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02 de junio de 2008
Por Pablo Martín Carbajal
Cuando tenía veinticinco años entré a trabajar de becario en la Dirección General de Desarrollo de la Comisión Europea en Bruselas, yo venía de viajar cuatro meses en solitario por el sudeste asiático y toda aquella parafernalia de los becario, los encuentros en el pub por las tardes, las continuas fiestas, las borracheras de lenguas, aquel ferviente sentimiento europeísta, me traía un poco sin cuidado. Así que, en la obligatoria necesidad del ser humano de relacionarse con alguien, me hice amigo de un grupito al margen, un chico de Barcelona, otro de Avilés y una chica de Vitoria (qué manía los españoles de vivir fuera y hacer grupito con los españoles), con los que quedaba los fines de semana para ir a tomar algo, echarnos nuestras risas, y revisar la agenda de los próximos eventos político-culturales a los que podríamos acudir en la dinámica y viva ciudad de Bruselas. Así nos reuníamos tanto para asistir a una retrospectiva de Woody Allen, como para una charla del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, o para acudir a una manifestación en contra del bloqueo a Cuba. Recuerdo perfectamente aquella tarde frente a la Embajada de los EEUU, nos congregamos unos veinte camiones de policía y no más de quince manifestantes, una panda de amiguetes latinoamericanos semi-exiliados y nosotros, gritando con convicción consignas frente al imperialismo… Por aquel entonces mi sueño era ir a vivir a Cuba, y cuando una ONG de Gran Canaria contactó conmigo para confirmarme que era la persona seleccionada para acudir de cooperante a la isla (concretamente a la comunidad de La Panchita en Santa Clara) no puede sino sentir una inmensa alegría, una inmensa alegría muy muy grande.
Luis León Barreto: El inquieto Pablo tiene una biografía apretada, un currículum de hiperactivo Cuba también fue una decepción para mí cuando visité el país al final de los años 80. Pocos meses antes había estado en Rusia, entonces la URSS, que empezaba a vivir aires de cambio con Gorbachov. Y Cuba me resultó deprimente. Juré no volver mientras no hubiese alternativas. Y por ahora no he vuelto.
Juan Francisco Santana Domíngu: Muy bien enebrado relato en el que nos describes, en una gran síntesis, años jóvenes en Europa, momentos de rebeldía, de amor a todo lo rojo, ideas cumplidas y no cumplidas, copas con las amistades, almohadas y muchos sueños. Un reflejo de desencanto y la vuelta de nuevo a intentar llevar a cabo un viejo deseo. Todo ello magistralmente irbanado con el pretexto de presentarnos el nuevo libro de Belén Gopegui. Felicidades y un fortísimo abrazo.
¿Estrategias y Propuestas de Viabilidad de Guaguas Municipales?
José Castellano Arencibia
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