Inicio > Blogs > Mi espacio de opinión > A Francisco Díaz Falcón

06 de marzo de 2008
Por Juan Francisco Santana Dominguez
Este artículo, me deben perdonar, se lo quiero dedicar a mis hermanos. El más pequeño, Carlos, me pidió que le hiciera un texto para leer en el funeral que se le va a hacer a mi tío Francisco Díaz Falcón, que murió el pasado domingo, día 2 de marzo, y había nacido en el año 1913. Carlos me lo pedía emocionado y lloroso y le dije que lo escribiría pero sobre mis anécdotas y recuerdos, y así lo he hecho, porque las vivencias de cada uno de nosotros han sido de lo más variado. Éstas que te aventuras a leer son simplemente un ejemplo de otras muchas anécdotas y recuerdos, que sólo pretenden demostrar la categoría y el cariño paternal que mi tío nos ha brindado a lo largo de los años.
Escribir cuando alguien parte, para no volver más, es duro, muy doloroso, tanto que las lágrimas iban surgiendo en mis ojos, cayendo sobre el teclado, y no hubo forma de pararlas, mientras elaboraba este escrito, que a modo de homenaje, he querido compartir con todas y todos los amigos, los lectores y, como no, con mi familia, con mis hermanos. Al hacerlo y luego en el proceso de lectura y relectura me era imposible parar esa manifestación, tan humana, de las lágrimas. Escribir sobre mi tío Francisco, en realidad era tío de mi madre, va a ser muy complicado pues tendría que hablar de su relación con su esposa Lola, una maravillosa y cariñosa mujer que nos dejó prematuramente, dejándome muy marcado y con una gran soledad, con nuestros padres, Juanito y Carmela, con Hortensia y, evidentemente, con nosotros seis, mis hermanos y hermanas, como hijos afectivos y con Loli, como su hija de sangre. Todos y cada uno de nosotros podría extenderse en anécdotas y yo voy a mencionar las que a mi me vienen a la memoria, aunque hay muchísimas más, que nos acercan un poquito a lo que era Francisco para todos nosotros.
Lo primero que recuerdo es que me acompañó a una barbería cuando me cortaron el pelo por primera vez, unos enormes rizos que trajo a mamá en una cajita y aún hoy conservamos algunos de aquellos tubitos de pelo. Casi al mismo tiempo se dibuja en mi memoria el verle sentarse a elaborar juguetes caseros para el niño que se había caído dentro de una pileta y se produjo un corte en la cabeza.
Más tarde recuerdo que los perros, en el Polvorín, ladraban por la noche y él salía con su escopeta, como lo hacen los héroes de las películas. Era el guardián de aquel alejado lugar. En alguna ocasión daba un par de tiros y volvía a casa, en donde le esperábamos un poco asustados, pero él siempre volvía triunfante. En realidad ha sido para todos nosotros un héroe, un ejemplo difícil de imitar.
Todavía muy pequeño llegaba del colegio y, llorando, decía que los deberes no los sabía hacer. Allí estaba Francisco, intentando ayudarme, buscando soluciones a problemas y divisiones que a mí me parecían imposibles, evidentemente no era mi fuerte aquellas complicadas matemáticas.
Salía con él a dar de comer a los muchos perros, ocas, gallinas, palomas o a ver lo que contenían aquellos almacenes de explosivos. Me encantaba tocar los diferentes fusiles y pistolas que él utilizaba, aunque siempre estaba alerta, muy cuidadoso y atento al curioso niño.
Me acompañaba al cine, sobre todo al Doramas y al Guanarteme. Recuerdo algunas películas que vimos juntos “Los últimos de Filipinas”, “El tesoro de Sierra Madre”…
En una ocasión, cuando se estaba reformando la actual casa de mis padres, mis hermanos, mi padre y yo tuvimos dificultad para mover una gran piedra o bloque de cemento y él llegó y la movió sin ningún tipo de problemas. En aquel momento era un adolescente pero me quedé boquiabierto y sorprendido de su fuerza.
Me enseñó a disparar con aquel fusil, muy liviano, también con pistola. Colocaba cacharros y pasábamos ratos de entrenamiento.
