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05 de marzo de 2007
Por Augusto Hidalgo
El Ejecutivo central ha decidido retirar la proposición de Ley sobre el alcohol que tenía previsto pasar al trámite parlamentario. Una ley que pretendía proteger a los menores de 18 años del consumo del alcohol. Se ha retirado por no caer en una absurda contradicción, en la que la ley asumiera que el vino, la cerveza y la sidra no son bebidas alcohólicas. Si, han leído bien, según los productores de estas tres bebidas, resulta que éstas no son drogas. Vamos, que uno no se puede emborrachar consumiéndolas. Que, al final, ese ligero estado de bienestar tras una buena cena, regada por un Rivera del Duero o un Rioja o, puestos a ser autóctonos, un Tacoronte Acentejo o un Monte Lentiscal, pues que no era producto del alcohol contenido en el sabroso caldo no, parece ser que era consecuencia de un extraño ejercicio de sugestión culinaria que me hacía caminar por los senderos del desvarío.
Pues que quieren que les diga, que no me lo creo. Será porque está constatado que el alcohol es una droga muy peligrosa, y será porque estas tres bebida, junto a muchísimas otras, tiene en diferentes porcentajes contenidos de alcohol (incluidos algunos 0%). Lo que pasa es que esta droga es nuestra droga. Nuestra droga cultural. Un productor de vino llegó a decir que el vino es distinto a otras bebidas porque tiene más de 3.000 años de existencia. Ya, y la coca en América o el opio en Asia.
Pero la cuestión es, por qué el Gobierno da marcha atrás con una ley que era, con mucho, una ley más suave que la reciente del tabaco. Una ley que lo único que prodigaba es la lucha por la vía de la formación, la participación y la información en la erradicación del alcoholismo infantil y juvenil. Pues porque una de las medidas consideradas en el anteproyecto iba directamente contra la publicidad de estos productos. Y es esta publicidad el mejor arma de los productores de bebidas alcohólicas para garantizarse a los consumidores del mañana, es decir, a los jóvenes (los clientes).
Porque digámoslo claro, estamos ante una batalla en la que la industria de nuestra droga patria y legal, el alcohol, intenta no perder adeptos del mañana, aunque eso sea a costa de la salud de una generación. Igual que los empresarios del tabaco en Estado Unidos siguen diciendo que éste no produce cáncer, los del alcohol españoles dicen que el vino no es una droga. Y esto les funciona. Según la encuesta escolar 2.004, el 81% de los estudiantes de 14 a 18 años había bebido alcohol en el último año y el 65,6%, en el último mes. Además, uno de cada tres escolares de 14 a 18 años, unos 790.000, se había emborrachado al menos una vez en los últimos 30 días, lo que supone un patrón de consumo regular. Asimismo, el porcentaje de consumo de alcohol se ha incrementado en casi 10 puntos en los últimos años (del 55% en 2002 al 64% en 2004) y la edad de comienzo es cada vez más temprana, situándose ya en 13,7 años.
Por tanto, la cuestión es: se toman medidas para el trabajo al medio y largo plazo, evitando un problema de salud gravísimo futuro, o miramos a otro lado e ignoramos el problema. No se trata de una ley seca, ni de prohibir nada (yo mismo estaría en contra), se trata de decir la verdad. El vino, la cerveza, la sidra o el ron, son bebidas fantásticas, consumidas con moderación, pero el alcohol produce daños físicos y psíquicos gravísimos, que pueden conducir a la muerte. Por eso se pide responsabilidad en el consumo. Por eso hay que proteger a quien no puede asumir esa responsabilidad, a los menores. Eso hacía la propuesta de ley.
Sin embargo, esta no ha sido la causa mayor de la retirada del proyecto de ley. La causa mayor ha sido el espectáculo mediático del Partido Popular que, puestos a atacara al gobierno donde sea y por lo que sea, se puso a dar mítines en los que concluía Rajoy sus intervenciones brindando con vino. Lo ha sido la presión de las organizaciones agrarias, incluida lamentablemente la COAG. Lo ha sido el mirar a otro lado del resto de las organizaciones sociales y sindicales (exceptuando a algunas organizaciones de consumidores y médicos). Hasta los padres y madres han tardado en reaccionar hasta que no se ha retirado el anteproyecto. En definitiva, se ha retirado porque se ha dejado solo al gobierno en una batalla pervertida por la demagogia e insertada en el calendario electoral para dañar de forma vil al gobierno central. Se han antepuesto intereses económicos y un puñado de votos a la salud de los jóvenes de este país.
Cuando terminen las elecciones habrá que reactivar esta ley, y habrá que recordarle a Rajoy que, mientras él hacía apología del consumo entre menores en sus actos públicos, provocando la náusea en miles de alcohólicos reinsertados de este país, en Comunidades Autónomas como la Valenciana, su partido aprobó leyes iguales o más “duras” o, en sus términos, “prohibitivas”, que la que se pretendía aplicar en el conjunto del Estado. El todo vale tiene un límite, lo han rebasado en otros asuntos, como no, lo tenían que rebasar en este.
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