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05 de noviembre de 2006
Por Jorge Rodríguez Díaz
Habitualmente ligamos el concepto de energía a los de contaminación, impacto ambiental o suciedad, pero lo cierto es que el uso intensivo de energía en Canarias es sinónimo de vida, y no hablo sólo de calidad de vida, sino de vida a secas. Como todos sabemos, sin el uso intensivo de energía, en nuestras empresas, en el transporte, para desalar agua o en nuestros hogares, en Canarias no podríamos vivir, como lo hacemos ahora, más de dos millones de personas de forma estable y recibir varios millones de visitantes al año. Sin el uso de energía nuestras islas apenas podrían acoger a unas pocas decenas de miles de habitantes y en pésimas condiciones de vida. Por tanto, como no queremos que aquí sobremos ninguno, Canarias necesita energía y necesita garantizar el suministro de energía en sus diversos modos para el futuro. No es un asunto trivial, sino de supervivencia.
Pero, aceptando esta necesidad, tenemos que considerar otro aspecto de nuestra realidad insular: la necesidad imperiosa de conservar nuestro medio ambiente e, incluso, procurar su recuperación para las generaciones futuras.
Afortunadamente, y es lo positivo de este asunto, estamos en condiciones de cumplir con estos dos requisitos, aunque para ello se deban dar algunas condiciones, empezando por contar con una planificación de las infraestructuras energéticas, que deberá estar coordinada con la planificación estatal. Necesitamos, pues, un modelo energético para Canarias que contemple las fuentes de energía primaria, las estaciones de generación y almacenamiento y las redes de transporte y distribución, tanto de electricidad como de combustibles.
En este modelo energético, yo destacaría tres elementos clave:
Primero, el uso racional de la energía, o ahorro energético, ya que la energía más limpia y la más barata es la que no se consume. Para alcanzar unos objetivos razonables en este aspecto, que podríamos cifrar en un ahorro del 15% sobre las tendencias de consumo a diez años, es necesario, no sólo la determinación de los gobernantes, sino la colaboración de todos, empresas, instituciones y ciudadanos, ya que la mayor parte de las iniciativas de ahorro energético se toman a nivel personal: apagar la luz en las habitaciones no ocupadas, instalar bombillas o electrodomésticos de bajo consumo, dar preferencia al transporte público colectivo frente al transporte individual, mejorar las condiciones de aislamiento térmico de las edificaciones, etc. son decisiones que requieren un alto grado de concienciación de todas las personas que vivimos Canarias.
En segundo lugar, la máxima penetración de las energías renovables. No debemos olvidar que Canarias goza de unas condiciones privilegiadas a nivel mundial para el aprovechamiento de energía eólica y solar. En concreto, las condiciones de viento que se dan en algunas zonas no tienen parangón en ninguna otra zona poblada del planeta. Mediante el desarrollo correctamente programado y gestionado de estas energías podemos aspirar a que, en menos de diez años, más del treinta por ciento de la electricidad generada en Canarias tenga su origen en energías renovables, lo que supondría una reducción de más del 20% de los gases de efecto invernadero que se producen en la isla.
El tercer aspecto es la diversificación de las fuentes primarias de energía. Hoy sabemos a ciencia cierta que el ahorro energético y la máxima incorporación de energías renovables no serán suficientes para satisfacer nuestras necesidades, por lo que a medio plazo, y descartados el carbón y el uranio, la única alternativa al petróleo con que podremos contar en Canarias será el gas natural, el cual comparado con el petróleo, produce un 30% menos de CO2 y reduce a cantidades inapreciables las emisiones de azufre y de partículas. Además, el gas natural facilitará el tránsito tecnológico hacia la economía del hidrógeno que esperamos para dentro de dos o tres decenios. En este sentido, Canarias está en condiciones de constituirse en una de las plataformas más importantes de Europa para el desarrollo y ensayo de sistemas de generación y propulsión por hidrógeno, aprovechando la experiencia de muchos de nuestros investigadores y las condiciones ambientales de que disfrutamos.
El sistema energético de cada isla es único y aislado (a excepción del sistema Lanzarote-Fuerteventura), la electricidad que se consume en un municipio tiene el mismo origen que la que se consume en el vecino, e igual sucede con la gasolina o el gasoil. No podemos aspirar a tener un buen sistema energético si no es para cada isla en su conjunto. Y esto requiere un esfuerzo por parte de todos para consensuar las infraestructuras, para decidir y planificar dónde se genera la electricidad, dónde se almacenan los combustibles y por dónde han de pasar las líneas de transporte eléctrico que aseguren la estabilidad de la red.
Necesitamos un pacto por la sostenibilidad del sistema energético de Canarias, donde todos reconozcamos el beneficio común y dónde, a su vez, se reconozcan las compensaciones necesarias para que nadie se vea perjudicado.
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