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20 de julio de 2006

La Historia se repite, a veces como tragedia.

Por Sergio Hernández Hibrahím

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     Hace unos días visioné un reportaje de Documanía, que versaba sobre el conflicto sionista-palestino. En una escena, varios soldados israelíes, armados hasta los dientes, daban grandes voces frente a una casa terrera, conminando a sus moradores a salir con los brazos en alto. Casi inmediatamente, dos mujeres y tres niñas pequeñas (de unos 7 u 8 años), salieron al exterior con las manos alzadas; las pequeñas mostraban unos rostros muy palidos y los ojos asustados mirando hacia la altura de los soldados, que las trataban a empellones.

 

     Este acontecimiento me trajo a la memoria una imagen antigua. Cuando tenía más o menos nueve años, pasé por una librería de libros viejos, cercana al Hotel Madrid, en cuyo escaparate había una fotografía en blanco y negro. En ella se veía a un pequeño (también de 7 u 8 años), vestido con una chaqueta rancia y unos pantalones cortos que le quedaban muy anchos, tocado además con una gorra de plato muy grande. El niño, que llevaba las manos en alto, parecía desolado, miraba parcialmente de lado a su espalda, a la puerta de donde salía; en ella estaba apostado un militar con casco nazi y fusil en ristre. Sentí una honda pena  (“¿Qué habrá hecho este niño?” “¿A dónde lo llevan?”).

 

     Años después tuve varias ocasiones de volver a ver la foto. Se refería a la evacuación del gueto de Varsovia antes de su liquidación por las SS. Y, ahora, los mismos rostros de pavor, la misma mirada de horror, la misma espera de lo desconocido.

 

     Los que han estudiado, aún someramente, el conflicto palestino, conocen de las ofensivas militares [de inteligencia], dirigidas contra los niños y niñas palestinas. En varias ocasiones, remedando a sus maestros nazis, los sionistas bombardearon los territorios palestinos (con anterioridad a la guerra de 1967), con caramelos envenenados. Sé que esto suena monstruoso, pero no es propaganda, sino la cruel y cruda verdad; los niños palestinos forman parte importante del enemigo a liquidar, porque ahí se fragua la impotente indignación de miles de infantes aterrorizados y sedientos de venganza.

 

     Después de la primera intifada los sionistas han visto claro que tenían razón (¿), al plantearse la liquidación física de los niños, porque niños han sido los que se han enfrentado en masa contra tanques de guerra, cañones y ametralladoras, armados sólo con piedras frente a esbirros protegidos con cascos y chaquetas antibalas, que nunca han tenido escrúpulos de disparar a matar y a quemarropa.

 

     La misma historia, el mismo cuento del espacio vital, defendido por Hitler y sus secuaces. El espacio vital ahora es Palestina, la mítica Tierra Prometida, a la que una enloquecida ideología desea llevar al pueblo judío, un pueblo que, como el alemán, está muy lejos de ser un grupo humano homogéneo (no existe un solo pueblo homogéneo), dado que en este caso lo define principalmente su adscripción al Libro. Esta utopía absurda (más bien una anti-utopía), pretende sostenerse en un derecho que carece históricamente de toda legitimidad, lo cual debe llevarnos a una triste reflexión: no importa cuán disparatada sea una ideología, si está respaldada por un aparato militar y unos apoyos políticos lamentablemente eficaces, como ocurrió en el caso nazi y ahora con el Estado terrorista de Israel.  Los palestinos, habitantes inmemoriales de ese territorio, deben renunciar a sus derechos, a su propia existencia como pueblo, en nombre de personajes míticos (Abraham, Moises, David….) cuya existencia [aparte de legendaria] es, cuando menos, más que dudosa. Pero, por si eso no bastara, siempre tienen a mano la coartada chantajista del holocausto nazi. Los judios fueron las únicas víctimas del nazismo, las demás, no importan que también sean millones, no cuentan nada. Los judios (los sionistas) han recibido un respaldo, una legitimidad histórica…..!para liquidar al pueblo palestino! ¿Y qué tiene que ver Palestina con Europa? ¡Ah! Da igual, una “utopia” es una “utopia”.

 

     Hay que recordar que el movimiento sionista nació en las postrimerías del siglo XIX. Fue en 1886 cuando Teodoro Hertz (1860-1904), uno de los más importantes promotores de tal propuesta política, propone un plan de creación de un Estado judío. En 1897 se celebró en Basilea el Primer Congreso Judío. En los años 1896-1901, Hertz gestionó con Turquía (a la sazón ocupante del territorio) la concesión de “derechos reales” en Palestina, con vistas al logro de sus objetivos políticos declarados, sin resultado.

