Inicio > Blogs > El Diwan > Sobre el “tráfico” y el “transporte” ilegal de personas

25 de marzo de 2008
Por Marta Leonor Vidal García
El artículo de Daniel Millet “Mafias, ¿qué mafias?” en el que se recogían críticas de diversos ponentes de las jornadas del Foro “Enciende África”organizadas por Caja Canarias, sobre el papel de los medios de comunicación en la realidad política y social de los países africanos, apuntaba al transfondo de un tema complejo que alguna vez había pensado comentar y aprovecho la ocasión: la diferencia de conceptos entre “tráfico” ilegal de personas y “transporte” ilegal de personas.
El “tráfico” o “trata” ilegal de personas es una forma de criminalidad organizada que implican “traficar”, es decir, comerciar con seres humanos que son inducidos a inmigrar mediante el uso de engaño, fraude o coacción con fines de explotación laboral o sexual en el país de destino por una organización criminal organizada que se sirve de medios tales como falsas promesa de empleo, matrimonios fraudulentos, engaños a familias para que le entreguen a los hijos con supuestos fines educativos o laborales... etc.. Todas estas formas de tráfico o trata de personas son nuevas versiones de la esclavitud, y en este caso estamos ante verdaderos “traficantes” integrados en organizaciones criminales o redes delictivas complejas con alto nivel de organización, sofisticadas ramificaciones y a veces contactos con las burocracias estatales de control fronterizo en los países de salida.
El “transporte” ilegal de personas, por el contrario, es un procedimiento de introducción o conducción clandestina de inmigración irregular, al margen de los requisitos legales de entrada en frontera, por el que las personas pagan a menudo cantidades abusivas y que se realiza en condiciones muy precarias, pero no contra su voluntad ni mediante engaño, ni va dirigido a la ulterior explotación laboral o sexual del transportado en el país de destino.
En el caso de las entradas por patera o cayuco estamos ante un negocio económico ilegal surgido en torno a una situación de necesidad y como consecuencia directa de ella, y en proceso de expansión por su alto nivel de rentabilidad (con un beneficio medio de 106.900 euros por cada cayuco según la estimación realizada en el estudio de Francisco Javier Vélez Alcalde sobre el negocio de las rutas atlánticas de la inmigración publicado en el último boletín del Real Instituto Elcano), pero la estructura de las organizaciones que operan en el mercado clandestino de transporte de las pateras o los cayucos, como reconoce el propio el artículo de Francisco Javier Vélez Alcalde, no se corresponde, con “redes dotadas de una estructura y organización sofisticada como las conocidas en otros ámbitos de la delincuencia organizada como el narcotráfico o el terrorismo”, sino de “organizaciones desestructuradas que responden a un modelo mixto, unión de redes mafiosas locales y comerciantes oportunistas” y cuyos procedimientos inicialmente rudimentarios, de simple intermediario entre propietarios de cayucos y organizadores de los viajes, se han ido perfeccionando en paralelo a la presión policial marítima y costera en tierra africanas. Salvo quizás el caso particular de las redes que operan mediante buques negreros, apuntada en el estudio, no estamos (todavía) ante el nivel de estructuración y ramificación propio de una mafia o de las redes del crimen organizado internacional.
Los fines de estos flujos de inmigración irregular son también distintos, pues la finalidad de explotación del inmigrante en destino por la organización, típica del tráfico, no se da en este caso, en que el inmigrante simplemente paga a una organización para que le introduzca en territorio europeo y una vez alcanzado su destino, la relación con la organización termina.
Por sus fines y el entramado organizativo, el flujo de inmigración irregular via marítima es un fenómeno diferente y no equiparable al "tráfico" en el sentido descrito, aunque el lenguaje político y de los medios de comunicación lo asimilen en la frase de “las mafias que trafican con personas”. Ello por supuesto no debe hacernos minimizar los riesgos del “transporte” ni perder de vista que la vulnerabilidad del inmigrante existe en ambos casos. En el “traficado”, sujeto en el país de destino a la violencia y a la explotación de la organización criminal, pero también en el “transportado”, que aunque no venga contra su voluntad ni engañado o no vaya a ser explotado en destino por la organización, paga cantidades exorbitantes (de 600 a 900 euros según el estudio de Francisco Javier Vélez Alcalde) por un viaje en condiciones penosas y de alto riesgo para su vida, que a veces se pierde en la travesía. Los que consiguen llegar tambien acaban siendo muchas veces víctimas igualmente de explotación laboral en la economía sumergida, de estafas de desaprensivos con falsas promesas de "papeles", de la exclusión social y la marginalidad, en el estatus de "infraciudadanía" que supone la condición de "sin papeles".
Las críticas al uso generalizado del término “mafia” por algunos ponentes de las jornadas del Foro “Enciende Africa” que recoge Daniel Millet se centraban no sólo en la inadecuación descriptiva del término a la realidad de estos pasadores, sino en otro aspecto importante, que es el desvío de atención que implica con respecto al verdadero origen del problema de la inmigración irregular, pues la demanda precede a la oferta y en este caso es la necesidad desesperada de inmigrar a cualquier precio la que favorece la aparición de organizaciones de conducción ilegal de personas, no a la inversa. No son las mafias ni la lectura de las regularizaciones en los Boletines Oficiales del Estado las que llevan a arriesgar la vida subiéndose a un cayuco, sino la desigualdad de oportunidades vitales separada tan sólo por un trozo de océano.
Juan Francisco Santana Domíngu: Es triste que los seres humanos se arrieguen a morir por conseguir un "Dorado" que ansían que luego se les torna "Quemado". Pienso que los países del mal llamado "Primer Mundo", deberían reflexionar en todo aquello que les ha aportado, en este caso, la cercana África y, a nivel individual, de la declaración de la renta ofrecer un porcentaje para llevar a cabo diferentes proyectos que mitiguen las necesidades y esas diferencias tan pronunciadas. En segundo lugar, a nivel general, los diferentes gobiernos asignar unas importantes cantidades que hagan que los seres humanos sigan desarrollando sus vidas en entornos cercanos y rodeados de los suyos.
Luis León Barreto: Espléndido trabajo, desmitificador. El hambre empuja a miles de mujeres y hombres a buscar una solución a sus vidas. Dice la Unesco que, con los parámetros actuales, Africa tardará 150 años en poder alimentar a sus habitantes, en llegar a un desarrollo aceptable para sus habitantes. Apañados vamos...
shibrahim: Excelente y clarificador este trabajo. Uno se desespera muchas veces, al tropezar con la "patente" de la "Verdad" expresada por los medios de comunicación, serviles obedientes de una ideología manipuladora que "crea opinión". Una vez más tiene uno que reconocer la certeza del viejo comentario: "Tristes tiempos éstos, en los que es necesario explicar lo evidente".
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