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18 de enero de 2007
Por Ana Criado
¿Recuerdan el fin de año? Hagan un esfuerzo. ¡Tampoco hace tanto tiempo! Apenas dos semanas y pico de nada... ¿Lo recuerdan? ¿Recuerdan esa medianoche del 31 de diciembre que fue llegando por entregas, de este a oeste, a todos los rincones de la Tierra? Sydney, el Monte Fuji, Pekín, la Plaza Roja, la Torre Eiffel, el Big Ben, Rio de Janeiro, Times Square… ¿Recuerdan esas campanadas, esa cuenta atrás, esos fuegos artificiales, esos deseos de paz, esa orgásmica espuma manando de aquellas fálicas botellas de champán, esas risas impostadas, esos abrazos, esos brindis, esa obscena felicidad? Todos, la Humanidad en peso, celebrando el año nuevo como si les fueran a regalar la vida eterna, o inclusive un coche, como si algo fuera a cambiar en sus vidas para siempre… Sentado delante de una globalizadora pantalla de televisión, iba uno viendo nacer el 2007, huso horario por huso horario, deleitándose con la papanatez del ser humano a lo ancho del planeta, y se sentía en cierto modo reconfortado: sí, somos todos iguales, todos igual de singuangos a los ojos de Dios… Todos tan contentos, tirando voladores, brincando y brindando y dándonos besos… Y, a la mañana siguiente, viendo caer como una guillotina la cruda realidad, rebanándonos de un tajo muy limpio la inexcusable candidez. Con decir que este año, en la Terminal 4 de Barajas, la realidad estalló incluso antes de que se iniciasen los fastos…
Fíjense, si no: de inmediato empiezan a pasar los días del tan cacareado Año Nuevo, y resulta que nos lo han vendido ya usado, como de segunda mano, con las mismas arrugas y abolladuras que el anterior, y que el anterior, y que el ante-anterior. Porque todo sigue igual. Y si no igual, peor. Los diálogos siguen siendo de sordos, o de besugos. ETA sigue practicando su tregua poniendo bombas asesinas. Los políticos siguen pareciendo verduleras. Los accidentes de tráfico, y los laborales, siguen siendo mortales. Los descerebrados siguen maltratando a sus hijos, a sus bebés y a sus compañeras (sentimentales). Las obras siguen amargándole la vida a los ciudadanos de todas las capitales, y tales y tales y tales. Los compañeros de trabajo te siguen poniendo las mismas zancadillas. Los restaurantes que se las dan de pizzerías siguen haciendo la pizza vegetariana con verdura de lata. Los semáforos siguen funcionando los fines de semana con el mismo régimen que en días laborables. Las pateras siguen surcando los mares cual veleros bergantines. Y te sube la luz, y el teléfono, y la cesta de la compra. Y te llegan las rebajas, pero sólo para lo que no hace falta ninguna: la ropita de marca, la bisutería, la cicatería, los complementos, los implementos, los suplementos... Porque no rebajan los alquileres, ni la hipoteca, ni el seguro del coche, ni los medicamentos, ni el dentista, ni los billetes de avión, ni la asistencia jurídica, ni el psicólogo, ni los arreglos de fontanería, ni las guarderías, ni los pañales, ni los implantes osteointegrados, ni las entradas del festival de música…
¿Qué decían ustedes que estábamos celebrando?
Carta abierta a un ex comunista o requiem por Augusto Hidalgo
Francisco González Tejera
Las muertes de los cayucos, una catástrofe humanitaria.
José Castellano Arencibia
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
Antonio Hernández Lobo
Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
Fabio Bovi
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