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28 de octubre de 2006
Por Jorge Rodríguez Díaz
Estamos viviendo en una época singular, uno de esos escasos y apasionantes períodos de la historia en que se producen cambios cualitativos de tal envergadura que podemos considerarnos afortunados por poder vivirlos, y lo más extraordinario, por primera vez en Canarias podemos formar parte activa de ese proceso de transformación social y económica que acontece en el mundo. Sin duda, son tiempos emocionantes, como debió ser el Renacimiento en Italia o la Revolución Industrial en Inglaterra, Alemania o Estados Unidos.
En la economía mundial se están dando simultáneamente cuatro cambios de ciclo o modelo que están estrechamente interrelacionados entre sí y ante los cuales Canarias no va a permanecer ajena. Me refiero a:
La globalización de los mercados, que implica, por una parte, el incremento imparable del peso de las relaciones comerciales internacionales en las economías nacionales y, por otra, la especialización de países y territorios en diferentes nichos de ese gran mercado global.
El cambio de modelo energético, que tendrá un período de transición largo -se estima que durará entre cuarenta y sesenta años- pues el modelo energético mundial basado en el petróleo tiene sus años contados, debido a que se acaban los hidrocarburos fósiles y al enorme y negativo impacto que su explotación masiva está teniendo en el medio ambiente.
El cambio de modelo social, lo que conocemos como sociedad de la información, que está influyendo directa y drásticamente en la forma en que nos relacionamos las personas y en nuestros hábitos de consumo (este medio es un buen ejemplo de ello); en la forma de operar las empresas, tanto en sus sistemas productivos, como de gestión y de comercialización; y, también, en la manera en que se concibe y desarrolla el papel de las administraciones públicas.
El cambio en la importancia relativa de los factores de producción, que está haciendo que para muchas empresas -y para muchas economías- ya no son la tierra, el trabajo o el capital los principales factores productivos, sino el conocimiento. Saber hacer las cosas o hacerlas mejor o más eficientemente que los competidores está ofreciendo más ventajas competitivas que los activos o factores productivos tradicionales. Este fenómeno ha dado lugar a lo que conocemos como economía basada en el conocimiento. No olvidemos que los países más ricos del mundo no son los que tienen ingentes cantidades de petróleo o de materias primas, sino los que están tecnológicamente más avanzados, es decir, los que son ricos en conocimientos científicos y tecnológicos.
La combinación de estas cuatro tendencias ha dado lugar a un nuevo paradigma económico, la nueva economía, que no sustituye o anula los esquemas tradicionales, sino que los amplía y potencia, y marca la diferencia entre las economías avanzadas y las que no han alcanzado aún ese nivel.
Si aspiramos a un gran nivel de desarrollo para Canarias, tenemos que planificar nuestro modelo económico tomando como principales referencias estas cuatro tendencias. Cada una de ellas representa oportunidades y amenazas para nuestro futuro y, también, para cada una de ellas en Canarias contamos con grandes ventajas, que podemos aprovechar, y debilidades que deberemos saber contrarrestar.
Podemos esperar que las cosas no cambien significativamente, pero lo harán. Podemos confiar en que el cambio llegará de todas formas, sin que hagamos nada especial para propiciarlo, pero no sucederá como deseamos. O podemos decidir qué modelo de sociedad y de economía queremos para dentro de diez o veinte años, y trabajar para alcanzarlo. Ahora disponemos de la autonomía, los recursos económicos y el conocimiento necesarios para afrontar con éxito este proyecto de segunda modernización de Canarias.
La historia nos ha mostrado en repetidas ocasiones que dejarnos llevar por la corriente o esperar a ver qué nos trae la marea no es la mejor estrategia para conseguir los objetivos a los que aspiramos para nuestro archipiélago.
Ciertamente, vivimos apasionantes tiempos de cambios.
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