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24 de mayo de 2007
Por Ana Criado
Según la revista ‘Neuroimage’ (no es que una lea prensa especializada —en realidad una no pasa del ‘Cosmopolitan’— pero es que a una le envían cosas de estas para alimentar la propensión que una tiene a escribir tonterías), un doctor británico ha descubierto la excusa del siglo: asegura que la voz de la mujer agota el cerebro del hombre. Según el doctor Hunter, “las mujeres tienen una voz melódica con una mayor complejidad de sonidos que la masculina”. Y eso, al parecer, cansa. El profesor Hunter utilizó una tecnología especial para detectar la reacción del cerebro ante diversos impulsos vocales y demostró que el espectro armónico de la voz femenina es diferente del de la voz masculina. Tan diferente, que es procesada por un área del cerebro distinta. Para el cerebro del hombre, la voz de una mujer es tan compleja como la música, por lo que sólo puede desentrañarla recurriendo a las áreas que interpretan los sonidos musicales. Y, como la capacidad de concentración y atención de esas áreas es más reducida que las del lenguaje, el cerebro "se aburre" y deja de prestar atención. Al parecer, esa diferencia de recepción es la que explica las dificultades de los hombres para mantener una larga conversación con una mujer: al poco rato de intentar interpretar el sentido de aquella cantinela, el desfallecido varón se distrae y acaba por tirar la toalla (“Sí, querida... Ssííí, queriiida… Ssíí… Ssssíííí… Hhmmhhmm… Zzzzzzzzz…”).
Esto, que parecería un impedimento mayor en el buen entendimiento entre los géneros, puede quedar resuelto si se demuestra que el oído derecho no oye igual que el izquierdo. Según otros investigadores (norteamericanos estos), el oído izquierdo es mejor que el derecho a la hora de captar los sonidos del habla, mientras que el derecho es más sensible a los sonidos de la música y las canciones. Ya se sabía desde hacía tiempo que el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo registran los sonidos de forma distinta. Sin embargo, los resultados de este nuevo estudio indican que los oídos juegan
un papel mucho más importante de lo que se creía.
Combinando ambas evidencias, en función de los objetivos marcados en cada momento, y a poco que una chica sea mínimamente cuca, conseguir cualquier cosa de un hombre renuente es coser y cantar. Que hay que decirle al susodicho que hemos rozado la berlina nueva con la columna del garaje, o que se nos han vuelto a colar en la lavadora unos calcetines rojos junto con sus camisas blancas, o que la factura del teléfono ejem ejem…: se coloca una frente al oído izquierdo y larga una chispeante retahíla, hasta conseguir la desconexión cerebral del principal interesado. Que en cambio hay que hablar de asuntos serios (pasar la aspiradora, bajar la tapa del inodoro, los preliminares, el punto G…): se pone una a la diestra de dios padre y canta sus reivindicaciones a ritmo de bolero.
Así es que recuerden, queridas: cuando se vean obligadas, por ejemplo, a convencer a un eventual elector, canten a su oído derecho y háblenle al izquierdo.
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