Inicio > Blogs > Del amor y las pasiones > Rmor de Navidad

19 de diciembre de 2007
Por Rosario Valcárcel
Cuando se aproxima Diciembre, el frío me hace más silenciosa y me lleva a deambular sobre recuerdos.
Caminaba observando escaparates, los recorría lentamente y tocaba en los cristales. Al aproximarme, mi vaho empañó la superficie. Se me enturbió la mirada y vi en un expositor unas figuras inmóviles que se empeñaban en contar una historia. Unos cantaban, otros bailaban…
En mi casa no existía la tradición de los Belenes, pero mis amigas se esforzaban por mantener aquel escenario prodigioso que solían armar por el día de la Purísima. El telón de fondo de las montañas, las colinas, el cielo –imitado con papel de seda azul turquesa -, los espejos que simulaban ríos por donde nadaban patitos, los pastores abrigados…
Pero la verdadera conquista de aquellos finales de año comenzaba en el patio de mi casa, testigo de los preparativos y las tradiciones de mi niñez. Allí se tendía el caballero abeto, áspero y poco flexible; acto seguido se le ungía con ternura de una lluvia de yeso que le precipitaba un aspecto de madurez. Aquel árbol era símbolo de longevidad en Japón y, sin pedirle permiso alguno, alcanzaba en un instante el arte y el misterio de la fugacidad de la vida.
Aquella aventura de cubrir el árbol de cal, imitando la nieve, era el comienzo de la Navidad.
Del patio pasaba a aquella habitación en donde se celebraban todos los acontecimientos importantes, y allí volvía a nacer de una forma mágica. Todos en casa hacíamos esfuerzos para cubrir su figura de plata, con bolitas y luces de tonalidades. Aún el recuerdo de su perfume me hace palpitar.
Los preparativos tenían la finalidad de alzarse como un grito, una llamada a un personaje que colmaría nuestros sueños. Ese gran anhelado era Papá Noel, el hombre gordo de barbas blancas.
Por fin llegaba la noche tan deseada y, al terminar de cenar, oíamos que él nos tocaba en la puerta, como una vecina cualquiera. Al verlo no sabíamos qué hacer ni qué decir: gritábamos, movíamos las manos y los brazos con gran alboroto, pero el ruido de su prodigioso trineo tirado por renos y el centelleo de su equipaje iban apagando las voces exaltadas de la familia.
Tocando una ruidosa campana se presentaba en medio de un silencio majestuoso; enseguida se acercaba a cada uno mientras lo observábamos con cierto temor y picardía. Sin prisas y con aire de bondad se inclinaba ante el pino y con mucha solemnidad depositaba a sus pies numerosos regalos, colmando las aspiraciones de todos los que nos hallábamos en el lugar.
Escondida tras los pantalones de mi padre lo miraba mientras se despedía y ahora, al paso de los años, todavía estoy poseída por ese hombre del que no estoy segura de que fuese de carne y hueso.
Fragmentos de “La Peña de la Vieja y otros relatos”
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
Antonio Hernández Lobo
Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
Fabio Bovi
Contra el poder, por la esperanza cargada de futuro.
Francisco González Tejera
Si el turismo se deslocaliza…¿morimos, “quemamos” otro territorio o nos transformamos?
Edu William
¿Estrategias y Propuestas de Viabilidad de Guaguas Municipales?
José Castellano Arencibia
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 | 31 | 1 | 2 | 3 | 4 |
Anúnciese con nosotros.