Que reto tan inmenso supone ser artista en Canarias. Que esfuerzo tan grande han de hacer y que camino más empinado han de caminar, todos aquellos canarios que tienen alguna cualidad artística que mostrar o demostrar. A mí, como a muchas y a muchos, nos produce especial tristeza el desamparo al que se han visto y se ven sometidos tantos y tantos artistas como ha dado y da esta tierra nuestra cada día. Casi abandonados por las instituciones, casi ignorados por los medios informativos, casi censurados en los circuitos culturales y de otra índole y casi, también, desconocidos por nosotros, sus vecinos, sus ex compañeros de pupitre, sus amigos de la infancia, de la juventud o de la madurez, por -en definitiva- sus conciudadanos y la sociedad donde crean, donde componen o hacen sus obras, donde trabajan y viven.
En tertulias, en actos culturales o en charlas formales o informales, constato, demasiado frecuentemente, la inconsolable soledad e incomprensión en que viven las gentes inquietas, las cabezas creativas, las mentes privilegiadas o los elegidos por las musas o por las hadas, para con sus manos, con sus voces, con sus canciones, con su escritura o con sus palabras hacernos emocionar, hacernos sentir. Cuando les expreso, como muchos, mi admiración o mi respeto, notas la satisfacción por la consideración de su arte, de sus habilidades, de sus expresiones, de sus obras… Nos recreamos y gozamos con sus creaciones y/o con sus especialidades cualidades, que a mi se me antojan como un tesoro, como un rico y valioso patrimonio social que debe ser alentado, incentivado, fomentado y, por supuesto, protegido.
Por decenas, por miles de motivos, nuestras instituciones, nuestros medios informativos, nuestros formadores que educan y definen las personalidades y sensibilidades de nuestros hijos en escuelas, institutos y universidades, todos nosotros, toda la sociedad canaria en fin, debemos poner los medios humanos, económicos e infraestructurales para cuidar esa cantera, ese arsenal de sensibilidades y habilidades, ese regimiento de talentos que poseen estas islas. No pueden, no podemos permitir de ningún modo que ni una o uno sólo de esos potenciales artistas se nos escapan por el sumidero, se queden sin pasar el cedazo de ni tan siquiera una oportunidad, que renuncien a sus condiciones artísticas innatas por que no encuentran un camino para expresarse, para enseñar lo que saben. No podemos ahogar a tantos y tantos valores naturales que da esta tierra nuestra de forma prolija.
Con este tema, vuelve y se repite el tópico aplicado a todas las maravillas que poseen nuestras islas y que, por lo general, parece que sólo son bien o mejor apreciadas por aquellos que nos visitan, que vienen de fuera. Multitud de amigos o conocidos foráneos, vinculados al mundo de la cultura en general, insisten en lo mismo una y otra vez: “no saben lo que tienen en esta tierra; das un zapatazo en el suelo y te salen un montón de artistas semi o consagrados ya o potenciales, escondidos aún en los gris de lo desconocido, esperando anhelantes su ocasión, su oportunidad para enseñar lo que también hacen, para explotar en ideas e inquietudes”… Que me jode eso, a mi y a muchos, que quien venga de visita sepa admirar y reconocer mejor que nosotros a nuestros talentos, a nuestros artistas, a nuestros valores. Que me jode, que todos demos la espalda a tal caudal de imaginación, de ideas, de obras de arte, de imaginación… ¿Cómo podemos permitir que esa corriente creadora quede estancada en la presa o en la alberca de nuestra ignorancia, de nuestras sensibilidades.
Muchos nos resistimos a ello –los artistas y los demás-; no nos resignamos a que se mantenga este estado de cosas en lo cultura, permitiendo tanto maletón sofocado. Nos parece una injusticia, nos parece un sicaterismo social, nos parece, en fin, una mezquindad para los tuyos, para tus iguales. Se asemeja a Caínes contra Ábeles, a animales que se comen a sus crías, a un parricidio colectivo contra la gente –tu gente- que impulsan conceptos tan necesarios en una sociedad como el conocimiento, la sensibilidad cultural, el deseo de saber y aprender, la imaginación, la capacidad de admirar el trabajo o el arte de otros… Si descuidamos esos puntales sociales y humanos, si dejamos morir en la ignorancia a esos individuos capaces -por condiciones naturales o por formación- de generar esas inquietudes, vegetaremos todos un poco o moriremos todos un poco.
