Ayer terminé el post argumentando que una vez que tengamos el modelo adecuado para saber cómo valorar las redes 2.0 y sus nodos, atendiendo a la aportación de éstos al objetivo de la red, es cuando de verdad podríamos hacer estudios y valoraciones que tuviesen una repercusión en el sector social o económico que se trate.
Uno de los estudios que se me antojan más interesante es cómo se distribuyen los nodos atendiendo a su aportación. Los nodos que aportan conocimiento y productividad en la red son aquellos que participan, de una manera u otra, y se muestran activos atendiendo a una serie de indicadores que cada red optará por seleccionar.
A falta de casos concretos, es interesante empezar a analizar los datos que existen de la participación en Internet. Julen ha escrito ya varias veces sobre ello.
Parece ser que la participación online seguirá distribuyéndose en base a la ley de potencias, al igual que ocurre en la mayoría de los entornos offline (ejemplos son las aplicaciones de la Ley de Zipf, el Principio de Pareto,…). Esto quiere decir, que seguirá concentrándose la participación en unos pocos, manteniéndose una multitud silenciosa e inactiva.

Pero en un sistema organizdo en red y, sobre todo, autoorganizado mediante la particiapción de sus miembros, ¿cómo influye esta distribución en su desarrollo?
A mi entender, lo importante es poner los mecanismos adecuados para que la inercia del sistema no sea la que incida en la concentración y atenuar ésta lo máximo posible. No creo que haya que incentivar por sí mismo la participación de las minorías si éstas no lo desean (a nivel de personas) o no tienen capacidad competitiva para ello (a nivel de empresas). Lo importante es eliminar las imperfecciones del mercado que se originan en un sistema de red y que se asocia la conexión preferencial de los nodos que van siendo más grandes (propias de las redes libres de escala, en contraposición de las redes distribuídas). Es decir, hay barreras de entrada para usuarios (personas y empresas) a medida que la red crece. Y es ahí donde hay que poner mecanismos que impidan la concentración por el mero hecho del crecimiento de la red.
Ahora bien, independientemente de la distribución que se tenga en la participación, lo que si es necesario para que el sistema 2.0 que se autoorganiza en red online tenga incidencia en la realidad offline, es que los usuarios que aporten la mayoría de la participación se distribuyan como una normal en referencia a la verdadera población. Es decir, que aunque sean pocos los que sean activos y desarrollen la red, éstos sean una imagen representativa lo más fiel posible al resto de usarios. Obviamente aquí entran en juego dos temas que habría que analizar por separado si queremos que las redes 2.0 sean verdaderamente transformadoras del entorno social y económico: la brecha digital y la neutralidad de la red.
Pero, ¿cómo influye la distribución de la participación de los nodos en un ecosistema como turismo 2.0?
Si tenemos en cuenta que el sistema en red premia y redistribuye los ingresos atendiendo a su aportación de conocimiento en la productividad de las empresas, tenemos que logra una mejora del reparto de rentas turísticas en más manos atendiendo a su verdadera aportación a la productividad y no a presiones del mercado. Es decir, se logran eliminar muchas de las imperfecciones típicas del mercado tal y como lo conocemos hasta ahora y mejora la sostenibilidad económica de las regiones. A nivel empresarial, el estudio y segmentación de las tipologías de los participantes, llevarán a las empresas y a los destinos turísticos a realizar acciones de marketing mejores definidas, más personalizadas y más eficientes.
(publicado en www.eduwilliam.com)

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