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11 de junio de 2008
Por Luis León Barreto
Un suceso diferente, tragicómico podríamos decir. Pero representativo también de una mentalidad que está fuera del tiempo. La noticia se originó hace unas cuantas semanas, y se la vamos a contar al lector tal como la conocemos. Resulta que en Los Llanos de Aridane, el pueblo palmero con mayor población y dinamismo económico en estos momentos, un grupo de indignadas señoras han ido a visitar al alcalde con la siguiente exigencia: “¡Eche usted del pueblo a la legión de suramericanas que están seduciendo a nuestros maridos!” El alcalde se queda algo traspuesto, ciertamente las señoras que lo visitan son muy relevantes en el lugar. Algo tendrá que hacer. Así que de inmediato se pone en contacto con el comandante del puesto de la Guardia Civil, a quien le transmite el mismo asunto: hay aquí en el pueblo varios cientos de inmigrantes suramericanas que son un peligro para la moral y el orden público porque están seduciendo a los maridos más importantes. Gente de orden, esposos y padres ejemplares que está perdiendo la cabeza porque estas suramericanas son melosas, divertidas, sumamente atrayentes. El comandante del puesto de la Guardia Civil le hace ver al alcalde que, si tienen sus permisos en regla, no puede hacer gran cosa respecto a las inmigrantes. “Bueno, pero por lo menos vigílelas para que no se acuesten con los maridos.” Vaya encarguito para los miembros de la Benemérita: actuar de detectives en la Brigada Antiadulterio.
Los palmeros han sido emigrantes natos. A Cuba primero, a Venezuela después se fueron en tropel. Las mulatas y las negras de allá hechizaron a más de cuatro, era habitual que los emigrantes tuviesen una familia en la isla y otra en el país de destino. Y ahora, tantos años después, la historia se repite pero justo a la inversa. Ahora son las americanas las que vienen a la conquista del euro que tan ventajoso resulta para sus economías y de paso exhiben sus encantos a los insulares. Y éstos están más que dispuestos a compartir el cariño –clandestino o no- de las mujeres de la otra orilla. La Palma es una isla diferente. Su capital tuvo privilegios en el comercio, y constituyó un puerto importante, de sus astilleros salieron los veleros más veloces que hacían la ruta de Cuba. Pero cuando llegaron los barcos de vapor Santa Cruz de La Palma se hundió. Hoy La Palma es una de hermosa naturaleza pero casi estancada. Su población no sobrepasa los 85.000 habitantes porque los jóvenes salen a realizar estudios universitarios pero cuando los terminan no desean regresar a su tierra, por la falta de oportunidades. La Palma gusta a los alemanes y también a las suramericanas, y –aunque las palmeras también son embrujadoras y muy bellas- apetece echarse una cana al aire.
Juan Francisco Santana Domíngu: Preocupante la situación de estas pobres señoras. Es un canto a la pérdida de la pasión y a la monotonía. Me buscaría estrategias para sopesar ese desencanto y esa apatía amorosa pero cuando se pierde el embrujo y la complicidad, el ardor y el deseo, difícil, muy difícil, se tiene, a pesar de la intervención del señor alcalde y los fieles defensores de la ley.
Sergio N.: Yo no me puedo creer eso, Luis, pero si tanto problema tienen, ¡que se vengan pa Gran Canaria, hombre!
Ricardo Pérez: ¡Hombre! Lo del tropel de señoras yendo en procesión con el hocico arrugado a casa del alcalde a decirle que eche a las frescachonas sudamericanas lo tiene todo de escena de película de Berlanga.
Digo yo que si se pican es porque ajos comen. En lugar de enrasar por lo bajo echando a las pobres muchachas, no podrían estas buenas mujeres tomar alguna lección, no digo yo que de todo todo, pero de lo bueno por lo menos un poquito.
shibrahim: No sabe uno si reir o llorar ante este patetismo de "amar por obligación". Tal vez sería una opción ¿muy avanzada? el que ellas hagan lo mismo. Por lo menos este sarnoso mundo pasaría a ser mucho más divertido.
Fátima A.: Digo yo, Luis que alguna de esas muchachas vendrán acompañadas de sus hermanos, o algún pariente masculino, verdad? pués señoras palmeras hagan lo propio para su regocijo y en correspondencia a sus maridos. No pierdan el tiempo sino que disfruten también ustedes.
Luis León Barreto: Gracias, amigas y amigos por la participación. Efectivamente, parece de Berlanga o incluso de Almodóvar. La represión sexual todavía es fuerte en algunos lugares, pero no me negarán que la reacción de las señoronas es de novela. Creo que la inmigración latinoamericana es femenina en el 70 por ciento de los casos, por eso quizá las señoras palmeras tengan menos opciones. Creo que la rutina matrimonial acaba por quitar el deseo en muchos casos, y por eso cuando viene una zalamera de fuera pues los tipos van como locos. Creo que allí hacen falta consultores-as sexuales, para que la gente se libere. En La Palma el clero, la tradición y el caciquismo todavía pintan mucho. Gracias a todos de nuevo.
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