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21 de julio de 2006
Por Sergio Hernández Hibrahím
El canal de Historia viene ofreciendo estos días unos interesantes testimonios, de viejos republicanos del exilio en Francia, Rusia y Méjico. Me han hecho reflexionar, con mucha pena, acerca de un patrimonio histórico que probablemente ya se ha perdido para siempre.
Estos nobles abuelos y abuelas, que se jugaron la vida por la democracia y, much@s de ell@, por el socialismo, son un ejemplo viviente de entrega a una causa. Peregrinos de la cruel derrota que derrocó la Segunda República, se dispersaron hacia la supervivencia. Muchos y muchas fueron l@s pioner@s de la Resistencia Francesa contra el nazismo. Otros acudieron a la Unión Soviética, integrándose en el Ejército Rojo, los menores en instituciones soviéticas que siempre se esforzaron por vincularles culturalmente con su pais de origen. Todos siempre con el equipaje preparado para el regreso, con la cada vez más alejada esperanza de regresar a su país en libertad. Un Méjico generoso recibió a muchos con los brazos abiertos, sobre todo a lo mejor y más noble ejemplo de una escuela intelectual que tanto había contribuido a la lucha por el progreso socioeconómico del país.
El desgarro histórico de la diáspora republicana, ha proyectado una tétrica sombra sobre el devenir histórico posterior del Estado. Pérdida irreparable de tantos y tantas miles de combatientes. Ni siquiera podemos consolarnos con el visionado de estos reportajes televisivos, triste remedo de una tradición oral a la que teníamos derecho y que nos fue arrebatada a todos y a todas, por la despiadada conducta de un régimen fascista que se apresuró, en la postguerra, en liquidar físicamente a decenas y decenas de miles. Los testimonios de las “sacas” en las prisiones son pavorosos. La espera angustiosa de saber a quienes les toca hoy. La inquietud sangrante en la escucha de los pasos contundentes de los falangistas en los corredores, los regalos miserientos de chocolante y cachos de pan, a la pobre gente que iba a ser fusilada…….
El Honor, la Dignidad, la Nobleza, fueron a refugiarse en todas estas personas abandonadas por el Destino. ¿Cómo explicar esto a mis hijos? ¿Cómo hacerles partícipes de este tajo despiadado que nos privó de la flor y nata del país? ¿Cómo decirles que la Resistencia Francesa se nutrió mayoritariamente de republicanos españoles¸que los primeros tanques que entraron en París para liberarlos de los nazis, llevaban los nombres de Teruel, Belchite, Ebro, Madrid….?
¿Cómo explicar la odisea de los republicanos integrados en el maquis pirenaico? ¿Cómo llorar, una vez más, la pérdida irreparable de las Trece Rosas de Madrid, fusiladas el 13 de agosto de 1939, simplemente por defender la legalidad republicana? Las mataron instantes después de fusilar a 56 miembros de las Juventudes Socialista Unificadas, en una de las tantas “sacas” cotidianas que se prolongaron durante los años siguientes. Unas niñas, algunas de ellas de la edad de mi hija menor (13 años).
La guerra había terminado, pero no para los vencidos. Estos viejos y estas viejas encantadoras, que nunca renunciaron a sus ideas, que se mantuvieron firmes hasta el final, se han llevado toda una escuela de conducta ejemplar, de educación, entrega y rigor en la defensa de l@s trabajador@s.
Nos robaron a nuestra gente. Nos dejaron desnudos, perdimos todos nuestros referentes cotidianos. Verdad que tuve dos abuelos (que se salvaron por los pelos), que me relataron las visicitudes de la república y del posterior régimen, repulsivamente clerical y fascista, en Canarias. Ahora oigo el sufrimiento de tantos y tantas militantes, obligad@s en las cárceles españolas a asistir a misa y cantar el cara al sol, mezclados con la palizas diarias, los escupitajos, los insultos, el hambre y, en muchos casos, el fusilamiento. Los curas en sus púlpitos, practicando el insulto al rojo.
Déjenme ser, por unos instantes, políticamente incorrecto. La Historia es larga y todo acaba relativizándose. El revanchismo es malo y tal vez debamos perdonar. Vale. Pero nunca les perdonaré esta pérdida, este desgarro. Si ell@s hubieran estado con nosotros otro gallo hubiera cantado, no para voltearlo todo, sino para confortarnos en la lucha por horizontes de justicia que, por ahora, se han ido a hacer bolinas.
Franco ganó. Sí que lo dejó todo atado y bien atado, sobre los cráneos y osamentas que han sedimentado este erial sociopolítico que es hoy el país entero.
Cualquiera podría preguntarme: “¿Por qué lloras, si ya no tiene remedio?”. Yo le respondería, como el filósofo griego: “¡¡Por eso lloro!!”
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