Quizás es la ley de Metcalfe la más conocida sobre el estudio de redes y la que en muchos casos y foros se le hace mención cuando se quiere explicar el fenómeno 2.0. Viene a decir:
“El poder de una red se incrementa exponencialmente por el número de computadoras conectadas a ella. Por ende, cada computadora que se anexa a la red añade sus recursos y hace uso de los ya disponibles en un espiral que aumenta el valor y las opciones”.
Briscoe, Odlyzco y Tilly publicaron un artículo en 2006 en el que quitaban toda validez a la Ley de Metcalfe para su uso en la Web 2.0 y, a su vez, proponían otra ecuación que se pudiese utilizar para el cálculo del valor de las redes sociales de Internet según su crecimiento:
“el valor de una red con n nodos no es el cuadrado de n, sino n veces el logaritmo de n.”
Se basan en la afirmación de que no todos los nodos y conexiones se comportan de igual manera, y se apoyaron en la Ley de Zipf (una ley de potencias) para su postulado.
Ante esto, me gustaría matizar dos cosas:
*La ley de Metcalfe (1980) fue formulada principalmente como una forma de establecer la existencia de un punto de equilibrio entre los costos y el valor (umbral de masa crítica), donde antes de este punto, no se obtienen ganancias netas. La idea es sobrepasar ese punto, establecer la masa crítica. Es importante recordar que la teoría que formulaba Metcalfe se correspondía con dispositivos compatibles para comunicarse, no usuarios. Fue Gilder (1993), quién a su vez le dio el título de Ley de Metcalfe al enunciado de éste en 1980, el que introdujo el término usuario. Si bien también Gilder en el mismo artículo hacía referencias sólo a máquinas. En ese sentido, no se puede decir que la Ley de Metcalfe sea errónea en ningún momento, pues se está usando para algo y sobre un modelo para el que no fue concebido. Siempre que se ha usado para redes de telecomunicaciones, el enunciado de Metcalfe no ha fallado.

*Si bien no hay una demostración clara de que la propuesta de la función logarítmica de Briscoe, Odlyzco y Tilly corresponda con la realidad, sus conclusiones argumentales si se adaptan de mejor manera a la realidad de la Web 2.0, aunque luego mantienen un estándar de comportamiento igual para todos los miembros que a mi modo de ver no debe ser el reflejo correcto de todas las situaciones.
Así, ¿de qué manera podemos calcular el valor de las redes sociales 2.0 y de sus nodos? ¿Son el número de nodos lo más importante? ¿Son las propias conexiones o enlaces lo más importante? ¿O es necesario fijarnos en otras características diferentes a cada red atendiendo a su finalidad?
En redes sociales 2.0, donde no existen barreras de entrada ni de salida para formar parte de ellas, el siemple hecho de valorar una red por el número de nodos (usuarios) que se tenga me parece casi desacabellado. Cualquier usuario puede registrarse en tantas redes como desee, sin que ello implique más que un simple, y muy simple, dato estadístico para los gestores. No implica que sea un usuario activo ni participativo ni que aporte valor. No se le debería de dar una importancia más de la que tiene y menos hacer ningún cálculo en base únicamente a ese número.
Hacer el cálculo y estudio de las redes en base a la estrcutura y número de conexiones sí empieza a tener un significado mayor. Es importante empezar a tener en cuenta para sucesivos estudios, cómo está organizada la red según sus conexiones. No obstante, esas conexiones no deben de ser la finalidad, sino tan sólo el medio de conseguir el objetivo. (a menos que el objetivo de la red sea ese).
Una vez más tenemos que las redes sociales dentro de lo 2.0 se deben de concebir con una finalidad y objetivo, para que ello realmente sea trascendental a nivel económico y social. Por esto, es necesario valorar los nodos y las redes atendiendo a la aportación de éstos a la consecución del objetivo. Es en ese momento cuando podemos empezar a valorar lo trascendente de esa red y si realmente se comporta como un transformador de la realidad, tanto online como offline.
Llevando este concepto a nuestro modelo de turismo 2.0, donde el saber de todos es el que va a organizar y mejorar la estructura productiva del sector, es necesario poner indicadores que puedan medir cómo repercute la aportación de conocimiento de cada nodo en la productividad de las empresas y, por consiguiente, del ecosistema. Con esos datos, podremos comenzar a hacer estudios y valoraciones de la verdadera repercución de la red en el sector y de la distribución de la participación.
(publicado en www.eduwilliam.com)

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