Inicio > Blogs > A mi medida > Juan Antonio Navarro Armas: Sin respeto

01 de August de 2007
Por Pablo Rodríguez Valido
Al parecer Juan Antonio Navarro Armas ha confesado ser quien prendió el fuego que ha quemado más del diez por cien de la superficie de Gran Canaria. He leído que la acción humana está detrás de la mayoría de los incendios, sólo que a sus autores se les detectan poquísimas veces.
¿Cómo encajar la acción incendiaria de Juan Antonio Navarro Armas? Acudir al Código Penal no es suficiente. Tampoco definir las perturbaciones siquiátricas nos daría una respuesta satisfactoria. Debe haber más motivaciones para que los individuos actúen contra los bienes que son del común. Pues cuando no es intencionado, el incendio se produce por negligencia o por otras causas accidentales derivadas de la acción humana. En busca de esa respuesta he rastreado las informaciones publicadas en los últimos años sobre los incendios de Galicia, donde más de un centenar de sujetos están en espera de ser procesados o están ya en prisión.
Lo primero que destaca en las crónicas de los sucesivos incendios de Galicia es que el incendiario, aún cuando es descubierto y confeso, pasa rápidamente a un último plano. Dejando el interés de los medios de comunicación a las exigencias de responsabilidades a quienes gobiernan en esos momentos o en tiempos pasados. Las acusaciones más frecuentes son el mantener los bosques con excesivas ramas y hojas secas, o la falta de previsión en los momentos iniciales, o la improvisación, cuando no, el de dar información sobre la evolución de los incendios que ya la población sabía.
En Galicia cuando gobernaba el PP proliferaban los incendios. Ahora también los hay con el PSOE y el BNG en el gobierno de la Xunta. Recientemente hubo uno en el que se quemaron los más frondosos paisajes gallegos. En unos y otros casos, el que gobernaba era siempre receptor de las críticas de los que estaban en la oposición. Mientras el culpable o los culpables del incendio iban quedando olvidados hasta diluirse en el anonimato. Cuando no era la opinión “publicada” la que acababa exonerándoles de responsabilidad. En esa línea he leído toda clase de disparates: escritos que culpabilizaban a supuestos beneficiaros de la madera quemada o a quienes obtendrían ganancias con la subida del precio de la madera, hasta los que achacaban el incendio a ocultos intereses inmobiliarios.
Lo que llama la atención leyendo los datos de la Estadística General de Incendios Forestales es que en el periodo 1994-2003 el 62% de los incendios fueron provocados; de los cuales, el 76% se produjo en el NO de España (Galicia), mientras que el resto se registró en la Zona Mediterránea o en las Comunidades Interiores. Precisamente, en Galicia es donde más fabulaciones se publican sobre los beneficiarios de los incendios, y también donde más rápidamente se difuminan en el olvido los datos personales que identifican a los autores de los incendios provocados.
La sociología de los incendios es una materia relativamente nueva, que aún está investigando las motivaciones de los incendios intencionados. El vandalismo y la piromanía como enfermedad mental son dos posibilidades. Por eso conviene indagar cuál fue la motivación real de Juan Antonio Navarro Armas. Si como al parecer ha declarado ante la Guardia Civil el incendio lo provocó para que le renovaran el contrato de agente forestal, el tema es grave y afectaría a nuestro sistema de convivencia. Pongo el acento en esta advertencia porque la patrimonialización de los medios de trabajo también se da en otros colectivos donde el recurso a la violencia o al vandalismo es justificado por la razón de la fuerza.
Para Juan Antonio Navarro Armas su puesto de trabajo, los pinos, los brézales, todo la cumbre eran su patrimonio. No iba a permitir él que unos políticos excesivamente desacreditados en los medios de comunicación, vinieran a desposeerle de su poder sobre los montes. Antes –pensó- le pegaría fuego.
Seguramente desde prisión este incendiario confeso se ha enterado ya que algunos medios publican sus apellidos con siglas. Se puede pensar que ese respetuoso tratamiento ya lo barruntaba cuando usó un periódico para ocultar su rostro ante las puertas del Juzgado. Hay que centrar la indignación contra el pirómano, desviar la atención hacia instituciones o cargos públicos, sería de alguna manera disculpar la execrable acción de Juan Antonio Navarro Armas.
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