 

      El 2 de noviembre de 1917, el Ministro de Asuntos Exteriores británico Arthur Balfour se comprometió, en una carta dirigida al dirigente sionista británico Lord Rothschild, apoyar la constitución de un Estado judío en la entonces posesión turca de Palestina. Fue la famosa Declaración Balfour. La declaración señaló que el nuevo estado no debía causar perjuicios a los derechos de la población arabe del territorio. Piadosas palabras para respaldar una auténtica expoliación.
     Tras la I Guerra Mundial, Palestina fue asignada a Gran Bretaña como mandato de la Sociedad de Naciones (“protectorado”).  Su complicidad con los grupos terroristas judíos fue evidente desde el principio. El ejército británico persiguía a mansalva a los palestinos rebeldes, ahorcándolos masivamente. En abril de 1948, el Grupo Irgun (de carácter terrorista, dirigido por Menachem Begin, Premio Nobel de la Paz 1979 ¡¡¡), invadieron la aldea palestina de Deir Yassin, masacrando a 250 hombres, mujeres y niños. Entre 1947 y 1949, los terroristas sionistas asolaron más de 400 pueblos palestinos, matando o dispersando a sus pobladores e implantando en ellos sus comunidades judías. He aquí el origen de la emigración masiva de palestinos al extranjero.
     El famoso Holocausto –dicho sea con el respeto debido a todas las personas asesinadas por los nazis- les ha venido a los sionistas como anillo al dedo, para “justificar” el cúmulo de atrocidades genocidas que están desde el origen mismo de la fundación del Estado de Israel. Mas es evidente, que los designios de ocupación y erradicación de la población palestina ya estaban en el “proyecto inicial” que se ha venido consumando sistemáticamente desde la partición.

     Y así son las cosas: matar, liquidar, hacer desaparecer a ráfagas de metralletas, limpiar la casa para construir la mía sin estorbos de gente que no vale más que un manojo de pulgas (así tachaban los nazis a los judios, gitanos,  soviéticos……..). Y, como la población palestina crece en proporciones geométricas, tanto en su propio territorio como en el exilio, sólo es posible compensar esto con la importación masiva de “judios” de cualquier nacionalidad (un millón de pasaportes tiene previsto entregar Israel a “judios” extranjeros) ¡Cabe mayor injusticia! ¡Y el sol sigue saliendo todos los días!

 

     Da igual que el hebreo de turno sea un imbécil oriundo de Argentina y con acento porteño, como alguna vez hemos tenido ocasión de comprobar en algún reportaje. Un tio de Buenos Aires (para ejemplo un botón), despotricando de los palestinos y acusándolos de terroristas. Pero ¡Qué hace un argentino en las montañas palestinas, con un cinturón de balas cruzándole el pecho, insultando a un pueblo que no cuenta practicamente con medios eficaces de resistencia! Pues resulta que ese ejemplar de cretino sin escrúpulos ¡es judío (léase sionista)! O, lo que es lo mismo, un miserable mercenario al servicio de una de las causas más injustas que la Historia pueda recordar.

 

     Ayer fue un atentado suicida de palestinos desesperados. Hoy, por un soldado, por un miserable miembro de la soldadesca sionista, se abaten bombas, misiles y balaceras contra la población civil indefensa. Ya lo dijo Hitler: un soldado alemán es infinitamente más valioso que cien [gitanos, judios, rusos…..]. Quién podía pensar que esta historia volvería a repetirse.

 

     Un soldado ¡qué digo!, un dedo de un soldado sionista, es infinitamente más valioso que decenas y centenas de niños palestinos asesinados a mansalva. ¿A dónde ha ido a parar la consciencia de la Humanidad? ¿Qué ha ocurrido para que todos estemos aquí, callados ante tanta monstruosidad? ¿Qué resorte se le ha roto a nuestra gente para permitir que estas cosas ocurran sin que ninguno levantemos la voz protestando? ¿Qué amnesia humanitaria nos está aquejando, que olvida la fuente principal de este conflicto (el indignante despojo y el asesinato, perpetrados a todo un pueblo), en el que la Historia y las sociedades todas se juegan su propia dignidad?

 

     En esta cuestión de la Historia Marx se equivocó. Es falso, monstruosamente falso, que la historia que se originó como Tragedia, al repetirse lo haga en expresión de Comedia. La Tragedia Palestina es un llorado y horrible remedo de la Tragedia de los exterminios nazis. Sharon es un Goering, los militares sionistas son la reencarnación de las hordas que arrasaron Europa. Ahí están todos, Himler, Ribentrop, Rosemberg, Heidrich, liquidando palestinos, sembrando el terror, derribando casas, asolando y haciendo desaparecer toda una cultura milenaria.

 

     ¿Qué diría aquel niño judio que fue sacado del gueto de Varsovia a punta de balloneta, si pudiera hoy ver a tantos niños y niñas palestinas asesinados?

 

     La Historia se repite.

Comentarios enviados

Antonio: La prensa no informa, y deforma la información, tal es el caso de la prensa de mi país, realmente duele y angustia ver que la tragedia de los palestinos se oculte y se dilate la solución, mientras que Israel continúa masacrando y ocupando territorios que no le son propios, acusando de antisemita a todo aquel que diga algo en contra de sus intereses. Las principales potencias callan maliciosamente.

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