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22 de June de 2010
Por Sergio Hernández Hibrahím
La denominada “transición política”, esencialmente, no fue más que la imposición forzada (vg) de un consenso político encaminado a garantizar el recambio de la forma de Estado –dictadura versus monarquía parlamentaria- promulgando una constitución homologada al estilo europeo.
En ese recambio las clases trabajadoras se vieron imposibilitadas de salvar sus legítimos intereses, pues “sus” partidos (hablo sobre todo del PCE, excluyendo otras fuerzas de izquierda minoritaria) y sindicatos (fundamentalmente CCOO y UGT) se apresuraron a forzar su propia homologación para fijar un sistema de colaboración de clases; ya digo, al más puro estilo europeo (Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia en menor medida, etc).
En esa especie de solución de continuidad las clases trabajadoras sólo salvaron algunos aspectos modestos: cierto reconocimiento de los derechos sindicales, consolidados parcialmente a través de la jurisprudencia del TC, y su cualidad [incierta y mediatizada, todo hay que decirlo] de interlocutor válido respecto a la fijación de las condiciones de su explotación económica. Antecedente importante fueron los Pactos de la Moncloa, que restringieron la capacidad de las clases subalternas para alcanzar un mínimo nivel de subsistencia.
El proceso posterior deambuló a través de un progresivo vaciamiento de los derechos laborales, consolidados a través de los acuerdos a nivel de Estado entre los sindicatos oficialistas y la patronal. En una primera tirada, fue el gobierno de PSOE, después de la caída de la UCD, quien se ocupó de imponer la llamada reestructuración industrial, despidiendo a miles de trabajadores; después se ha extendido un cúmulo de figuras contractuales que han consolidado el empleo precario, cuya incidencia se ha convertido en un factor de inestabilidad económica muy grave para las clases trabajadoras.
Todo el devenir posterior viene marcado por la imposición de los acuerdos interconfederales suscritos entre la patronal y los sindicatos oficialistas estatales, que han tenido una especial incidencia respecto a la “fijación” de los parámetros de la negociación colectiva y sus secuelas de empobrecimiento de la capacidad adquisitiva de l@s trabajador@s.
Guste o no, este es el trasfondo económico que ha venido girando como telón de fondo de un sistema político en el que la democracia tiene nombre y apellidos: estamos inmers@s en la “democracia formal”.
¿Qué significa esto? Existe una cierta libertad de expresión, ciertas libertades de reunión, y el derecho a participar en un carnaval político en el que las opciones son esencialmente idénticas (PSOE, PP, etc ¿qué más da?), de tal modo que es imposible penetrar en un escenario controlado por una capa de individu@s usufructuari@s, que vigilan para que el tinglado no se conmueva.
La capacidad de intervención de la sociedad civil está mediatizada por un cúmulo de cautelas, prevenciones y obstáculos burocráticos, amén de continuas amenazas que se ciernen constantemente contra l@s revoltos@s. Puedes leer lo que desees, puedes clamar contra los abusos y las corruptelas, inútilmente, porque la capacidad del sistema para reproducir el tajo existente entre lo “oficial” y lo “real” es inconmovible.
Tal es así que, salvando las obvias diferencias [que son de peso, lo reconozco], a veces me recuerda el régimen que alumbró la restauración de 1876, donde los conservadores y liberales se repartían el poder periódicamente mediante un pacto de alternancia asentado sobre el caciquismo, en el que era imposible penetrar.
Se trata, pues, de una dominación muy compleja, porque el poscapitalismo dispone de una enorme capacidad de integrar cualquier oposición que pueda generarse en su seno, para lo que dispone de múltiples mecanismos, que van desde la marginación y ridiculización de las minorías hasta el combate frontal a través de las amenazas más o menos larvadas, cuando no la franca desarticulación de fuerzas políticas de mayor peso; en todo esto no es nimio el papel que juegan los medios de comunicación.
