JJ.Hazen fue claro en la expresión de su deseo: “Te mataré aunque tenga que abandonar mi propia tumba”. La contundencia de la frase dejó a JJ.William con una sombra aconteciendo en su espalda. A partir de entonces tomó decisiones para protegerse. Construyó una muralla electrificada alrededor de su casa. Empezó a usar chaleco antibalas y sus sueños echaron raíces pastosas. Cada día se dormía con el mismo pensamiento: ¿Qué he hecho para desencadenar el odio de Hazen?. En principio, dos cosas hicieron que Hazen concentrará sus metas en un único deseo. La primera cosa que hizo JJ William fue blasfemar contra el Dios de Hazen y la segunda abofetearle en el día a día con su opulencia.
Hazen no era lo que se dice una mala persona. Ni siquiera había pensado en que llegaría a amenazar a alguien de muerte, y menos a su mejor amigo. Algo que siempre le había prohibido su conciencia y su religión. Hazen era un hombre de oración diaria, ayuno y vida austera. Tenía espíritu nómada y siempre había soñado con establecerse en una ciudad grande y poblada. Creía con firmeza que en las grandes ciudades se diluye la oscuridad del corazón. Hazen visitó un día a JJ. William y le dijo: “He venido a ver cómo viven los que son como tú”. JJ William rió a carcajadas la ingenuidad de la frase. Hazen deambuló por la ciudad, gastó la suela de sus sandalias, trabajó en varios oficios indeseables; desatascador de pozos negros, vigilante de manicomio y rascador de chicles en las aceras. Y también colaboró con lo vecinos de barrio en oficios de riesgo; empatador de cableado eléctrico, encalador de muros en zonas de deslaves continuos, ensalsador de jolgorios nocturnos. En Japón estuvo a punto de encontrar un empleo de durmiente (persona que acompaña a dormir a otras que no logran conciliar el sueño).
Si bien una cosa era el deseo de Hassen y otra el desajuste entre sus principios y la vida disipada de las ciudades. Una cosa era el sistema y otra las convicciones en los privado. Era posible como diría el filósofo Junger Habermas, comprender el significado de acciones posteriores, sin que Hazen y William intercambiaran sus vidas. Para el filósofo el mundo de la vida es el lugar trascendental en el que el hablante y el oyente salen al encuentro y se plantean un horizonte de pretensiones comunes. A saber: ¿Cabe tu mundo en el mío? Así cabe si lo imagina el lector, un paralelismo: la amenaza nace de una confluencia entre el deseo, la irracionalidad y lo inexplicable. No hay verdad aparente, ni compartida y comprendida desde las ópticas de Hazen y William.
A pesar de ello, Hazen fue encajando todo en su espíritu poroso y sosegado. Hasta que un día. JJ William le espetó a la cara: “No hay nada que podamos hacer para remediar esto. Es mejor así. Vuelve a tu desierto, y déjanos con nuestra guerra en paz. Que Dios te proteja Hazen, y si no lo hace es porque no es un Dios de verdad”. Hazen había arrastrado su cansancio de años, pero en ese instante giró la cabeza y lanzó su frase lapidaria. Fue tal su fuerza y necesidad que él mismo se asustó. No supo qué haría después con todo aquello. Pero vio cómo el miedo empezaba a cubrir a su amigo, y no le importó. Vio que el efecto de su frase ya tenía rostro y raíz y se echó a andar con la firme idea de llevarlo todo a cabo.
Quizás las amenazas sobre pueblos y personas se construyen bajo otro halo. A estas alturas parece no importar demasiado dónde hemos perdido el hilo en amenazas que se ciernen sobre ciudadanos inocentes. ¿Dónde se perdió el hilo, cómo y por qué?. Pongamos por caso cualquiera de las amenazas que están en la palestra: Europa y América se sienten amenazadas por el fundamentalismo islámico. A partir de ahí el discurso oficial sobre la seguridad pública se construye a partir del blindaje frente a la “amenaza” de islamistas. La jihad islámica se remonta a un movimiento musulmán que surgió en Egipto en los años 20 con la creación de la hermandad musulmana. No hay legitimidad posible frente al terrorismo. Pero la hay acaso frente a los pueblos sometidos a la opulencia de Occidente.
Más al sur del Ecuador la amenaza traducida es hambre y poder (siempre lo ha sido con sus altos y bajos). En términos de discurso se resume entre otros argumentos ¿Cómo conservar la dignidad e igualdad de discursos, manteniendo eso sí la tensión de fuerzas? Toda amenaza tiene una historia llena de vericuetos y oscuridades. La baja pasión de una amenaza requiere recuperar el hilo lo antes posible. Quizás, amarrarla a la estatua ecuestre más pesada de este u otro país. De manera que si la amenaza se sube en ese caballo de bronce salgan volando los dos, frente el estallido absurdo de su irracionalidad.