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10 de julio de 2008
Por Juan Francisco Santana Dominguez
En los comentarios al último de mis artículos, mi queridísimo amigo Gustavo, desde Barcelona, me decía que cuándo iba a escribir sobre el amor y las difíciles relaciones entre parejas. No podía dejar de hacerlo, sobre todo porque él me lo solicitaba. Para afrontar ese difícil pedimento recordé un artículo que había leído, del año 1922, en un periódico de Las Palmas, que se titulaba “El amor”. Comenzaba con la pregunta: “¿Qué es el amor? Y se contestaba: “El amor, en su primera acepción, es la atracción magnética de un sexo al opuesto. También esta palabra comprende la corriente de simpatía hacia toda persona que nos sea grata, sin diferenciar el sexo al que pertenezca…pero la mejor definición de amor la darían los enamorados”.
Seguía Emeterio Martín Suárez, que así firmaba su autor, en su escrito: “Aunque el sustantivo amor tenga varias acepciones, acojamos bajo las blancas alas de Eros a los seres de sexo opuesto cuando puede asegurarse que se aman. Éstos, bajo la pasión que los abraza, convierten el sustantivo Amor en verbo, y lo conjugan en todos sus tiempos con verdadero frenesí, influenciados por el numen engendrador de los más bellos efectos que admiramos. Denominamos a las demás acepciones del amor con los nombres de amistad, simpatía, admiración y respeto, puesto que respetar también es amar”.
Evidentemente esa concepción, esa definición, esa creencia sobre el amor ha cambiado para bien de la sociedad y de todos y todas, sin ningún tipo de excepción. Al amor no se le pueden poner trabas, en ningún sentido, y todas sus manifestaciones son respetables, siempre y cuando no se atente contra la libertad del otro. En aquellos años veinte los sentimientos serían exactamente igual que hoy pero muchas manifestaciones se llevaban muy ocultas y las frustraciones serían horribles. Además el autor de aquel escrito, al final del mismo, nos decía claramente lo que pudiera ser el concepto verdadero del amor, que él desgraciadamente confundía, acercándose a lo que debe ser una relación amorosa: amistad, simpatía, admiración y respeto. En gran medida, con estos cuatro adjetivos, podemos definir lo que siempre se ha debido entender por amor y no sólo hoy en día, sin olvidarnos de los otros ingredientes, que cada relación se adereza, según gusto y costumbre. No hay recetas mágicas y sí una inmensa variedad de ellas. Lo que para unas y unos es apasionante y embriagador para otras y otros pudiera ser monótono o aberrante y así de diferentes somos los seres humanos. Ahí está la verdadera riqueza, en saber respetar la diversidad y al otro u otra como ser diferenciado.
No he pretendido filosofar sobre el amor, ni tampoco hacer un ejercicio de romanticismo, aunque sí he de reconocer que soy romántico, o al menos eso creo. Voy a hacer alusión a algunos autores que han escrito sobre el amor y así podremos reflexionar, basándonos en la variedad y no en la unicidad de lo que yo pueda escribir o pensar.
Hay un escrito anónimo que dice: “Cuanto más renuncies a tu propio yo, tanto mayor y verdadero es tu amor”. Tiene mucho de razón esta frase, en tanto que hace alusión a que no debemos ser egoístas y a pensar más en el otro, a dejarle ser quién es y a no querer hacerlo a nuestra imagen y semejanza. Ahí radica uno de los más grandes errores de muchos seres que dicen amar porque al otro no se le pueden cortar las alas. Todo ser humano necesita volar e intentar cortar unas alas es el comienzo del fin del amor porque ya se ha convertido en sumisión y control. El amor debe tener algo de anarquía, no debe estar sujeto a reglas ni a números, es y debe ser lo que surja, lo que apetezca compartir y no exigir, o tampoco puede ser lo que escribía Jean Dolent: “El amor es la esclavitud rehabilitada”, con ello quiero decir que, como decía Gautier, “El amor es como la suerte: no le gusta que corran tras él”, debe sentirse libre y no acorralado.
Juanfra: “Ponme en tu corazón, igual que un sello,
ponme en tu brazo como un sello ardiente,
el amor es más fuerte que la muerte,
la pasión más terrible que el infierno.
Como dardos de fuego son sus dardos,
Divina llamarada inextinguible.
El amor no lo apagan ni los mares
no pueden anegarlo ni mil ríos.
Despreciable sería el que quisiera comprarlo,
que el amor no tiene precio..”
'Cantar de los cantares'
Gustavo: Gracias!!, no lo esperaba tan pronto, que bonito es encontrarse una sorpresa. La vida está llena de pequeños momentos de felicidad que hacen que sigamos ilusionados, inquietos del que vendrá mañana,etc, hoy al abrir este blog y buscar a mi amigo "el Mister" he sentido unos de esos momentos. Gracias nuevamente por regalarnos estos momentos sin pedirnos nada a cambio, gracias por dejarnos disfrutar de usted y de su compañia en este blog aunque sea en la distancia. Un abrazo enorme
Juan Francisco Santana Domíngu: Muchísimas gracias a ustedes: Juanfra, Gustavo y Calderín, porque son una de las grandes razones por las que escribo. Es impresionante que en este momento esté agradeciéndoles sus atentos y cariñosos mensajes y, unos segundos después, se pueda estar leyendo a miles de kilómetros de distancia. Un fortísimo abrazo y mi agradecimiento.
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José Castellano Arencibia
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