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07 de junio de 2008
Por Juan Francisco Santana Dominguez
Sintiendo como la mente se transporta y disfruta, una vez más, de la niñez y adolescencia, leyendo los evocadores momentos de La Peña de la Vieja y otros relatos de mi amiga Rosario Valcárcel. Rememorando y disfrutando de los olores, sabores, emociones táctiles de antaño. Las emotivas vivencias de nuestra amiga Rosario Valcárcel con su queridísimo abuelo Pedro, cinéfilo empedernido y enamorado de aquellas míticas actrices de Hollywood, o cuando con su amigo Óscar se fue al Teatro Cine Hermanos Millares, han hecho que la imagen de papá, bastante más joven, se me presentara ofreciéndome uno de sus mayores tesoros, una cajita cubana de puros Larrañaga, repleta de programas de cine. Yo siempre los denominé carteles de cine.
Hay que decir que mi padre nació en Cuba, concretamente en La Habana, en la calle Sapote nº 33, porque mis abuelos, emigrantes canarios, se conocieron en la isla caribeña. A los cinco años de edad papá volvió con su familia a nuestra Isla, y con aquella cajita, y aquí continúa junto a mamá. Volviendo al regalo que me ofreció, aquella cajita de madera, con su pequeño candado, se encuentra ahora junto a mi teclado y la observo, la toco, disfruto de la imagen que nos ofrece la cubierta, un paisaje tropical y una diosa sentada en una carroza con forma de trono y tirada por dos leones, a modo de la diosa frigia Cibeles, y rodeada de la multiculturalidad que supone tener a su lado a cinco niños de diferentes culturas, todo ello enmarcado por la imagen de unas monedas doradas y coronada con el nombre del fabricante Larrañaga. Al abrirla nos encontramos con pequeñas obras de arte, los carteles de cine que se utilizaban como medio de publicidad de los diferentes cines de la Isla.
Los carteles de cine tenían diversa y variada información: la imprenta que los confeccionaba, datos sobre las películas y sus actores, el director, el realizador de la litografía, los horarios, los próximos estrenos, tipo de pantalla, diferentes formatos, si era tolerada o no para los menores, el nombre del cine e incluso su fachada, en el caso del Cine Cairasco. Entre los carteles que coleccionó mi padre, desde muy pequeño, me llamaron la atención algunos títulos, entre ellos: Lady Hamilton, Correo de Indias, El último Estuardo, Justicia Corsa, La mujer enigma, El rey de la policía montada, Los últimos de Filipinas, El Doncel de la Reina, La hora de los fantasmas, Teresa, La mies es mucha, La Reina Cobra, En la selva del terror, Día D Hora H, La calle sin sol, 4 mujeres, Opio, El arco mágico, El primer amor, El último húsar, Fiel amigo o Altar mayor.
Decir que también desde niño me llamaron muchísimo la atención los carteles, ¡los genes hacen su juego!, y me dediqué a coleccionarlos. En una ocasión compré un lote a un compañero del colegio y así podemos ver algún ejemplar con cines de Tenerife. Según puedo ir leyendo en los pequeños programas de cine, ante mi mirada van desfilando muchas de aquellas salas de proyección, sólo me limito a reseñar las que constan entre las que poseo y así puedo leer el nombre de cines que ya son historia: Teatro Cine Galdós (Tamaraceite), Teatro Cine Tenoya, Cine Cairasco, Cine Víctor, Cine Rialto, Cine San Roque, Cine Vegueta, Cine Triana, Cinema Telde, Cine Numancia, Gran Cinema La Victoria, Santa Brígida, Cine Estrella (Montaña Cardones), Cine Díaz(Arucas), Teatro Circo de Arucas, Torrecine, Teatro Cine del Puerto, Cine Victoria, Pabellón Santa Catalina, Cine Avellaneda, Cine Sol, Cine Quilmes, Teatro San Martín, Cine Goya, Cine Bahía (recientemente demolido), Cine Astoria, Cine Guanarteme, Cine Doramas (Guanarteme), Teatro Circo de Arucas, Parque Recreativo, Cine Rex, Cine Agüímes, Cine Cuyás, Cine Avenida, Teatro Baudet (Santa Cruz de Tenerife), Teatro Hermanos Millares, Cine Colón, Frontón Tenerife, Cine Toscal(Santa Cruz de Tenerife), siendo de los últimos en desaparecer el Capitol, Carvajal y Royal. Parece increíble que pudiéramos tener tantos cines y ahora sólo podamos disfrutar de las salas que encontramos en los grandes espacios comerciales.
Hoy he vuelto a abrir, después de mucho tiempo, aquella viajera, inolvidable e intemporal cajita y he vuelto a disfrutar de aquellos espacios, de aquellos ambientes, de mágicos sueños que han vuelto de nuevo a despertar mi mente inquieta, aventurera, llena de fantasías y de viajes al país de no sé dónde.
Rosario Valcárcel: Mi querido Juanfra: Mil gracias por la lectura cariñosa de mi libro "La Peña de la Vieja y otros relatos".
Bello y evocador relato sobre la cajita que trajo tu padre de Cuba, sobre los programas de colores que te entregaban en la taquilla cuando ibas a ver una película. ¡Qué ilusión hacía coleccionarlos!
Mi padre igual que Alfredo en aquella película "Cinema Paradise" me enseñó a amar el cine y siempre lo tengo presente en mis escritos en mi vida.
Un abrazo apretado.
Agustín Mora: El cine es muchas veces, el diario que nunca escribimos en nuestra infancia o juventud. Y muchas veces, también, un tratado de memoria y valores que solamente, cuando somos adultos, reconocemos. Recuerdo, por ejemplo, algunas películas del entrañable "Cantinflas" que, bajo el terciopelo del humor fácil, escondían hermosos valores como los de la tolerancia, la solidaridad, la libertad, la humanidad... Nos reíamos cuando "El padrecito" le montaba la bronca al cacique de turno. Pero cuanta verdad, denuncia y deseo de justicia se escondían en esas broncas.
Gracias, Juan Francisco, por recordarnos la importancia del cine.
Un abrazo.
normando de Rosario Argentina: Hola Juan,
Rebuscas en tu exquisita nostalgia y ves a tu padre y tu pasado, dulce dolor el recordarlo..............., si tu buscas seres nostalgicos mira sin duda para este lado, los argentinos somos la nostalgia misma, los indios por lo perdido y los llegados por transplantados, uno de los mejores tangos se llama NOSTALGICO (Julian Plaza), hasta en Osaka lagrimean al oirlo.
Tu proclamas "los genes hacen su juego", mas que sentencia tiene la exactitud de un teorema, tú con los programas de cine, yo con el aroma a cedro o palo santo, mi padre Alfonso Jimenez Martel Henriquez Gonzalez, fue ebanista, era su perfume, y el aroma de la madera de cedro, como la nostalgia, nos hace casi.........eternos.
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