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14 de julio de 2008
Por Juan Francisco Santana Dominguez
Deseoso abro la puerta y de repente su belleza, que todo lo inunda. Sólo presenciar su planta, su presencia, su olor embriagador, hace que mis sentidos se confundan, luchen entre ellos en busca de quién ha de ser el primero en lanzarse a un vaporoso, un excitante, un pecaminoso encuentro que me transporta a insinuantes lechos de dulces fragancias y de suaves tactos.
No entiendo de fidelidad y todas me atraen en mi egoísta frenesí, todas desnudas, esperando que se las elija, se mueven ondulantes, en un claro canto de lujuria y de un ven aquí. Me pierdo y mi voz, mi vista, mi olor y mi tacto entran en el juego, les hablo con metáforas escogidas que intentan atraer sus hermosos balanceos para que se unan a mí y formen parte de mi pléyade de seguidoras que ansiosas esperan algo, al igual que lo espero yo. Unas se ven adormiladas, quizá cansadas y sedientas, esperando una insinuosa invitación a la deseada humedad; otras, en cambio, se resisten a ser humedecidas, parecen no necesitarlo; siempre están las que están dispuestas, desafiantes, incitadoras al juego inicial que se avecina.
Todas son atendidas, y no es chabacanería, en la medida que lo precisan y asienten a las caricias, a los suaves masajes, a ser desprendidas de algunas de sus prendas de abrigo y se muestran tal cual. La epidermis se asoma con sus múltiples sensaciones táctiles y, ya desnudas, como siempre me gusta verlas, extasiándome con sus bellos cuerpos, paso a la acción y no sé cómo empezar, me cuesta decidirme por esta o aquella, por la que está a mi derecha o la que se encuentra a mi izquierda, quizá esta última por afinidad.
Se respira ansiedad, necesidad de que aquel que las atiende, en ocasiones, se decida a cubrirlas con el líquido elemento y las vea abrirse, esperando el rocío, cual lluvia deseada, que todo lo inunda.
Las plantas hacen una reverencia y el hombre, con sus útiles en la mano, chorreando el agua esperada y deseada, se emociona al verlas felices, al contemplarlas mojadas, al apreciar como sus hojas se ven desprovistas del polvo que la afeaba. Estoy observándolas un buen rato, veo cómo han crecido, como han cambiado al ser desprovistas de las hojas secas, marchitas o quemadas por el sol y me retiro, cerrando la puerta tras de mí, dejándolas hasta mañana en su envolvente espacio de un patio diferente, plagado de verdor y de una especial mezcla de colores: blancos, rosados, rojos, negros, verdosos…a los que se une una mezcolanza de fragancias dispares.
jose miguel : Gracias por hablarnos tan magnificamente de tu harén, ahora descubro por fin donde nuestras abuelas escondían a esos amantes , en los patios donde los mimaban y cuidaban con auténtico fervor.
calderin: Me vuelves a sorprender,ultimamente estas inspirado gracias, este lector avido de sensaciones,disfruta de su narrativa
Juan Francisco Santana Domíngu: Muy bonito comentario José Miguel y a Calderín agradecerle, una vez más, su atención y sus comentarios llenos de afecto. Un fortísimo abrazo a ambos.
Antonio Hernández Lobo: Magnífica metáfora. ¡Así no hay nadie que se resista a tales mimos y cuidados! Enhorabuena
normando. Argentina: El campo espera.... .con pasion segura, dice para nuestro recocijo Ricardo Guiraldez poeta argentino en su Don Segundo Sombra, refiriendose a la inminente lluvia.....¿no es acaso el sudor y el amor del labriego que la tierra recibe amorosa, el acto reproductivo que los hados signan como inherentes a nuestra condicion de propagadores de especies y sentimientos?, tus plantas Juan Francisco, reciben tu presencia y cuidados, aceptan graciosas el cortejo y te seducen con aromas irresistibles, son parte indisolubles del equilibrio cosmico y del buen amor,........
Lluvia, tierra, planta, luz, nuestra lengua madre las premia con exquisita femineidad, decia Don Juan el Canario, quien siembra dátiles no los comerá, de esos hombres estamos hechos, sembradores de remotos frutos, inoculadores de esperanza por los siglosde los siglos.
Tirma: Qué delicadeza al comentar los sentidos en relación con las plantas, a las que dotas de personalidad. Los adjetivos que usas para definir la relación: excitantes, pecaminoso, vaporoso, no tienen desperdicio. A ellas las mencionas: adormiladas, cansadas, sedientas por un lado, pero por otro lado: desafiantes, dispuestas, incitadoras.... De ahora en adelante miraré a mis plantas con otra visión, ¿quizás más erótica?
Juan Francisco Santana Domíngu: Muchísimas gracias por ofrecernos vuestras aportaciones. Para Antonio Hernández Lobo, compañero de blog, agradecerle muchísimo la atención prestada y su atento comentario. Para mi amigo Normando que, desde la querida Argentina, nos ofrece su gentil opinión y, en esta ocasión, haciendo referencia a sus raíces canarias. A Tirma mi agradecimiento más cordial por su amabilidad y por ampliar el número de personas que intervienen, dando su opinión, en este medio tan apasionante. Un fortísimo abrazo.
Carmen: Juan Fco, la verdad, cada vez me sorprendes con tus artículos, me ha encantado y siempre te digo que me encantas como escribes y no solo eso, sino como narras, describess, es punto erótico, etccc. Un abrazo
Juan Francisco Santana Domíngu: Muchísimas gracias, Mari Carmen, por tu habitual lectura y por tu gran generosidad. Un fúerte abrazo.
Ana: Hoy no me esperaba encontrar con este articulo tan bonito al igual que el anterior también. Aunque no te escriba nada que sepas que te sigo un beso muy grande para ti y para Olga
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