Esto lo diferencia del capitalismo anterior en el que, desde su inicio, los movimientos de izquierda ostentaban una enorme capacidad de ser identificados claramente como alternativa a las evidentes lacras de una sociedad basada en la explotación económica. Hoy, por el contrario, estamos ante una especie de “tolerancia represiva”, que viene configurando el “forzado consenso” al que me refiero más arriba.
Pero hoy nos enfrentamos a un auténtico salto cualitativo: los últimos resquicios que le quedaban a las clases trabajadoras, su precaria capacidad de supervivencia, estalla ahora por los aires. Literalmente, el decreto del gobierno del Estado rompe el espinazo de las clases subalternas, las hunden en una escasez sin horizonte viable de superación.
Se trata de una auténtica ruptura, porque el consenso se ha ido a hacer bolinas, llevándose los últimos resquicios de democracia y libertades formales que aún malvivían en un sistema corrupto hasta la médula.
¡Al infierno con todo!
pesimista: quizas estoy mas pesimista de lo habitual pero me parece que la democracia formal supone que el sufragio al final se convierte en un cheque en blanco para que el grupo parlamentario en el gobierno haga lo que le parezca durante 4 años parapetado en una mayoria aritmética y sin posibilidad de control alguno de sus decisiones. La mocion de censura es una figura inviable pues aunque pueda haber acuerdo en los partidos de la oposicion en derrocar al gobierno, la constitucion exige que se apruebe por mayoria absoluta e incluya un candidato a la presidencia y en esto ultimo esta claro que es muy dificil que los partidos se pongan de acuerdo. Pero es que el control parlamentario clásico no es eficaz en temas tan importantes como el control de la eficacia del gasto publico. ¿como impedir que se aprueben medidas de gasto ineficientes o se mantengan partidas de despilfarro? yo no tengo respuesta a esa pregunta. La realidad es que el ciudadano no tiene posibilidad alguna de participar en procesos de decision que le afectan directamente como la forma en que se gastan sus impuestos aunque no la comparta. Queda el pataleo, la labor de denuncia de los medios (a veces) y poco mas pero exigir responsabilidades a un dirigente incompetente o mal gestor es imposible.
pesimista: y voy a plantearle otro tema que de vez en cuando sale en los medios: el famoso asunto de la responsabilidad patrimonial de cargos publicos por actuaciones que lesionen las arcas publicas como esas famosas sentencias de indemnizaciones millonarias. Saavedra sacó hace poco ese tema en prensa mostrandose partidario de exigirla pero yo no me creo que ningun responsable politico vaya jamas a ponerlo en practica. ¿quien le va a poner el cascabel al gato sabiendo que mañana le puede tocar a el?
shibrahim: El tema de la responsabilidad patrimonial de los políticos, me parece, es un sonsonete más de la demagogia que impera en un régimen que segrega corrupción por todas partes (con decentes y minoritarias excepciones). Pero es que no puede ser de otra manera, dado que a la sociedad civil, a las grandes mayorías sociales, no se les reconoce personalidad alguna en el control del poder, si no es más que para acercarse cada cuatro años a las urnas a optar entre opciones que mantienen un discurso común, en el que está más que consolidada la política del dominio de las grandes fortunas.
La corrupción es buena porque donde todo el mundo (o gran parte) mete mano en las arcas o se vende al mejor postor ¿quién se va a erigir en justicier@?. Todavía recuerdo cuando Bernarda Barrios visitó una notaría para protocolizar solemnemente el “compromiso” de cumplir a rajatabla su programa electoral. Una broma, una inmensa tomadura de pelo, cuando la planificación política está forjada sobre el olvido de las trampas y estafas, y la magnificación falseada de los presuntos aciertos. ¿Cómo va el “electorado”, esa especie de entelequia que no tiene medio alguno para obligar a sus representantes, como va, digo, a demandar a los políticos por sus incumplimientos? ¡Por favor!
No lo olvidemos, en el sistema representativo (ya lo dijo en su día Condorcet) cada diputado representa a la “totalidad de la nación”, otra entelequia más destinada a justificar un sistema en el que las grandes mayorías son simples convidadas de piedra.
