Apenas ha trascurrido un año de las muertes de 14 inmigrantes al intentar cruzar las vallas de Ceuta y Melilla, en un intento desesperado por salir de la miseria ( de los 31 países considerados por el Informe de Desarrollo de las Naciones Unidas 2006 como los de más bajo índices de desarrollo del mundo 29 son del África Subsahariana), y de las masivas detenciones y abandono en el desierto de personas migrantes por parte de los aparatos de estado del Gobierno Marroquí; cuándo, a día de hoy, no nos consta el número de muertos o desaparecidos que estas acciones represivas pudieron ocasionar; la historia se repite.
El pasado 23 de diciembre la policía marroquí comenzó a realizar redadas (detenciones masivas e indiscriminadas) de inmigrantes subsaharianos en los barrios populares de Rabat; en días sucesivos, hasta el 31 de diciembre, las mismas continuaron en Nador y Lâayoune. En total se cree que aproximadamente cuatrocientas personas, entre ellas mujeres embarazadas y niños, han sido detenidas y, como no, trasladadas a la frontera argelina de Oujda (oficialmente cerrada desde 1994); nada se sabe acerca de la posibilidad de utilización también del paso fronterizo de Figuig.
Quince días después de comenzar las detenciones aproximadamente doscientas de estas personas han conseguido volver a la ciudad de Oujda, del resto se desconoce la suerte que han podido correr. Por los testimonios de los retornados y retornadas se sabe que, además de detenidos y detenidas indiscriminadamente en función del color de la piel, fueron despojados de sus pertenencias (teléfonos móviles, y dinero) y muchos sufrieron la destrucción de su documentación. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado entre los expulsados habría, al menos, 79 solicitantes de asilo y refugio, procedentes de Costa de Marfil y la República Democrática del Congo, algunos de ellos reconocidos y documentados, provisionalmente, por el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Por su parte ATTAC Marruecos ha denunciado que los y las deportadas han sufrido todo tipo de vejaciones y malos tratos por los militares de los ejércitos marroquíes y argelinos; éstos últimos han sido acusados de malos tratos y violación de mujeres nigerianas y congoleñas, entre ellas una menor.
El día 24 de diciembre, el Gobernador de la Provincia de Rabat, compareció ante los medios de comunicación informando que las acciones que se estaban llevando a cabo se encuentran enmarcadas en los “compromisos contraídos por Marruecos” durante la Conferencia Gubernamental Euro-Africana que se celebró en Rabat en julio pasado.
Marruecos no tiene hoy, ni ha tenido nunca, un estado democrático. La gran pregunta es si los países que conforman la Unión Europea, cómplices e instigadores de lo que está sucediendo, son países democráticos.
Aún podemos recordar como en la mencionada Conferencia el señor Nicolas Sarkozy, Ministro de Interior francés, afirmaba que la inmigración clandestina es «intolerable» para Europa porque «atenta contra el orden público de los países europeos y la estabilidad de sus pactos sociales», o que,
«la inmigración ilegal es la esclavitud del Estado moderno. El fracaso de África hoy, será un desastre para la Europa de mañana».
Lo que realmente sucedió, en el encuentro de Rabat, fue la materialización de la subcontratación de Marruecos y otros países africanos para el control de las fronteras europeas. Aquellos vientos traen estas tempestades. Externalización de las fronteras se ha denominado a este sucio negocio.
Quienes trabajamos en el ámbito de las administraciones públicas tenemos muy claro que se pretende decir cuando, desde el estado, se habla de externalizar, sinónimo de adjudicar a terceros, licitar, sacar a concurso: privatizar. Y exactamente eso es lo que se ha hecho. Se han privatizado las fronteras y su control.
Según los profesores de Derecho Constitucional Gerardo Pisarello y Marco Aparicio: “la
externalización se ha producido fundamentalmente alrededor de cuatro grandes ejes, apuntados de manera explícita en el Programa de la Haya del 2004: a) el rechazo a la entrada de personas, b) el refuerzo del control de los países de tránsito, c) la intercepción antes de la llegada y d) los acuerdos de readmisión”.
