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03 de November de 2009
Por Míchel Jorge Millares
Se pensó que el siglo XX traería la disolución del XIX, de sus conflictos en religión, política, artes... pero la revolución industrial –lejos de superar aquellas contradicciones- desató los movimientos sociales y políticos con sus conflictos al tiempo que facilitó una rápida revolución tecnológica. Los transportes adquirieron una nueva dimensión (contenedores, puertos y aeropuertos, mensajería... el tiempo era el enemigo a batir). Además, la ciencia, aunque no lo parezca, aportaba sus desarrollos para la evolución de las tecnologías. Fue el del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, en contradicción permanente con el afán fronterizo de los nacionalismos. Lo local ya no era nacional, sino global. Nunca se había facilitado tanto el diálogo y sin embargo se produjeron dos guerras mundiales y nos condujeron a casi medio siglo de "guerra fría" todavía no superada.
El siglo XX nos dejó una rápida evolución de las telecomunicaciones: teléfono, telégrafo, fax telefotos, radio, televisión, móviles... Internet. La red de comunicaciones permitió que se pudiera conectar a todo el mundo y que pudieran transmitir, compartir, intercambiar todo lo que pueda convertirse en una señal o en ocho dígitos. La transmisión de sonido o de documentos dio paso a medios de masas que generaron su propia cultura, la de la imagen trasladada a pantallas colectivas y luego privadas.
Pese a las bondades que Marshall MacLuhan preveía del papel culturizador de la aldea global, las diferencias sociales han dado paso a un nuevo sistema de discriminación, la brecha o el abismo digital, entre clases sociales y zonas geográficas. La cultura se hizo pop (popular) pero también inmediata y mediática.
Con Internet se multiplica la interacción, el ‘feedback’, pero también coincide con el desarrollo de un mundo en el que el viaje (breve y frecuente) invita a una cultura de tránsito, de flashes de un ir y venir por todo tipo de ciudades, de una vida en ruta, en lugares que conservan lo propio junto a un Zara o un McDonalds o los establecimientos ‘históricos’ son desplazados por estas franquicias globales.
Esta sociedad en red tiene su ritmo frenético, el mismo que ha implantado la red de redes: Internet. Las sociedades donde la burocracia y el poder público pretende absorber todo, se encuentran con que su ritmo le aleja de la 'pole position' para la sociedad en red.
Aún así, hay aventureros que escudriñan permanentemente en la red y se suben a carros o vagones con alta velocidad hacia distancias sin límites, sino que son determinadas (en su duración y en su permanencia) por los propios viajeros, en un número imprevisible, los que pueden lanzar o marginar a ciudades o lugares en esa red... El potencial creado por Internet para la comunicación personal y para la creación de nuevos modelos de comunicación y de creación de redes sociales ha sorprendido y noqueado a los medios de comunicación de masas. El modelo de negocio basado en el control de la información, alejado del papel de cuarto poder –vocacional, combativo…- de finales del XIX y hasta la década de los 80, dio paso a medios de comunicación dominados por grandes grupos empresariales controlados por grupos financieros. Ahora, los ciudadanos ya no tienen los medios tradicionales como único recurso y han optado por ser protagonistas de la comunicación.
Hay quienes encuentran en ese mundo transitado un motivo para encontrar el arte, un arte del impacto del detalle, de aquello que se puede retratar por cualquiera, pero que se transforma en arte en las manos de Javier Castañeda (con la indispensable ayuda de móvil, Erickson, creo), los megapíxeles o la blackberry. Parece un arte efímero, un buscar en los objetos más intrascendentes el concepto de sociedad moderna y vertiginosa.
Pero no, no es efímero, es el momento plasmado. Es una forma de conocer, una visión que invita a experimentar, pero también expresa esa búsqueda de aventurero que conquista lugares y los deja fijados. Levanta acta de una realidad exclusiva y única a la vez que global, que aún así la comparte con forma de collage o mosaico de un mundo diverso cuyas fronteras y banderas han sido desbordadas por las TIC. El éxito de las micrografías reside en esa comunicación que se crea entre el autor, la imagen (mensaje) y el receptor que, a su vez, es emisor y partícipe. Una forma participativa de revisión de nuestra realidad a través de imágenes que superan la anécdota para convertirse en el arte global, en esa conjunción de imágenes que forman el collage inabordable que elabora Joan Fontcuberta, en el que miles de fotos de personas o temáticas componen una nueva imagen que recurre al imaginario social.
http://www.caam.net/es/exposiciones/b9/2009/micrografias.htm
Nos vemos mañana a las 20.30 en el CAAM (Balcones 9). Merece la pena…
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personas, en el desarrollo personal,en el eterno conocete a ti mismo, en ser capaz de estar sólo sin el movil, sin el ordenador, y no morirse de miedo, el poder estar consigo mismo y llevarte bien con la persona más importante de tu vida, que eres tu mismo,el comprenderte, conocerte, como conocimiento previo a conocer al otro y a comprender al otro.
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