En ocasiones, cuando mámá no podía, me iba a recoger cerca de la casa de Felisita, mi recuerdo emocionado y agradecido para ella, y Santiaguito, cuando regresaba en el micro, desde el Colegio de Dª Georgina, en la zona del Cine Bahía, o del Colegio Arenas, que estaba frente al Mercado Central. Volvíamos caminando por aquellos descampados, atravesábamos la casa de Milagritos Almeida, ¡qué buena mujer!, y entrábamos por la puerta de arriba de la alambrada que rodeaba el Polvorín. Durante el trayecto hablábamos de cómo me había ido en clase, aunque no era muy hablador.
Más recientemente en el tiempo, al comprar mi primer coche, allí estaba él para responder a nuestra llamada de ayuda. Siempre estaba presente para resolver cualquier eventualidad.
Cuando se retiró, ya en aquel entonces iba a trabajar cerca de Agüimes, porque habían trasladado los Polvorines de nuestra zona de El Cardón, recibió un homenaje, un reconocimiento a su larga trayectoria. Recuerdo aquel día con tristeza, a pesar de gozar de los regalos que le habían dado. Nuestro héroe estaba envejeciendo.
Recuerdo un diálogo que mantuvimos, más cercano en el tiempo, que mirando hacía atrás se daba cuenta de los difíciles tiempos que tuvo que vivir, padeció la Guerra Civil en propia carne en el cuerpo de zapadores, aunque nunca mató a nadie. Me habló de la tristeza de no poder gozar de las actuales libertades y placeres, mirando a la televisión. Me impresionó.
Después le he visto preocuparse por mis hermanos, ayudarles, lo mismo que hizo conmigo, relacionarse con los que luego nacieron, sus nietos, los hijos de Loli y el resto de mis hermanos. Como colofón final parece que quiso esperar a mi hermano Carlos y a su hija Karla, que vinieron estos días desde Fuerteventura, para despedirse de ellos. Era un portento físico.
No quiero recordarle postrado en cama y dependiente. Quiero verle como aquella gran persona, como aquel héroe, que siempre fue para nosotros, como El Jabato, El Capitán Trueno, Spiderman…con su poderoso físico, con su fuerza, con sus valores y virtudes. Todos nosotros hemos tenido la suerte de tener dos padres y dos madres. TQ, como escribió mi hermano Carlos en su nicho, el día en que se le enterró, todos te querremos y te recordaremos siempre. ¡Adios Pancho!
Rosario Valcárcel: Realmente tu tío debió ser un héroe entrañable, porque tu infancia, adolescencia y madurez estuvo llena de él. Y hoy tu escritura también está llena de él.
Un abrazo apretado.
Luis León Barreto: Una crónica melancólica y entrañable sobre una vida que debió estar muy llena de emociones. Vivir hasta los 95 años es un privilegio que consiguen muy pocas personas. Un abrazo para el autor de este artículo.
GUSTAVO: LA VERDAD ES QUE ME EMOCIONO AL LEER ESTAS PALABRAS DE MI HERMANO JUAN FRANCISCO.REALMENTE FUÉ UN SER MARAVILLOSO QUE NOS DIÓ MUCHÍSIMO AMOR
FUÉ COMO UN PADRE, UN TIO Y ABUELO A LA VEZ.
LE TENDRÉ SIEMPRE EN MI CORAZÓN
Carmen: Sinceramente me he emocionado al lee tú articulo, pues me ha recordado mucho a mi hermana, siempre me he quedado con haber escrito sobre ella y para ella, pero tambien le dije muchas cosas antes de irse.
Pero todo lo que cuentas es muy entrañable y con esa dulzura que tienes para escribir.
También es verdad vaya privilegio vivir 95 años.
Desde aquí te mando un fuerte abrazo y beso y mucho ánimo.
Tu amiga de fatiga.
Carmen
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
Antonio Hernández Lobo
Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
Fabio Bovi
Contra el poder, por la esperanza cargada de futuro.
Francisco González Tejera
Si el turismo se deslocaliza…¿morimos, “quemamos” otro territorio o nos transformamos?
Edu William
¿Estrategias y Propuestas de Viabilidad de Guaguas Municipales?
José Castellano Arencibia
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 | 31 | 1 | 2 | 3 | 4 |
Anúnciese con nosotros.