El drama que hoy vivimos prueba sin ningún género de dudas que esta es una democracia para las personas ricas y pudientes. A los pobres sólo se les permite coger la papeleta para decidir quienes les van a propinar la próxima jalada.
Deberían presentarse a las elecciones los grandes financieros y presidentes de las corporaciones y holding empresariales; cierto que el resultado sería el mismo, pero al menos veríamos directamente los rostros de los fulleros, estafadores, embaucadores y sinvergüenzas que “de verdad” ostentan el poder, y no los de sus patéticos mayordomos (Zapatero, Rajoy, Paulino, Soria, etc. etc.) que dicen ¡hay que fastidiarse! que esquilman al común, a todos nosotros, por nuestro propio bien.
José Luis Antonaya: No están faltas de algo más que razón, amigo Sergio, tus, pese a ser tan lógicamente airadas, sabias y atinadas apreciaciones acerca de la mal llamada Transión Democrática y, por supuesto, de sus "pésimas"(como diría el maestro Saramago) consecuencias ulteriores. Las que hoy sufrimos todos/as.
Sin embargo, y sin perjuicio de compartir contigo al 3654 por ciento tu no más bien desesperanzado análisis de la hostíl circunstancia en que se(nos) desenvuelven(desenvolvemos) hoy las clases trabajadoras, entiendo que no es del todo justo culpar a la Transición y sus actores de entonces( o sólo a la Transión, y a sus actores de entonces) de todos los males presentes.
Nunca me ha apetecido polemizar con "uno de los míos" porque, entre otras cosas, sería del todo contrario a los intereses de nuestra clase que nos enzarzáramos en discusiones que, si no banales desde una perspectiva meramemente histórico-"museística", son a 24 de junio de 2010 ya del todo estériles. Pero ello no obsta para que, en cuanto que cómplice(quizás inconsciente por no sufientemente maduro en lo político) de lo que pasó entonces, incluyendo los Pactos de la Moncloa, no deba recordarte que los tiempos y la circunstancia ambiental no eran precisamente los más propicios para andarse con demasiados maximalismos.
Porque éramos multitud entre los de izquierdas de la época(que entonces lo éramos de verdad) los que percibíamos el riesgo cierto de una involución sangrienta que, como el fallido intento del 23-F de 1982 demostró, era algo más que una mera elucubración gratuita. El "ruido sables" era en aquellos días un hecho ensordecedor cierto que nadie va a negarme; porque yo lo viví. Y que si bien no excusa los gravísimos errores que evidentemente cometimos los que estábamos ahí, sí debería hacerlos más comprensibles para quiénes, como tú mismo en tu artículo, examinais la cuestión a la luz de la Historia.
No fué la Transición precisamente un camino de rosas para quiénes, habiendo peleado durante decenios contra la dictadura del genocida y habiendo recuperado un mínimo de la anterior libertad republicana, se(nos) enfrentaban(enfrentábamos) a una situación inédita para nosotros, y no suficiente ni serenamente analizada. Porque aquellos momentos tampoco estaban para demasiados análisis.
Y es claro que, como vulgarmente se dice, "metimos la pata hasta el corvejón". !Mea culpa, mea culpa, mea mi grandísima culpa! por mi pequeñísima parte de responsabilidad en aquello. Álgo así hice ya públicamente hace un par de meses ante la Audiencia Provincial en un acto de apoyo a Garzón, y no tengo el menor inconveniente en hacer lo mismo, por escrito, en esta respuesta.
Pero ahora soy yo el que pregunta: ¿es que acaso, más de treinta años después de aquellos errores, nadie de quiénes nos han relevado han sido capaces de corregir aquellos errados inicios?. Porque, transcurridos los años y visto lo visto, tal parece como si la generación y pico que ha llegado después hubiera quedado eternamente prisionera y aherrojada por lo que sus mayores hicimos y, lo que resulta bastante evidente, sin la menor capacidad de respuesta para pelear por la resolución de aquellos presuntos entruertos y para, como diría D. Quijote, "desfacerlos". Y de ésa inacción y pasivo entreguismo acomodaticio ¡por favor!: !que se nos acuse a los que estuvimos en la Transición!. Porque si como hoy en día todos defendemos los pueblos somos responsables de nuestros destinos, ¿es acaso honesto descargar sobre los que nos antecedieron todas las culpas, y autoliberarnos nosotros mismos, AQUÍ Y AHORA, de cualquier reponsabilidad en los males que nos aquejan?.
