Inicio > Blogs

08 de julio de 2008
Por Montserrat Fillol
Hace años vi una película con ese título. Sin embargo, la habitación en cuestión no tenía vistas. Era más bien el paisaje interior de la misma lo que hacía del lugar algo especial para los protagonistas. Hace poco tuve que alquilar un nuevo espacio, y recordé la película. Unos amigos insistieron en que debía buscar un ventanal donde proyectar el espacio interior. “La sensación del horizonte cercano” es importante resumieron. En un principio sus palabras resultaron enigmáticas. ¿Qué más da un horizonte cercano o lejano? ¿Qué más da un horizonte si a fin de cuentas lo que interesa en un techo digno?. Y en esta última premisa centré mis esfuerzos. Hasta que por una casualidad azarosa apareció la habitación con vistas. Poco a poco, he recolocado algunos detalles. Muy pocos en esa pequeña habitación. Y sin quererlo me vi cumpliendo el deseo de mis amigos. Por una parte, el horizonte se vislumbra siempre lejano. Y más bien inalcanzable. Por tanto, el enigma sigue en pie...Y por otra, proyectar el espacio interior en el exterior es algo imposible. No hay conexión posible.
¿Existe algún horizonte cercano? ¿Existe la más mínima posibilidad de hacer equilibrios sobre la línea de viento? En una época en que los navegantes veían el horizonte como una amenaza donde el mar se volvía una cascada insondable, la línea de costa daba muchas más garantías. Ahora sucede lo contrario romper esa línea de viento es un reto para los navegantes.
Desde la habitación sólo produce no es más que una sensación de inmensidad y pequeñez. Algo que de alguna manera no nos pertenece, ni nos está permitido alcanzar. El horizonte es de alguna manera como el amor, para algunos quizás es como Dios (la idea de Dios es todavía más enigmática) y además como todas esas cosas grandes que nos está prohibido entender. Y que al intentar desentrañar se experimenta siempre la misma torpeza, y los hilos de las palabras y el entendimiento se enredan una y otra vez. Por eso, la proyección de caminar sobre el horizonte o simplemente estar sobre él, es encontrarse haciendo equilibrios sobre lo maravilloso y precario de la existencia. El horizonte sigue siendo una línea tenue y frágil por donde la vida discurre y se aleja del punto de partida. Juanjo Mendoza: Hay un horizonte, como dices, que resulta enigmático por inalcanzable, porque contiene a un tiempo esa condición de tentación y lejanía. Pero es el horizonte que miras de frente, el de las emergencias, el que impone la cuota de melancolía que se debe pagar por tener conciencia. Hay, sin embargo, otros horizontes que adviertes girándote hacia atrás. Son líneas desvitalizadas de emociones, tal vez, líneas que se amontonan como trastos simbólicos en la memoria, pero que encierran una lección de fuerza inolvidable: son horizontes que hemos traspasado. Es cierto que no auxilian en la urgencia de cauterizar el vértigo del porvenir. Sin embargo, funcionan como recordatorio de todo lo que hemos sido y, por lo tanto, somos.
Ya ves, Montse, tu texto, como siempre, es una invitación, y yo no he hecho más que entrar en tu habitación con vistas a tomar un sorbo de aire.
ACCIDENTE AÉREO DE BARAJAS O LA ROTURA DEL PREVISIBLE FUTURO
Manuel Fernández Sarmiento
Crónicas de Estambul (VII): El Bósforo (I): El Palacio Dolmabahçe
Marta Leonor Vidal García
¿Estrategias y Propuestas de Viabilidad de Guaguas Municipales?
José Castellano Arencibia
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 28 | 29 | 30 | 31 | 1 | 2 | 3 |
| 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
| 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 |
| 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 |
| 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |
Anúnciese con nosotros.