La campaña electoral de Galicia se complicó desde el mismo momento en que se convocaron las vascas, lo que prueba la astucia de Ibarretxe que las programó haciéndolas coincidir con las gallegas. No esperaban los dos grandes partidos estatales tal simultaneidad; pero ante esta dualidad, los respectivos encargados del marketing electoral se decidieron por duplicar sus mutuas estratagemas sin calcular bien los riesgos. Los socialistas escogieron una táctica que requería en su fase inicial, celebrar una reunión preparatoria para sus cosas innombrables; con tan mala suerte que el selecto grupo de confabulados fueron pillados medio ocultos entre la tramoya que habían elegido para la reunión: Una montería de caza mayor.
¡Hay que ver lo que acarrea tener aficiones tan poco adaptables al marketing izquierdista! Si hubieran escogido el juego de la petanca o una partida de parchís, a lo mejor la maniobra habría dado mejores resultados; pero fue esa concurrencia con la caza mayor lo que acabó echando a perder la estrategia de criminalizar al oponente en plena campaña electoral.
Para el otro gran partido estatal, el error del primero lo convirtió en cortina de humo, donde buscó ocultar la trama de espionaje interno, dedicada a regular las prebendas y los tejemanejes con los contratos públicos.
Estos avatares distrajo a la opinión pública, y las campañas electorales vasca y gallega transcurrieron enredadas en la polémica que desataron las parodias de cazadores cazados y espías píos y no tan píos. De tal forma que apenas se produjo el debate político autóctono –el que corresponde a cada convocatoria autonómica-, esencial tanto en Euskadi como en Galicia, donde el bipartidismo no está tan implantado como en otras partes del Estado. Las dos formaciones políticas de obediencia estatal (PP y PSOE) hegemonizaron el debate con sus recíprocas miserias; escamoteándonos el necesario debate sobre el autogobierno en una Estado plural como es España, de haberse producido hubiéramos conocido algo más de la posición que defienden los partidos nacionalistas (BNG y PNV, entre otros).
Cuando en la mañana del domingo electoral inicié estas líneas, sólo sabía los datos de las últimas encuestas, que correspondían a una voluntad expresada como mínimo siete días atrás. Entonces los sondeos indicaban para Euskadi un empate técnico entre el PNV y el PSOE; mientras que en Galicia, el PSOE y el Bloque Nacionalista Galego (BNG) tendrían que sumar sus respectivos escaños para lograr ese mismo empate técnico, pero con el PP como oponente.
Durante el resto del día nadie tenía certeza de cómo iban a quedar situados estos partidos políticos. Sólo valía de orientación la evolución de la participación con la consiguiente valoración de quién favorecía y a quién no; aunque en Galicia, la participación subió cinco puntos porcentuales con respecto a las anteriores elecciones del 2005. No así en Euskadi, donde la participación fue prácticamente la misma, aunque el voto nulo ascendió nueve puntos porcentuales, dando a entender que era la forma de expresarse los partidarios de la violencia política. Algo más de rigor tuvo la encuesta que se hizo al cierre de los colegios electorales; pero aún así, en Galicia mantenía la incertidumbre, aunque y en Euskadi daba como ganador al PNV.
Sólo cuando se superó el escrutinio del 99% de los votos emitidos en Euskadi, y el 92,9% en Galicia, me atrevo a construir una opinión política de los acontecimientos. Primero, con respecto a Euskadi: Valorar que como en todas las circunscripciones del Estado, el partido que gobierna en Madrid siempre sale favorecido en cualquier votación que se celebre en cualquier circunscripción autonómica. En este caso, el PSOE tuvo 24 escaños, con 30,71% de los votos. Por su parte, los nacionalistas se distribuyeron los votos de la siguiente manera: El PNV con 30 escaños, 38,56% de los votos; Aralar con 4 escaños, 6,05% de los votos; y Eusko Alkartasuna (EA) con 2 escaño, 3,68% de los votos. Unidos al escaño, 3,51% de los votos de Ezker Batua (EB), que aunque es una formación vinculada a Izquierda Unida (IU) tiene en Euskadi una deriva nacionalista; confirman que el sentimiento identitario se ha quedado a un escaño de la mayoría absoluta. Puesto que suman 38 escaños, los 26 del PSOE, más los 13 escaños del PP, con el 14,09% y 1 escaño conseguido por UPyD, con el 2,14%.
En cuanto a Galicia, los resultados han sido: 12 escaños, 16,58% de los votos, para BNG; lo que confirma la permanencia de un nacionalismo gallego sólido. 24 escaños, 29,89% de los votos, para el PSOE; escaños insuficientes como para renovar el pacto que mantenían estas dos formaciones políticas. Como contrapartida, los 39 escaños, 47,13% de los votos del PP le dan la mayoría absoluta. El UPyD fue en esta circunscripción un mero testimonio.
El panorama que sigue es claro en Galicia, pero algo más complicado en Euskadi. Los próximos días lo irán aclarando. Lo que si resulta evidente, es que el juego sucio y la instrumentalización de los aparatos del Estado para tumbar al contrario, ya no tienen el valor que tuvieron cuando por primera vez se emplearon en Canarias.
Ahul: "la instrumentalización de los aparatos del Estado para tumbar al contrario, ya no tienen el valor que tuvieron cuando por primera vez se emplearon en Canarias" Si tiene alguna prueba, vaya al juzgado, si no, no trate a los canarios como totorotas, porque entonces, según usted, los gallegos y vascos son más listos y no picaron en las trampas del malvado Juan Fer Godo Canario
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