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19 de noviembre de 2006
Por Jorge Rodríguez Díaz
Recientemente hemos asistido a diversos actos encuadrados en la Semana Canaria de la Ciencia y la Tecnología y hemos podido constatar dos cuestiones fundamentales, por una parte, la importancia que la I+D+i local tiene para el desarrollo económico y social de Canarias y, por otra, que contamos con los recursos humanos y materiales necesarios para darle un impulso significativo en los próximos años.
Ante la evidente carencia de materias primas en Canarias, de mano de obra barata (si no deseamos crear bolsas marginales de inmigrantes) y de suelo, estamos necesariamente obligados a basar nuestra economía en una gestión inteligente del territorio y en los otros dos factores productivos de los que disponemos y que hasta ahora no hemos sido capaces de explotar eficientemente: el conocimiento y el capital que tenemos almacenado en la Reserva de Inversiones para Canarias, el cual debe empezar a ser dirigido a actividades productivas intensivas basadas en conocimiento, en detrimento de las tradicionales aplicaciones en bienes inmobiliarios.
El conocimiento reside en las personas y, aunque estamos ante la generación mejor formada de la historia de Canarias, debemos profundizar en nuestro esfuerzo por conseguir unos recursos humanos cada vez mejor cualificados, mediante políticas de educación orientadas a satisfacer las nuevas necesidades en los niveles de formación profesional, enseñanza universitaria de grado y de posgrado y formación continua. Además, es necesario que nuestra población mejore de forma importante el dominio de lenguas extranjeras (particularmente inglés y francés) y sus habilidades para el uso provechoso de las nuevas tecnologías.
Por otra parte, y en paralelo a la cualificación, es necesario potenciar la investigación y el desarrollo tecnológico a nivel local. En un modelo de desarrollo económico basado en el conocimiento es fundamental tener un adecuado sistema de I+D+i, lo cual supone que de la base de conocimiento que se genera a través de la investigación, una parte, tal vez pequeña, es aplicable al desarrollo tecnológico y, a su vez, una parte de estos desarrollos tecnológicos será introducida en las empresas en forma de innovación con alto valor añadido. Esto significa, en términos prácticos, que si queremos incrementar los niveles de innovación y competitividad de las empresas canarias, tenemos que aumentar la base de todo este proceso, que es la investigación básica, primero, la investigación aplicada, y finalmente el desarrollo tecnológico. La tristemente célebre frase de don Miguel de Unamuno “que investiguen ellos” ha sido durante demasiado tiempo una excusa para eludir nuestras responsabilidades en esta materia y ha frenado drásticamente nuestro desarrollo tecnológico y económico. No sólo tenemos la obligación de potenciar la investigación en Canarias sino que, además, podemos hacerlo con un alto nivel de competitividad en muchas áreas.
Por todo ello, es necesario contar con la concienciación social y empresarial de que tanto la investigación como la formación cualificada son imprescindibles en una sociedad con una economía altamente evolucionada, y ello implica asumir los costes económicos, laborales y personales que genera.
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