Podría seguir adelante con la exposición de mis opiniones al respecto, pero creo, Sergio, haber dicho ya lo que procede de la forma más simple y escueta posible.
Un fortísimo abrazo solidario, compañero.
pesimista: gracias por responder. Y al hilo de su observacion del ultimo párrafo, la de los poderes economicos que estan detras de la toma de decisiones politicas quiero preguntarle algo ¿que opina del sistema de financiacion de partidos propio de paises anglosajones en que se admite la financiacion privada? En España hay un rechazo a ese modelo que para mi tiene una ventaja: la de la transparencia siempre que esas donaciones sean publicas y conocidas por todos los electores. ¿cual es su opinion?
Luis León Barreto: Una reflexión profunda, que da pie a muchos razonamientos. Las contradicciones son beneficiosas. Todos somos hijos de ellas. Adelante.
shibrahim: Al compañero José Luís Antonaya.- la discusión, el debate, la polémica si se quiere, es buena en sí misma, sobre todo entre compañeros de lucha. Cuando éramos chicos nos lo decían los viejos: “de la discusión viene la luz”. Estimo que no hay que dar nada por sentado, la duda y la constante reflexión es una responsabilidad que tod@s tenemos.
A propósito de la llamada “Transición”. Mi intención no es, nunca ha sido, culpabilizar a nadie por lo que ocurrió; procuro acercarme a los hechos tal y como ocurrieron, y parece evidente, usted mismo lo reconoce con todos los matices que aporta y que yo respeto sin reservas, que “aquellos barros trajeron estos lodos”.
Pero sería un error lamentable achacar todas las calamidades actuales a aquella fase histórica. La posición del PCE respondía a una política preconcebida que pugnaba por separar radicalmente la lucha por la democracia, del esfuerzo por avanzar posiciones favorables a las clases trabajadoras.
Pero la cosa no es tan sencilla. Las clases trabajadoras carecían de expresión política a nivel de Estado, dada la renuncia del PCE (todavía recuerdo la patética rueda de prensa de Carrillo con la bandera franquista al frente). No había sujeto político, ya sea único o como expresión de una alianza progresista, y esto condicionó muchísimo el futuro inmediato y a largo plazo de la clase obrera, porque esta lo dio todo ¡qué remedio! a cambio de muy poco, de poquísimo ¿Para qué nos vamos a engañar?
Pero compañero, la alternativa, lógicamente, no consistía en forzar una revolución socialista, sino en salvar una posición que hiciera de esa democracia algo más que un recambio para que todo siguiera igual. Y, ya lo dice el refrán: “el que se siente derrotado de antemano lo estará sin paliativos a posteriori”. ¡Vaya! Para explicarlo en pocas palabras: me parece mucho más acertada la estrategia que desarrolló en su momento el Partido Comunista Portugués, que nunca renunció a sus objetivos de clase y tampoco realizó acciones temerarias ni se encaminó por un sendero derrotista y claudicante. Y ahí sigue……
Y ahora vemos el resultado: una democracia falsa, peligrosamente similar a la que impera en los EEUU; una clase obrera rota, desmoralizada. Remedando a Pirandello y no se me tome como una frivolidad, estamos ante un inmenso colectivo en busca de [autor] sí mismo.
Al compañer@ pesimista.- La financiación privada de los partidos políticos existe, sin duda, en el Estado español, lo que ocurre es que son transacciones vinculadas a la Caja B. Mire, como parto de una concepción francamente desalentadora respecto a las posibilidades de avances realmente democráticos en estos regímenes cerrados, da igual que se declaren o no, las corruptelas persisten porque es el precio que cobran los capos (léase políticos] que actúan al servicio del verdadero poder; dicho esto coincido parcialmente con usted.
