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27 de agosto de 2008
Por Juan Francisco Santana Dominguez
…y todas y todos los que la acompañaban en el fatídico vuelo del JK-5022.
Es muy frecuente que ante el miedo, el peligro y el terror el ser humano busque la protección en el abrazo solidario y caluroso de los seres queridos, de los seres cercanos y en su ausencia nos aferramos a la evasión, al taparnos, los siempre curiosos, ojos para no ver lo que se nos aproxima. Muchas veces comento con Olga los viajes que hemos realizado, juntos o en solitario, por placer o trabajo, y recordamos las anécdotas y hechos que más nos han llamado la atención, siendo una de ellas el mal rato que supone el encuentro, no deseado, con turbulencias o tormentas que han hecho que la quietud habitual de los vuelos se transformara en escenas y voces de pánico. Abrazos, apretones, gritos, nervios, expresiones de indefensión, de deseos de que todo pase rápidamente pero, en ocasiones, parece que se nos ha hecho eterno.
Han transcurrido los minutos y nos vemos abrazados, apretados el uno contra el otro, unidos hasta no poder más, ocupando espacios, en muchas ocasiones buscados y en algunos momentos inexistentes por la búsqueda tan necesaria de la intimidad, anhelando la protección del amor y de la amistad que, a modo de pañuelo, seca las lágrimas de la emoción y el miedo, imposibles de contener.
Estos días he pensado, soñado, llorado, en silencio y haciendo ostentación del fluido que me parece que me calma, vivenciando unos momentos sufridos, nunca mejor dicho, intensamente, pero que siempre terminaron en quietud, en susto pasajero. Aquellos dulces abrazos salvadores y solidarios, que podemos narrar se hacen un imposible para 154 seres humanos que han perdido, además del preciado tesoro de la vida, la posibilidad de ese recordar.
Te llevo en mi corazón y en mi mente, en la primera fila, en aquel difícil segundo B, siempre atenta, siempre dispuesta e interesada en aprender, una niña que sabía solventar los problemas con otras y otros compañeros, en algún caso muy difíciles, de forma inteligente y afable. Amalia, el día 20 de agosto, sin quererlo ni buscarlo, se encontró con una situación límite a la que le fue imposible hacer frente y pienso, y seguiré pensando por mucho tiempo en ese último abrazo, en esa búsqueda de protección de Amalia y de los otros seres humanos que la acompañaron en el vuelo que nunca pensaron que se quedara, tan de repente, en tierra.
calderin: Emocionante recuerdo,Juan Francisco despues de ver y oir la mediatizacion de ese desastre,Articulos como el tuyo han aparecido muy pocos,la prensa,radio,television,van sacar carnaza de todo esto,ya estaran apalabradas apariciones de familias y supervivientes.
Todo va estar mediatizado,se suspende un vuelo,un avion da la vuelta,se retrasa otro por revision mecanica,vamos a acostumbrarnos de que todo esto sean portadas de prensa,el panico a volar se va a poner de moda,mientras vendan periodicos.Gracias por tu version de los hechos con este relato humano,y tus experiencias como pasajero,que todos hemos sufrido.Ahora hay que estar con las familias en el dolor,y acompañarlos en silencio y solidariamente.
Rosario Valcárcel: Tierna reflexión, sobre ésta pesadilla y ésta muerte que tan hondo nos ha calado a todos.
Y como siempre también mi abrazo apretado.
Tirma: Entrañable y sentido.
Marcos Rojas psiquiatra en un hospital de N. York cuando sucedió la tragedia de las Torres Gemelas, decía que la gente en fila, en la puerta del hospital, exigía donar sangre.
Yo sólo puedo sentirme solidaria en el dolor de tantas personas. Toda una sociedad afectada: vecinos-vecinas, alumnos-alumnas, familiares, amigos-amigas, compañeros de trabajo. Un abrazo a todas las familias.
luis león barreto: Lindo y emocionante de verdad. Escrito con los seis sentidos: con el alma también.
normando de Argentina: Es acaso imprescindible semejante peligro para abrazarnos y comprendernos?, doble desgracia la del hombre, tener que correr y olvidarse el alma, gracias Juan Francisco
Agustín Mora: Todas las muertes son injustas, todas. Pero no sé porqué, para mi, hay algunas que son indecentes por incomprensibles y evitables. Es el caso de Amalia y de las otras víctimas del avión. Gracias, Juan Francisco, por hacer con tus palabras y tu emoción que estas muertes tengan, al menos en el papel, la dignidad que tuvieron cuando no eran muerte.
Un fuerte abrazo.
Juan Francisco Santana Domíngu: Mi más sincero agradecimiento por vuestros atentos, sensibles y sentidos comentarios. Un fortísimo abrazo.
Carmen: Muy bonito y tierno agradecimiento a Amalia.La verdad que siento solidaridad, por todas esas personas y a la vez con una sensación extraña de poder estar escribiendo esto ya que sabes ese mismo dia llegue pero con otra companía, pero si que me han salido lagrimas, emociones,etc
Un fortisimo abrazo J Fco
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