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24 de marzo de 2007
Por Sergio Hernández Hibrahím
Decididamente, me confieso marxista por partida doble.
Sin alharacas, sin aspavientos, me declaro entusiasta del insigne teórico don Groucho Marx, fuente constante de inspiración en todos los avatares de la vida. Sus epigramas y consejos han logrado traspasar la evanescencia del tiempo hasta alcanzar la inmortalidad, aunque a él le importara un bledo:
“¿Por qué debería preocuparme por la posteridad?¿Qué ha hecho la posteridad por mí?
De todas formas, gracias Mr. Marx.
Todo es relativo. En realidad, no sabemos en qué profundidad de nuestro ser se asientan nuestras opciones vitales, porque, como dijo el maestro:
“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”
Hay cosas que parecen obvias, pero Mr Marx nos enseñó a ser muy, muy, rigurosos:
“Debo confesar que nací a una edad muy temprana”.
¿Y el amor? ¿Qué me dicen del amor? A lo mejor, todos los problemas del mundo están en eso, en la falta de eso:
“Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado”.
Pero bueno, seamos serios. Una fórmula ideal de afrontar la satisfacción amorosa es casándonos, cuestión que, aunque no lo parezca, es harto compleja. Sobre este tema difícil tuvo varias ocasiones de pronunciarse:
“En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa”.
“Me casé por el juzgado. Debería haber pedido un jurado”.
“El matrimonio es la principal causa del divorcio”.
"No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio."
“¿Por qué y cómo ha llegado usted a tener veinte hijos en su matrimonio? - Amo a mi marido. - A mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca”.
“El verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida... y luego ya no hay quien se lo quite de encima”.
“Oh! Nunca podré olvidar el día que me casé con aquella mujer... Me tiraron píldoras vitamínicas en vez de arroz”.
“¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta”.
“¿Me lavaría un par de calcetines? (...) Es mi forma de decirle que la amo, nada más”.
“M. Dumont: Dime Wolfie, cariño, ¿tendremos una casa maravillosa? Groucho: Por supuesto, ¿no estarás pensando en mudarte, verdad? M. Dumont: No, pero temo que cuando llevemos un tiempo casados, una hermosa joven aparezca en tu vida y te olvides de mí. Groucho: No seas tonta, te escribiré dos veces por semana”.
“Cásate conmigo y nunca más miraré a otro caballo”. (Un Día en las Carreras)”.
Pero el amor está intrínsecamente unido a la pasión. Es un juego arriesgado, en el que ponemos una sinceridad a toda prueba. Nos arrebatamos In situ, en el momento, claro:
“Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida... lo cual no dice mucho en mi favor”.
“Estaba con esa mujer porque me recuerda a ti ... sus ojos, su cara, su risa...De hecho, me recuerda a ti más que tú”.
“Señorita... envíe un ramo de rosas rojas y escriba "Te quiero" al dorso de la cuenta”.
“No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual”.
“Está loca por mí. ¡Qué mujer no lo está! Yo sé que va usted a preguntarme cuál es mi secreto... ¡Voto al diablo que sois osado! El secreto es no darles a entender que se las quiere. No ir nunca tras ellas. Que ellas vayan detrás de ti. Hay que avivar el cariño del amor con el abanico de la indiferencia...”.
Una persona tan vital tenía necesariamente que preocuparse por las cuestiones políticas, sobre las que hizo muy interesantes reflexiones, directas o indirectas:
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después un remedio equivocado”.
“No permitiré injusticias ni juego sucio, pero, si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!”
“La inteligencia militar es una contradicción en los términos”.
“Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde "sí ", entonces sabes que está corrupto”.
“La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”.
Incluso derivó a hacia cuestiones que podemos aplicar hoy sin obstáculos a las tragedias que padece el mundo, al tener al frente del imperio al ínclito Mr. Bush:
"Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”.
La profunda filosofía de Groucho ha sido injustamente postergada en nuestra vida diaria. ¡Ah, la Felicidad! ¿De qué está empedrada? reflexionemos sobre esto:
“Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”.“¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!”.
Pero la sinceridad, el reconocimiento de nosotros mismos y de los demás, es capital en la vida cotidiana:
“Nunca entraría en un club que admitiera como socio a un tipo como yo”.
“Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien”.
“Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción”.
“Bebo para hacer interesantes a las demás personas”.
“Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, lo que probablemente es más de lo que ella hizo nunca por sí misma”.
“¿A quién va usted a creer, a mí o a sus ojos?”.
Y el problema de la residencia. Sí, como lo leen:
“Oiga mozo, ¿y no sería más fácil que en lugar de intentar meter mi baúl en el camarote, metiera mi camarote dentro del baúl?”.
“¿Servicio de habitaciones? Mándeme una habitación más grande”.
Y para adverar que para el maestro nada humano le fue ajeno, comprueben esto, en el ámbito de la cultura:
“Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”.
Dejo para el final dos cuestiones que me atañen muy de cerca, hasta el punto de que, estoy seguro, el maestro pensaba en mí cuando las pronunció:
“¡Hasta un niño de cinco años sería capaz de entender esto!....Rápido, busque a un niño de cinco años”.
“Partiendo de la nada alcancé la mas altas cimas de la miseria”:
Y, por tanto:
“¿Pagar la cuenta?....¡Qué costumbre tan absurda!”.
“Hasta luego cariño... ¡Caramba!, la cuenta de la cena es carísima... ¡Es un escándalo!... ¡Yo que tú no la pagaría!”.
Debería avergonzarme por este uso descarado, por este fusilamiento, del ingenio del maestro, pero no puedo resistirme. Además, estoy también seguro de que, aún hoy, sigue carcajeándose tan fresco de todos nosotros, sana costumbre que deberíamos imitar sin ambages.
Si el turismo se deslocaliza…¿morimos, “quemamos” otro territorio o nos transformamos?
Edu William
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