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07 de abril de 2007
Por Sergio Hernández Hibrahím
La prueba de que, después de todo, uno no está tan viejo, es que todavía conservo una cierta capacidad de asombro.
Y es que la política se ha convertido en un triste remedo de lo que alguna vez apuntó: una controversia entre distintas concepciones del mundo, una lucha en la que primaban alternativas dirigidas a los colectivos sociales. Ahora la cosa electoral es un calco literal del típico estilo del mercado capitalista: los políticos son los que ofertan la mercancía, el precio es el voto, y el cuerpo electoral un informe dechado de individuos aislados, dicho en plan elegante, unos consumidores.
Pues el último grito de la estrategia electoral consiste ahora en pedir, solicitar, seducir, a cada votante, para que envíe sus sugerencias políticas a la página web de tal o cual partido, en la ilusión de que, al menos, serán escuchados en esta fase. A este invento ya se han apuntado el PSOE y Bernarda Barrios en Las Palmas, y seguramente les seguirán otros. Como yo soy un viejo roquero, este hallazgo me produce inevitables arcadas. ¿Hasta cuándo seguirán abusando de nuestra paciencia?
Vergüenza de políticos y vergüenza de sistema. Este populismo barato, basado en la pretendida conversión del cuerpo electoral en un conjunto de consumidores cretinos, a los que se les lava el cerebro con el mensaje subliminal de que deben abstenerse de luchar por sus derechos, de participar personalmente en todas partes, llámense sindicatos, asociaciones e instituciones políticas, es la culminación de un cerrojazo a la participación directa de los ciudadanos, pobres ignorantes que deben abdicar en los profesionales del asunto, en los que saben.
Esta maniobra torticera apesta a rebajas de grandes almacenes. Como dijo el novelista Paco Umbral respecto al programa del CDS en sus primeras elecciones estatales, estamos ante un conjunto de páginas amarillas. Bueno, pues hoy esa estrategia se generaliza a ojos vistas.
Las ofertas de los partidos políticos adolecen de un tufo amarillista que tira para atrás: mi partido te ofrece esto, lo otro y lo de más allá, y si el rival te ofrece 500, yo 1000; ¿y qué contrato basura es el tuyo?; ¿Quieres un tren? Pues yo pondré uno, y voy a rebajar a la mitad los pasajes entre islas, y verás como erradicaré a fondo las listas de esperas, y veras….y verás…..y si no me crees, todo esto lo voy a firmar ante notario. Sí, esto que digo no es broma, creo que ya lo hizo Bernarda Barrios en las pasadas elecciones.
¡Que firmen lo que quieran ante notario! Engañarán a unos pocos incautos, porque el principio de representación excluye frontalmente el mandato imperativo. Ningún político está obligado por ley a cumplir sus promesas electorales. Claro que siempre podrán después alegar sus piadosas disculpas: “lo intenté, pero no tenía la mayoría suficiente… tenía voluntad, pero no fue posible……. los condicionamientos presupuestarios…esto….lo otro…..lo de más allá……”.
El sistema, por lo visto, ha optado por poner la estrategia política en manos de agencias publicitarias. Las ofertas electorales consisten en un conjunto de guiones con puntos dispares y desarticulados, en los que es imposible sopesar un conjunto que configure un modelo, una opción seria, una alternativa, pero ¿Qué digo? Hablar de alternativa es feo, es políticamente incorrecto, es hablar de revolución. En las pasadas elecciones la práctica mayoría de los/las candidatos/as afirmaron rotundamente que ha llegado la hora de la gente. Que si la gente para arriba, que si la gente para abajo. Ahora, para culminar la broma, hablan de amor. Sí, como lo oyen, de amor. Ahí tienen las enormes vallas del señor Saavedra: “Por amor a la ciudad”. Olarte no se queda atrás, porque también se presenta por la misma causa, el amor a Las Palmas ¡Qué lindo! ¿No es cierto? Bueno, alguna gente siempre puede coger las papeletas electorales, barajarlas y echarlas a suerte. ¿Qué más da unos que otros? ¡Todos son tan amorosos!
Otra palabreja típica de este despreciable carnaval es el cambio. Vota por el cambio, apúntate al cambio. Y digo yo ¿de qué cambio habla esta gente? ¡Bah! No lo tomen en serio. Esa consigna boba no tiene contenido alguno, es sólo un quítate tú para ponerme yo.
Que sí, que sí, que no va en serio. Esa consigna es similar a la que lanzó Vodafone en sus tiempos: apúntate a Vodafone, tu libertad. Confieso que estuve un tiempo mosqueado con este lema. Después, ingenuo de mí, caí en la cuenta de que esa propaganda se refería a MoviStar y su monopolio inicial en el área de los móviles. ¡Libertad! ¡Cuántas idioteces se dicen en tu nombre!
La gente, el cambio, el amor, la página web, la notaría, el amor…….. Pues estamos fritos con todas estas estupideces. Mejor sería guardar el voto y botarlos a todos, agarrar el toro por los cuernos, organizarnos, participar en los asuntos sociales y políticos, pensar en colectivo, unirnos, segregar organizaciones que, de verdad, sean expresión del latido, de las inquietudes sociales, de los problemas de los trabajadores y trabajadoras, de los derechos de nuestro país que, por si alguien lo ha olvidado, se llama Canarias. Si nuestra sociedad no segrega nuevas fuerzas vivas, esto no lo cambia ni Dios.
Lo dicho, un carnaval vergonzoso.
Si el turismo se deslocaliza…¿morimos, “quemamos” otro territorio o nos transformamos?
Edu William
¿Estrategias y Propuestas de Viabilidad de Guaguas Municipales?
José Castellano Arencibia
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