En EEUU los grupos de presión empresariales hacían sus viajes a Washington para “comprar” a diputados de la Cámara de Representantes y lograr que se aprobara tal o cual proyecto. Como el asunto llegó a niveles escandalosos, fue el presidente Eisenhower quién legalizó los llamados lobbies, que cobran honorarios inmensos para lograr calificaciones positivas; lo que hizo el presidente fue obligarles a declarar sus ingresos en el impuesto de IRPF.
Pero la cultura anglosajona difiere mucho de la europea, en la que está muy mal vista esta opción. En todo caso ¿qué más da la transparencia? Los filibusteros que gobiernan seguirán haciendo lo que estimen conveniente, con o sin transparencia ¿Es que no vemos lo que está ocurriendo? ¿No están vaciando los bolsillos de las clases trabajadoras? ¿Y este vaciamiento no va a parar a ningún sítio?........sin duda, a las arcas de los petardistas (léase atracadores).
Reitero mi franca adhesión a su pesimismo, pero no me conformo. La calle, la calle, el protagonismo público de l@s trabajador@s., no existe otra opción ¿qué podemos perder si nos lo están quitando todo?
pesimista: Gracias de nuevo por responder a un usuario pesado.
Con el tema de la financiacion a los partidos, comparto que el sistema de financiacion anglosajon que admite donaciones privadas es un reconocimiento de la desigualdad y una consolidacion de los lobbys, pero... es que esa desigualdad existe de hecho y uno se plantea si es mejor un filibustero reconocido que un untador anónimo. Porque en los paises de modelo continental donde no se admite la financiacion privada, es un hecho que se producen corruptelas. ¿cual es la mejor opcion?
Sobre su ultima frase "Reitero mi franca adhesión a su pesimismo, pero no me conformo. La calle, la calle, el protagonismo público de l@s trabajador@s., no existe otra opción ¿qué podemos perder si nos lo están quitando todo?".. yo llevo un tiempo convencido de que esta sociedad está anestesiada porque veo muchas cosas que me parecen un escándalo y ante las cuales no se inmuta nadie. Ejemplos:
- Que se mantenga como presidente de la patronal a un señor que ha descapitalizado y llevado a la quiebra a todas sus empresas y que acumula denuncias en los juzgados. Ese señor esta sentado en una mesa de negociacion tomando decisiones sobre la economia del pais junto al gobierno y sindicatos. ¿eso es normal?
- Que el ministro Jose Blanco elija un programa de telebasura para presentar el plan de ajuste mas duro de la democracia. A mi eso me parecio un insulto a todos los afectados por esas medidas. Pero debo ser el unico que lo ve asi, porque al resto le debe parecer normal.
- Que los partidos de la oposicion adopten una actitud pasiva ante las medidas del gobierno. Empezando por el principal partido de la oposicion que lleva años convocando manifestaciones por los temas mas variopintos y ahora no lo hace ante una situacion de crisis gravisima y una gestion errática y desastrosa. Yo hoy si se convocaran elecciones generales anticipadas no sabria a quien votar porque creo que ninguno se ha ganado el voto.
- Sobre la convocatoria de huelga general, los sindicatos mayoritarios estan perdiendo toda legitimidad como convocantes porque no ofrece credibilidad en una oposicion al gobierno quien esta recibiendo subvenciones de ese mismo gobierno. La nueva moda esta de las "huelgas diferidas" lo demuestra. La huelga de empleados publicos fue un fiasco y me temo que la general convocada en septiembre tendrá tambien un seguimiento escaso. Las huelgas no se pueden convocar cuando las medidas estan ya aprobadas y con varios meses de vigencia y no sirven ya para nada salvo para el pataleo. ¿para que le va a perder un dia de sueldo un trabajador cuando ya la protesta no tendria niguna virtualidad?
shibrahim (pesimista 2): Debo rectificarle: a pesado no me gana nadie.
