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17 de diciembre de 2007
Por Victoria González Ares
En todo proceso migratorio hay que tener en cuenta dos importantes factores, uno es la realidad de la persona que emigra y otra la del territorio de acogida. Canarias socialmente ha mostrado a lo largo de su historia una gran capacidad de acogida que ha dado lugar a un pueblo mestizo tolerante e integrador. Pero en los últimos años esas características se ponen a prueba por la considerable llegada de personas en un corto periodo de tiempo a un territorio limitado del cual la mitad goza de protección medioambiental y cuya orografía condiciona y dificulta los asentamientos humanos.
Durante la primera mitad del siglo XX Canarias fue una región de escaso desarrollo en la que se produjo un importante proceso migratorio dirigido principalmente hacia países de América Latina. Hoy en los albores del S XXI la situación se invierte y nuestra comunidad que ha alcanzado un nivel de desarrollo económico importante; basado principalmente en dos actividades: turismo y construcción ,que consumen territorio y demandan gran cantidad de mano de obra; se presenta como la tierra prometida para muchos de los que en el pasado fueron países receptores y para los países del entorno más próximo, África Occidental, así como, para un importante contingente de trabajadores europeos y de otras CCAA que atraídos por las ofertas de trabajo en el sector servicios y en la construcción vienen a Canarias buscando lo que en sus lugares de origen no encuentran, unas condiciones de vida dignas.
Todo este proceso que se ha intensificado de manera notoria en la última década, produciendo una gran presión sobre los servicios públicos, hace preciso la adopción de medidas que permitan la integración adecuada de la cada vez más necesaria inmigración legal y el control de la inmigración ilegal, para poder seguir disfrutando de esa sociedad integrada y de las cotas de bienestar alcanzadas por la misma en los últimos años. Manuel Castells, en una entrevista reciente, dice que la contradicción que existe en la sociedad española entre el rechazo creciente cultural y social de la inmigración y la necesidad absoluta que se tiene de ella, nos puede llevar en unos años a una situación explosiva. En Canarias empezamos a ver los primeros brotes de esa situación
Por una parte, nuestro modelo de desarrollo necesita un tipo de trabajador que ya no se encuentra entre los canarios, oferta un tipo de empleo que los canarios ya no quieren porque no se percibe como bueno y esas ofertas son cubiertas por inmigrantes. Por otra la situación de nuestro entorno más próximo América Latina y África (la distancia social entre Canarias y el África subsahariana es de 50 veces la renta por habitante, el mayor abismo social del planeta), nos ha llevado a que en los últimos cinco años el incremento anual de la población sea igual a la aparición cada año de un municipio como Arrecife. El incremento de población entre 1996 y 2005 sea como tener una nueva ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y la proyección de población prediga que para el 2020 llegaremos a los 2.500.000 habitantes , como si hubiera surgido una nueva isla de Tenerife con la población de 1990. Un crecimiento tan rápido en un periodo tan corto de tiempo hace imposible la adaptación de los servicios públicos a las necesidades reales de la población.
Por otra parte cada vez con más frecuencia nos despertamos con noticias de este tipo
“Otro muerto en un Cayuco” el mes de diciembre va camino de dejar un trágico balance de víctimas mortales en el flujo de la inmigración irregular con 8 muertos desde el pasado día 1. La última víctima mortal se registró tras llegar a la isla del Hierro un cayuco con 79 supervivientes a bordo y un fallecido …..( Canarias 7, lunes 10 de diciembre de 2007)
La globalización que vivimos en la actualidad no puede concebirse solamente como grandes flujos de capital y empresas que se deslocalizan buscando mano de obra barata y grandes beneficios. Si el capital y las empresas se mueven, las personas también se mueven. No se puede impedir que las personas se muevan buscando un futuro mejor para sus hijos y el día a día nos dice que hay miles de personas en la Europa del Este, en América Latina, en Asia y en nuestra vecina África que están dispuestas a arriesgar lo único que tienen por una vida mejor, y es precisamente esa Vida lo que arriesgan. Solamente un desarrollo global equilibrado y compartido permitiría parar estos grandes flujos. Nadie sale del lugar donde vive arriesgando la vida si allí tiene oportunidades para sí y su familia.
Si nos basamos en nuestra experiencia, la emigración de los Canarios y del resto de España no se freno hasta los años 70 del pasado siglo, época en que el Estado Español empieza a alcanzar ciertas cotas de bienestar y en él se instaura la democracia, es en ese momento cuando se invierte el proceso y los que habían emigrado huyendo del hambre y la dictadura comienzan a regresar. Por tanto creemos que cualquier solución que busquemos pasa por la cooperación para el desarrollo de los países emisores y la adecuada integración social y económica de los inmigrantes en la sociedad de acogida
Creemos que es preciso buscar soluciones que eviten en el futuro el estallido social que se puede provocar por no haber tomado medidas a tiempo, los problemas no suelen desaparecer ni resolverse solos, por tanto creemos que solo buscando soluciones ahora , podremos evitar que esto sea un problema en el futuro.
Los grandes flujos migratorios son el signo de esta época y son imparables. Una sociedad sin inmigrantes es impensable para cualquier país europeo ya que el crecimiento vegetativo es tan bajo que peligraría el precario estado de bienestar que tanto ha costado construir, quién si no los inmigrantes están sosteniendo el sistema de pensiones en una cada vez más vieja Europa, pero aun así empieza a haber brotes xenófobos en países tradicionalmente tan tolerantes como Holanda
El reto no radica en como controlar la inmigración sino en como conseguir, sin perder nuestra identidad, adaptar la sociedad a la multiculturalidad cada vez mayor que se da en las zonas desarrolladas, en como hacernos entender que nuestro mundo ya no es posible sin ellos y al mismo tiempo en como entre todos hacer posible un desarrollo equilibrado de los países emisores para frenar la sangría de población que ellos sufren y a la que nosotros no podemos dar adecuado acogimiento.
Rosario Valcárcel: Sí, precisamente en los años setenta nuestro país empezó a despegar y yo tuve la oportunidad de viajar por vez primera a Inglaterra y guardo un recuerdo curioso. La mayoría de los servicios públicos en aquel entonces ya estaban en manos de inmigrantes. Yo sentí que se intercalaban sus espacios, sus ocupaciones, que quizás siempre habían estado allí.
Hoy nosotros también recibimos inmigrantes que llegan a nuestras costas, siembran de cadáveres nuestro océano y se aventuran a cruzar el drama del hambre.
Tienes razón tendremos que adaptar nuestra sociedad, conservar nuestra herencia, nuestra identidad,con una conciencia colectiva, con un esfuerzo por medir el cambio.
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