y compañeras, que hace, entre otras cosas, que cada día nos queramos más y que sepamos un poco más del otro.
El resto es la dedicación a tu trabajo, que por cierto si es algo que realmente te gusta es el mayor regalo que se puede recibir, y además te pagan por ello, todo un lujazo que te permite estar despejado, aunque a veces, lógicamente, cansado, pensar en las vacaciones, estar alegre y abierto a los demás, ser positivo y un sin fin de cosas que, en resumen, te alegran el día, aunque previamente hayas tenido que soportar el problema del tráfico, las dificultades para encontrar un aparcamiento, el impertinente de turno, las malas noticias que puedes, y no deseas, escuchar en la radio, eso sí, cuando me acuerdo de encenderlo. En fin, estamos acelerados desde que nos incorporamos del reconfortante regalo del sueño.
Uno que después de mucho estudiar, y vivir, ha dejado de creer en tantas y tantas cosas, entre ellas aquella que nos decía abuelita de los ángeles de la guarda, ¡y a mí tanto me gustaba!, pero el paso de los años ha hecho que a pesar de mi no creencia religiosa activa, crea fehacientemente en algunos entes que están continuamente con nosotros protegiéndonos, haciendo que cuando estamos a punto de cometer cualquier locura tiran de nosotros y nos reconducen el camino, los que impiden que cuando vamos en nuestros vehículos y estamos pensando en otras cosas, no enterándonos ni por donde hemos pasado o si hemos parado o no en aquel dichoso semáforo...¡realmente milagroso!. Y me pregunto ¿quiénes son esos ángeles que nos acurrucan en sus regazos?
La respuesta no la tengo muy clara y, a veces, piensas si será mamá o tal vez papá, mis queridas abuelitas y abuelitos o se tratará de aquellas personas que se han ido y tanto nos querían, porque ¿dónde se queda esa fuerza del amor y del cariño?. Pienso que no se pueden ir, se quedan, de forma indudable, entre nosotros y están ahí riéndose de nuestras travesuras, de nuestras ocurrencias, también sufriendo con nuestros problemas... pero además están esos otros ángeles y ángelas que son nuestros amigos y amigas de cada día, los que nos miman, los que nos hacen el café y nos lo traen con tanto cariño, los que nos mandan correos, los que se ríen con nuestras cosas, con nuestras tonterías, que a pesar de banales tienen la carga afectiva que supone el intentar sacar una sonrisa a los que nos rodean y queremos profundamente, los que nos ponen la mano por arriba cuando lo necesitamos, los que se sientan a nuestro lado en silencio, a veces, y otras comparten risas, conversación e incluso nos brindan la posibilidad de acompañarles en sus problemas y sueños. Estoy convencido que también esos seres entrañables que comparten nuestras vidas, esos que han aparecido no sabemos por qué, esos en realidad también son nuestros ángeles y ángelas.
Para ellos y ellas, esos héroes anónimos que vencen cualquier dificultad, esos que se enfrentan a cualquiera con tal de apoyarte y hacerte un poco más feliz cada día, esos que vuelan en tu imaginación, y también en la realidad, esos que se enfrentan a selenitas, a dragones alados, incluso a Hannibal por ayudarte, por sacarte una sonrisa, por verte vivo, ¡creo y me reafirmo que esos, y también aquellos otros y otras, en realidad son mis verdaderos ángeles de la guarda!.
Juan Francisco Santana Domínguez
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