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22 de julio de 2008
Por Juan Francisco Santana Dominguez
Estábamos en la playa, tendidos al sol, y de repente unos gritos. Se había producido un accidente. Unas niñas gitanas se habían tirado al agua, sin saber nadar, y estaban en apuros. El mar que no entiende de razones, las empujaba, una y otra vez, contra las rocas y sus vidas corrían muchísimo peligro. Todas y todos corrieron hacía el lugar donde se encontraban aquellas niñas e intentaron ayudarles, unos intentando llegar a nado a la peligrosa zona, otras en una balsa, no faltaron los niños que tiraban cuerdas y el vigilante que puso en peligro su vida para ayudar a aquellos inocentes seres humanos. ¡Parecía una película en la que todos los extras se erigieron en protagonistas! Todos sin excepción intentaban, de una forma o de otra, tender sus manos en pro de que la escena tuviera un desenlace feliz y no un triste epílogo.
Una señora octogenaria que estaba en la arena comenzó a llorar al ver aquella manifestación de solidaridad. Unas niñas se olvidaron de sus juegos, dejando sobre la arena sus maquinitas, y por el móvil intentaban ponerse en contacto con la policía. ¡Todo era acción y entrega solidaria!
La playa se convirtió en una especie de plató cinematográfico pero en el que todas y todos querían ser directores: ordenaban, gritaban, asesoraban sin que la escena cambiara. El peligro y la situación continuaban siendo extremas y la tragedia se palpaba.
Una cuerda humana, mano con mano: niño, mujer, anciano, niña, hombre, intentaba llegar a alcanzar a las niñas exhaustas pero el oleaje no entendía de solidaridad y rompía todos los intentos de aquella cadena de manos solidarias. Un hombre logró casi tocarlas, llegando a nado, pero la fuerza del oleaje de nuevo le alejó de aquellos cuerpos ya muy cansados.
¡Ánimo! ¡Intenten nadar! Eran expresiones que se multiplicaban. Los nervios hicieron mella y algunas personas comenzaron a dar muestras de ataques de ansiedad. Se perdía el control de la situación y cada actor actuaba a su libre albedrío, pero todas y todos con un objetivo común: Salvar a las niñas.
La fuerza de los elementos, pareció entrar en un momento de comprensión, y de repente las manos del último eslabón de la cadena consiguieron hacerse con las dos niñas, que muy asustadas y entre llantos llegaron a la orilla. La buena anciana, que antes lloraba, se acercó y con una toalla roja, las secó, muy amablemente, muy amorosamente…las besó y las niñas se abrazaron a la anciana, a las otras niñas y niños, a las mujeres y hombres que se preocupaban por ellas. Todas y todos comenzaron a aplaudir y la emoción se extendió entre todos los allí presentes. Las niñas, una vez recuperadas del susto y curadas, como se pudo, de los golpes recibidos tiraban besos mientras, de la mano, se alejaban de aquella brava playa.
Rosario Valcárcel: Querido Juanfra:
Precioso relato. Y es que la vida algunas veces nos sorprende, nos asombra, nos enseña
Gustavo: Gracias "mister" por estas historias tan bonitas que nos deja compartir con usted, desde Barcelona y con tanta distancia de por medio estos ratitos de lectura hacen que esa distancia se acorte y que esos momentos de tristeza o melancolia que produce la lejanía de los seres queridos se vuelva mucho más corta y amena. Un besote para usted y otro como no, para Olga.
Juan Francisco Santana Domíngu: Muchísimas gracias por vuestros atentos comentarios. A mis compañeras de blog, Dunia y Rosario, porque gracias a este tipo de medios encontramos otros seres maravillosos que nos dan luz, otras amistades que nos estaban esperando en el camino. A Gustavo porque a pesar de la distancia siempre está muy cercano, fiel a su manera de ser, sintiendo la amistad como una linda premisa a la que hay que defender siempre. Un fortísimo abrazo a los tres.
loli suarez(alex 1ºA): gracias por este bonito relato, pero me hace pensar en una historia reciente ocurrida en italia con unas mismas protagonistas pero el final no fue tan bonito como este, mientras unos miraban o grababan con los moviles una persona avisaba a los socorristas pero era demasiado tarde,solo pudieron rescatar sus pequeños cuerpos que estuvieron en la arena varias horas mientras los turistas seguian a su lado tomando el sol como si nada pasara, .......¿que esta pasando ? porque somos tan insensibles?.un fuerte saludo
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