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26 de febrero de 2007
Por Ana Criado
Ha vuelto a suceder: los Dolce & Gabbana han perpetrado otro anuncio deliberadamente provocador, y a renglón seguido un coro nutrido de bienpensantes (el Instituto de la Mujer, la Federación de Consumidores en Acción, el partido Los Verdes, el Institut Català de les Dones, el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género) ha puesto su descontentadizo grito en el cielo de siempre. En el anuncio, de estética post-adolescente (aceitados torsos lampiños y jeans desplomados sobre el hueso ilíaco, ellos; ella, tacones tipo Manolos y cuerpazo talla 36), un efebo veinteañero largo (o treintañero, vaya, porque en esa postura la baña se le descuelga un poco) sujeta por las muñecas a una hermosa joven tendida en el suelo, mientras otros cuatro chavalotes contemplan la escena. Los bienpensantes han hecho de inmediato la previsible lectura: denigración de la figura femenina, violencia sexista, utilización de la fuerza como medio para imponerse sobre las mujeres, violación colectiva, trivialización de un delito, atentado contra la dignidad de las personas, y demás estribillos adecuados a la circunstancia. "La imagen es absolutamente vejatoria", ha entonado el coro, “con esa protagonista en una posición sumisa, ese hombre forzándola y el resto de varones siendo cómplices del acto”…
Dicho así, es razonable que hayan denunciado la campaña publicitaria. El pecado, sin embargo, suele estar en el ojo del que mira: en el anuncio gabbanero, la sangre no acaba de llegar al río. Es cierto que hay un dúo protagonista, ella tumbada de cúbito supino y él, de cúbito prono, agarrándola a ella por una (solo una) de las muñecas (el otro par de brazos no sale en la foto). Pero, si se examina el anuncio con el corazón limpio de polvo y paja, no tarda uno en darse cuenta de que la puesta en escena resulta tan artificial y los protagonistas tan relamidos, que el suceso no produce ninguna impresión de violencia: si se trata de una violación, es incruenta; y si no, es que a ella le va la marcha y se deja. En cuanto a los restantes cachas, desparramados por allí en plan ‘voyeur’, andan tan desganados y tan hieráticos que, más que animales de sangre caliente, semejan clones o replicantes. En definitiva: que la cosa no da morbo. Y si da, tal vez convenga acudir a terapia, porque a lo peor está uno haciendo proyección de sus deseos más nefandos.
En cuanto al habitual argumento de que ese tipo de publicidad refuerza las actitudes sexistas, predispone a la violencia de género y echa por tierra el esfuerzo realizado para conseguir la igualdad, está por ver que así sea: en muchos países islámicos, este tipo de propaganda explícita y sexista está prohibida, y de momento, que se sepa, eso no ha favorecido la revalorización de la mujer, ni su integración social, ni la recuperación de sus derechos.
Además, puestos a denunciar campañas promocionales, ahí tienen ese elaboradísimo (en el plano literario, se entiende) anuncio de Hiperdino (“¡Ño! ¡Qué precios!”) que nos embiste desde todas las vallas publicitarias. A ver si se le mueve el alma a la Academia Canaria de la Lengua, porque el anuncio en cuestión es un insulto a cualquier tipo de inteligencia, o por lo menos a la inteligencia humana (a la animal, no se sabe).
la obsesion por lo correcto
martavidal: La preocupación por "lo correcto" a veces traspasa la barrera del sentido común.
Recuerdo la polémica absurda que se lió con la novela de García Márquez “Memoria de mis putas tristes” con acusaciones de hacer apología de la explotación sexual infantil por parte de Lucia Etxebarria en un artículo que circuló mucho por la red y que a mi me parecio un cúmulo de despropósitos, por no decir sandeces. ¿Propondría también el secuestro de todas las ediciones de “Lolita” de Nabokov? En el arte y la literatura a veces se trata lo sórdido.
Ya puestos a ser "correctos" con ese argumento habria que prohibir la representación de “I Plagiacci” de Leoncavallo y “Carmen” de Bizet por incitar a la violencia sexista. Igual se le ha ocurrido ya a alguna lumbrera..
Si el turismo se deslocaliza…¿morimos, “quemamos” otro territorio o nos transformamos?
Edu William
¿Estrategias y Propuestas de Viabilidad de Guaguas Municipales?
José Castellano Arencibia
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