Inicio > Blogs > Vivir en tiempos de cambio > Dimensión de la inmigración

14 de enero de 2007
Por Jorge Rodríguez Díaz
Soy hijo y nieto de emigrantes a América. El mismo año en que nací, casi la mitad de la población censada en mi municipio residía en Venezuela. Esta emigración masiva que se produjo en Canarias en los dos primeros tercios del siglo XX permitió sobrevivir a muchísimas familias en una época en que la miseria imperaba en nuestra tierra. Por lo tanto, soy sensible a estos problemas que sufren muchos pueblos del mundo.
Pero, a pesar de nuestros sentimientos, ante el problema de inmigración que sufrimos ahora no cabe el razonamiento simplista e irresponsable de que si en el pasado nos acogieron y ayudaron en otras tierras, ahora estamos obligados a acoger a todas las personas que se nos acerquen con el legítimo deseo de sostener a sus familias y progresar. No, al menos, sin hacer un análisis de la verdadera dimensión del problema.
Más de 50.000 nuevas personas se quedan a vivir con nosotros cada año, unas 20.000 de ellas de forma ilegal. En relación a la superficie de Canarias (7.500 km2) esta corriente inmigratoria sería equivalente a que en Venezuela (916.000 km2) entraran para quedarse más 6.300.000 personas al año, o en España más de 3.300.000. Es evidente que esta presión demográfica sobre el territorio no la soportarían a largo plazo ni Venezuela ni España. Canarias tampoco.
No podemos negar que en Canarias la inmigración ha tenido efectos positivos en la dinamización de nuestra economía y también en la diversidad cultural de nuestra sociedad. Pero su volumen, intensidad y continuidad deben ser adecuados a nuestras circunstancias específicas territoriales, ambientales, sociales y económicas. En África malviven más de 300 millones de personas en situación de extrema pobreza, y en Latinoamérica algo más de 200 millones. La solución a este drama humano no es, no puede ser, que se vengan a vivir todos a Canarias, ni siquiera a Europa en su totalidad. La solución a este drama pasa, necesariamente, por que los países más avanzados seamos capaces de diseñar programas eficaces de cooperación que ayuden a las regiones más deprimidas del mundo a desarrollarse hasta unos niveles aceptables de autonomía económica y de dignidad humana.
No obstante, cada vez que alguien pone el dedo en la llaga y reclama para Canarias una política responsable de inmigración que limite los flujos de personas a la capacidad real de absorción que admite nuestro territorio, nuestra economía y nuestra sociedad, no faltan voces que se alcen para denunciarlo como xenófobo o insolidario, porque, ya se sabe, es más cómodo, más estético y, sobre todo, políticamente más correcto y rentable, mantener el discurso hipócrita, demagógico y estéril (por ineficaz en la práctica) de la falsa solidaridad y la acogida indiscriminada. Además, este discurso es menos comprometido y más divertido, especialmente si se practica en torno a unas cervezas europeas fabricadas con cebada cultivada en Sudamérica y lucimos finas prendas de marca manufacturadas en Asia con algodón africano.
Carta abierta a un ex comunista o requiem por Augusto Hidalgo
Francisco González Tejera
Las muertes de los cayucos, una catástrofe humanitaria.
José Castellano Arencibia
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
Antonio Hernández Lobo
Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
Fabio Bovi
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 | 31 | 1 | 2 | 3 | 4 |
Anúnciese con nosotros.