Inicio > Blogs > El Diwan > El lenguaje de la inmigración: distorsiones y contraverdades

16 de mayo de 2006
Por Marta Leonor Vidal García
Sólo unos apuntes sobre la caracterización de la inmigración en el lenguaje de la comunicación social y la falta de inocencia de las palabras:
“Inmigrantes ilegales”. La ilegalidad no es nunca de la persona sino de su situación administrativa de entrada y estancia. Pero la calificación del inmigrante como “ilegal”, resaltando el elemento de de transgresión del derecho, ya lo estigmatiza de entrada como un “fuera de la ley”.
El “efecto llamada” de las leyes y las regularizaciones. Es obvio que las masas de desesperados o las redes que los transportan no se leen el Boletín Oficial de Estado para estudiarse la Ley de Extranjería. Y que los procesos de regularización sólo vienen a enjuagar cada cierto tiempo cifras ya existentes, pero las entradas se producen igualmente con o sin expectativas de papeles.
Pero lo peor viene en los términos con que se caracteriza a las entradas: “avalancha”, “oleada”, “invasión”.
“Avalancha” y “oleada” amplifican la dimensión masiva, caótica, conflictiva, catastrófica de la llegada, equiparada a un alud, a un derrumbamiento, a un fenómeno que arrasa.
La más contaminada es la metáfora belicista de la “invasión” por su evocación del aspecto de entrada por la fuerza, de ocupación ilícita.
Son imágenes todas ellas que cargan las tintas en la agresión fronteriza y en el fracaso del aparato estatal en la función clásica de la soberanía territorial: garantizar la defensa y la seguridad de las fronteras exteriores.
Visión distorsionada, por cuanto la ecuación “inmigración irregular=patera/cayuco” es reduccionista. El espacio sin fronteras interiores de la Unión Europea facilita el libre tránsito entre los Estados Miembros a “irregulares sobrevenidos” por caducidad de un visado turista llegados por cualquier aeropuerto de la Unión, que porcentualmente son mucho más numerosos. Y nadie habla de “avalanchas” de irregulares vía aeropuertos o fronteras terrestres. En el fondo es un problema de “visibilidad” más que de números.
Más peso que el supuesto “efecto llamada” tiene sin duda el “efecto expulsión” o “efecto salida” que se da en los países de origen: los factores políticos, económicos, sociales, de desigualdad en las relaciones comerciales internacionales, que fuerzan a una persona a querer huir a cualquier precio hacia una Europa mitificada por unos medios de comunicación globalizados, que son el mejor “efecto llamada” que existe.
Las metáforas de las “avalanchas”, “oleadas”, “invasiones” simplifican la inmigración a un problema de seguridad, la “amenaza” de las llegadas masivas. Pero la ironía es que sobre los propios inmigrantes irregulares en su nuevo estatus de infraciudadanía, se ciernen probablemente más amenazas de las que ellos mismos representan: superada la amenaza de perder la vida en el trayecto, luego vienen la de la explotación laboral en la economía sumergida, la de ser víctima de estafas de desaprensivos con falsas promesas de “papeles”, la de la exclusión social y la marginalidad, la de la difícil integración en una sociedad de lengua y costumbres ajenas, la de la obligatoria búsqueda de la invisibilidad social mientras se mantenga su condición de “sin papeles”..
Y sobre todo continúa la concepción de la política de inmigración como una política de ámbito estatal, de emergencia y del corto plazo. El refuerzo de los mecanismos de vigilancia de costas, la asociación de los países emisores en la función de control de fronteras y las ayudas condicionadas a la cláusula de readmisión de irregulares son actuaciones de emergencia, de gestión de crisis en el corto plazo que abordan el aspecto más superficial del fenómeno (el control de fronteras y la devolución de irregulares) pero sin actuaciones integrales en otros ámbitos, sólo se atajará temporalmente un problema que se acabará desplazando hacia nuevas vías y formas de entrada o hacia nuevas zonas. Solamente una política común europea de inmigración (aún inexistente salvo como objetivo) debidamente coordinada con la política comercial y la política de cooperación al desarrollo, que incida en la potenciación de cambios económicos y políticos en los países emisores, podría modificar las causas de fondo de ese “efecto salida”.
Mea culpa
michel: Evidentemente, los periodistas estamos sujetos a una máxima reduccionista. Bien por espacio (el número de caracteries que te permite un titular o un sumario) o por intentar hacer llegar al máximo de gente una información, no una opinión o análisis.
De todos modos, es nuestro objetivo no caer en mensajes racistas, vejatorios, xenófobos...
imagenes sociales
martavidal: Si se me permite opinar sobre mi propia entrada: yo creo que los medios de comunicación social no crean un discurso autónomo, sino que en el lenguaje simplemente reflejan las imagenes que del tema tiene la sociedad, porque las expresiones y metáforas son las mismas en el discurso político, en el lenguaje del ciudadano..
Yo pienso que es un problema más general de representacion y lectura social de una realidad. Y ahi sí creo que el tratamiento informativo de los medios puede jugar un papel importante porque a la vez que reflejan las concepciones sociales, pueden influir igualmente sobre ellas.
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