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08 de agosto de 2006
Por Ana Criado
En la Catedral de Santiago de Compostela hay una capilla dedicada a la Virgen del Pilar. Diseñada por Andrade y realizada por Casas Novoa en el siglo XVIII, en su ornamento aún se distinguen mármoles de Tortosa y Nápoles, turquesas de Lisboa, alabastro de Valencia, jaspe de Liguria, ébanos de Brasil y bronces de Septentrión… A pesar de su considerable deterioro, es una capilla muy bonita, toda decorada y repujada, con las armas de Fray Antonio de Monroy en el fuste de la pilastra norte, con una preciosa cúpula ochavada cuyos intradoses graníticos aparecen tallados con motivos vegetales, heráldicos y jacobeos, y con un retablo, cubierto de ornatos y alhajas, donde se encuentra la Virgen en la forma en que se le apareció al Apóstol Santiago. Los bancos que se alinean delante del altar están siempre atestados de fieles de todos los tamaños, colores, edades y pelajes, y a los que no caben sentados puede vérselos arrodillados por los rincones, orando en todas las lenguas del Universo, o simplemente meditando, dejando vagar su mirada por las conchas de vieira que adornan los arquitrabes, y su mente por los vericuetos de la fe, o la ausencia de ella. Toda esa gente que acaba de ponerse ciega de centollos, de pulpo ‘á feira’, de navajas a la plancha, de chuletones con pimientos de Padrón, todos esos seres humanos que acaban de ahogar su sentido de la mesura en medio litro de Ribeira Sacra o de Albariño Dorado de Portugal, de repente, en un abrir y cerrar de la verja que da acceso a la capilla de la Virgen del Pilar, se olvidan de que tienen cuerpo mortal, estómago e intestinos ensopados de mejillones al vapor y de cigalas y de caldeirada y de Ribeiro, y se convierten en entes superiores, espíritus puros e incorpóreos, fantasmas propiamente de sí mismos. Y allí, entre vapores del incienso que emana del botafumeiro, y melismas gregorianos emitidos por megafonía, la gente se hace buena y reza y pide para el mundo y para la Santa Madre Iglesia, y para sí, y para sus prójimos.
Lástima que no les sirva de nada: los conceptos tienen vida propia y la realidad gasta una piel muy dura. Lástima que Dios sea una entelequia, y la Virgen del Pilar otra. Lástima que los misiles de Israel y los de Hezbolá, aún viniendo del mismo cielo, no sean de la misma naturaleza que los cuerpos gloriosos, aunque tengan sus mismas dotes: impasibilidad (caiga quien caiga), sutilidad (pueden pasar a través de los cuerpos sólidos), agilidad (alcanzan su objetivo sin ninguna clase de distingos) y claridad (cegadora luz, aquélla que precede o sucede a un pepinazo).Gula y fuego eterno
silvia: Yo entré en pecado de gula en la catedral. ¡Pero qué rica estaba la mariscada!
El motivo de mi comentario no es gastronómico, sino que esas mismas dotes gloriosas las están desplegando algunos desalmados quemando la maravillosa naturaleza de bosques brumosos y de meigas.
No entiendo a qué viene tanta locura.
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