El primer paso es conseguir dividir la inmigración a través de diferentes formas de acceso al territorio europeo. Primero la contratación en origen de pequeños contingentes que trabajarán en tan malas condiciones como los trabajadores y trabajadoras autóctonos. Después se entregan, discrecionalmente, visados con la conciencia de que una vez vencidos, las personas que los disfrutan, continuarán en territorio europeo y pasarán a formar parte del ejército de mano de obra clandestina, dispuesta a trabajar en condiciones mucho peores que los trabajadores y trabajadoras autóctonos/as. Por ultimó los excluidos y excluidas de toda posibilidad de entrar en el territorio de la CEE por otra vía que no sea la inmigración clandestina, arriesgando la vida en el intento. En este reparto a África, una vez más, le ha tocado la peor parte.
Es para estos últimos para quienes se han diseñado el resto de medidas que conforman la externalización. Los países de tránsito deben hacerse cargo de que los y las migrantes no lleguen al territorio de la Comunidad Económica Europeo, como lo hagan no es asunto prioritario, al fin y al cabo los muertos en el desierto no hablan y mucho menos quienes hayan recibido un balazo entre pecho y espalda al intentar saltar una valla. Así, con los impuestos de todos y todas, se financian agencias oficiales de tortura. Ejemplo de lo dicho es el acuerdo recién firmado entre España y Gambia, a través del cual, el Estado Español se compromete a financiar al organismo encargado de la inmigración clandestina (ilegal según ellos) de aquel país: la Agencia Nacional de Inteligencia, servicio secreto conocido por el uso sistemático de torturas, secuestros y asesinatos.
Por si esto también fallara, valiente obstinación la de los africanos y africanas en no morir de hambre, tenemos el FRONTEX, la Política de Vecindad Europea, los Centros de Internamiento y los tratados de readmisión. Éstos últimos, otra joya de los derechos humanos, consisten sencillamente en que se deportan inmigrantes a terceros países y éstos los aceptan sean nacionales suyos o no. Una vez más, lo que luego suceda con ellos y ellas posteriormente no es asunto de Europa.
Distintos especialistas afirman que Europa necesitaría en el 2020 la presencia de 159 millones de inmigrantes para mantener la actual proporción entre población activa y no activa y 35 millones para mantener la población actualmente activa; de lo contrario, el sistema público de jubilación y los distintos mecanismos de protección social del Estado del Bienestar estarían en grave riesgo de desaparecer; ¿Por qué, entonces, este empecinamiento en cerrar sus fronteras a cal y canto ? Aparentemente existe una contradicción entre las necesidades reales de la globalizada economía europea y sus políticas fronterizas y de control migratorio. Pero esta contradicción es sólo aparente.
La clave no está en si el neoliberalismo europeo necesita o no mano de obra, sino en el tipo de mano de obra que necesita. No se trata de cualquier tipo de trabajadores y trabajadoras; los necesita dóciles, asustados y sin organizaciones combativas consolidadas. Un ejercito de “indocumentados” en la economía sumergida cuya mano de obra se pueda comprar a precio de rebaja; inmigrantes “regularizados”, pendientes permanentemente de la renovación de permisos de trabajo y residencia que se dejen explotar “adecuadamente”; contingentes de personas temporeras (seis meses acá y seis meses allá) con incapacidad para consolidar su vida en ningún lugar y, por tanto, sin identidad sindical alguna; y un índice más o menos estable de desempleados y desempleadas autóctonos que culpabilizan de forma permanente a los y las migrantes de su situación. Estos componentes mezclados en las proporciones adecuadas dan como resultado el cóctel que los grandes capitales necesitan: un mercado laboral desregularizado ( o regularizado a su imagen y semejanza) y una clase obrera dividida, asustada y desmovilizada.
Por ello se cierran las fronteras, dejando siempre pequeñas brechas para la “ilegalidad”. ¿Qué hacen ante todo esto los grandes aparatos sindicales europeos?. Sencillamente miran hacia otro lado (Ojos que no ven corazón que no siente). Al fin y al cabo, sus multimillonarias subvenciones y los fondos con los que se pagan a Marruecos el abandono en el desierto de trabajadores y trabajadoras migrantes (servicios prestados) proceden de las mismas arcas.
Volvamos a la Conferencia Gubernamental Euro-Africana para decirle a Nicolas Sarkozy que es más cierto que el éxito de Europa de ayer, ha sido el fracaso del África de hoy.
Como en la mejor etapa del colonialismo las fronteras europeas se desplazan mas al sur. Al Sur del Sur, donde la vida no vale nada.
Una vez más, vuelve a mi recuerdo lo dicho por Aimé Césaire en su Cuaderno del retorno al país natal, Europa (sus políticas, sus políticos, sus grandes organizaciones sindicales) es indefendible.
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