Apelo, pues, a las instituciones, a los medios de comunicación, a los líderes sociales o de opinión, a los educadores, a las gentes con especiales sensibilidades y todos nosotros, para que arrimemos el hombro, para que apoyemos sin ambages, sin envidias y sin mezquindad a la gente de aquí que artísticamente tienen algo que decir. No se trata de dar la espalda al buen arte en todas sus modalidades que nos venga de afuera, sino de no dar la espalda a lo que se genera aquí, dándoles las mismas posibilidades, midiéndolos por el mismo rasero, pagándoles con el mismo bolsillo y abriéndoles los teatros, los auditorios, las salas de exposiciones y todos los ámbitos con la misma generosidad con que se los abrimos a extraños. Ellos, los canarios, son los “propios” y merecen nuestra atención, nuestro apoyo, nuestra defensa a ultranza y oportunidades. Si se las damos, ya sabrán ellos -los que valgan de verdad- ganarse nuestra admiración y respeto.
Entonces, que se levanten los telones, que se cuelguen los cuadros, que se expongan esculturas o manualidades artesanales de todo tipo, que se enciendan los micrófonos, que se afinen los instrumentos, que suene la música, que se preparen las cámaras y los objetivos, que se preparen las imprentas o que se abran los horizontes cognoscitivos, porque, si lo dejamos estallar y lo apoyamos, en Canarias hay mucho arte y muchos, muchos artistas.
Textos: Redactores de www.republicadelaisleta.com.
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Comentarios enviados
Juan Francisco Santana Domíngu: Estoy muy de acuerdo y también decirles que hay gente que se está preocupando en esta cuestión desde hace ya mucho tiempo. Lo triste es que los responsables, en muchas ocasiones, hacen oídos sordos a las ideas y planteamientos de profesionales cualificados. Entre los responsables debe haber, además de preparación específica, mucha sensibilidad y, desgraciadamente, vemos como sta premisa es una asignatura pendiente, en muchos de los casos. Recuerdo como la extraordinaria artista, la tristemente desaparecida, Pino Ojeda me relataba la aventura de recorrer parte de Europa con sus cuadros, casi bajo el brazo. Los tenía que transportar ella misma y se convertía en una auténtica pesadilla tirar de ellos cuando llegaba a un aeropuerto o a una estación.
Luis León Barreto: Un comentario muy atinado. Canarias se ignora, e ignora que se ignora. Amamos poco lo nuestro, los complejos de inferioridad hacen que casi siempre despreciemos lo que se hace aquí. Luego, la gente de la cultura de Canarias no se apoya mutuamente sino que se detesta, no trabaja en equipo. En fin, son muchas consideraciones. En el caso de los escritores, ahora tenemos la Asociación Canaria de Escritores de la que en un mes voy a ser el presidente, pero nuestra fuerza es escasa ante las autoridades regionales. No se nos tiene muy en cuenta, como bien dice nuestro compañero el bloguero. Sin embargo, del pueblo llano vienen las mejores respuestas: a veces este pueblo llano te sorprende, te entiende, te asimila. Cierto que la lucha del pensador, del intelectual, del artista, es difícil en todas partes. Pero aquí tiene unas connotaciones especiales. Una región como la nuestra, con 2 millones de habitantes, debería ser mayor de edad en la percepción cultural. No lo es por muy diversas razones. La literatura por ejemplo ha desaparecido de los planes de estudio; antes los chicos sabían quién es Tomás Morales o Pedro García Cabrera, ahora cada vez menos. En fin: muchas cosas desfavorables. Pero a pesar de todo los creadores siguen trabajando y seguirán haciéndolo.

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