Sinceramente, con la espantosa tormenta radioactiva que está cayendo sobre las clases trabajadoras, y partiendo de la pudrición que se extiende a lo largo y ancho de este malhadado sistema, tengo muchas resistencias a emprender un estudio “constructivo” acerca del mejor sistema de financiación de los partidos. Desde luego, convengo con usted en que es mejor un filibustero conocido que un petardista anónimo, pero, tal vez, olvidamos una cuestión que es clave: la honestidad, ¡la moral, vamos!
Soy muy estricto en esto y siempre despotrico contra la gente estilo Palop (el valenciano), aquel señor que declaró sin ambages que él estaba en la política para ganar dinero. Ese es un mal insito en este tinglado y ninguna reforma parcial lo va a mejorar porque, ya se sabe, el que hizo la ley hizo la trampa, un producto que se vende aquí cargado de cinismo e hipocresía.
¡Ah amigo! Es cierto que la sociedad civil está desmoralizada, pero ¿qué más le podemos pedir a nuestra gente? ¿Qué no lleva años y años soportando desilusiones, engaños, abusos y extorsiones? Si las propias fuerzas políticas progresistas no encuentran los medios de conectar con el pueblo para emprender otros senderos de lucha ¿vamos a achacarle al común la responsabilidad de esta incapacidad?
Me parece que los grandes cambios políticos siempre han sido iniciados por minorías conscientes, que se ven engrosadas en un proceso complejo con muchos altibajos. La gente va aprendiendo y alzando su voluntad y optimismo, cuando comprueba en la práctica que tienen razón y que vale la pena luchar por esto. Lo que sería muy lamentable es que se produjeran acontecimientos tipo “Caracazo”, es decir, un estallido espontáneo que sería reprimido violentamente.
Respecto a lo que me parece o no normal: como no existe ningún respeto por los derechos e intereses legítimos del pueblo y partiendo de lo que usted mismo califica de situación marcada por la anestesia, no me choca nada que un [gran] empresario metido en líos judiciales dirija la patronal, que el ministro Blanco utilice cualquier proscenio amarillo para intentar justificar las injusticias, que el principal partido de la oposición esté por la vía utilitaria de aprovecharse electoralmente de las inconsistencias del gobierno, cuando tod@s sabemos que ellos venderían la misma política.
¡Je! ¿No le parece una broma que el PP declare tranquilamente que es el partido de los trabajadores, sin que se rompan las cristaleras de todas las casas? ¿Pero eso es política o una revista musical del baile de la yenka? ¿No vemos que esta gentuza le toma el pelo al pueblo?
Lo de la Huelga General es otra cosa y usted acierta plenamente. Creo, sinceramente, que los sindicatos oficialistas entienden que deben convocarla para “cumplir un trámite”, es decir, para que no les laven la cara l@s trabajador@s, pero vaya usted a saber que inconfesables pactos y acuerdos puedan existir en los pasillos recónditos que nosotros no avizoramos.
Ojala me equivoque, pero si los sindicatos consecuentes y l@s trabajador@s conscientes no lo remedian, tal vez estemos ante la “crónica de una huelga con fracaso anunciado”. Y luego, lo de siempre, la culpa la tiene el pueblo, que, además de “cornudo” –permítaseme esta salida de tono más que machista- acabará “apaleado”.
judith: sobre lo de la incomprensible actitud de los sindicatos, que piden huelga con la boca chica... y la convocan para dentro de 3 meses cuando ya no sirva para nada ...dice usted "vaya usted a saber que inconfesables pactos y acuerdos puedan existir en los pasillos recónditos que nosotros no avizoramos. "
Hay rumores de que el gobierno prepara una modificacion de la ley organica de libertad sindical y de las demas normas que regulan la representatividad sindical en las administraciones, para eliminar la presencia en los organos de representacion y participacion de los sindicatos pequeños, los de sector, que son los que realmente defienden a los trabajadores de sus ambitos profesionales. De ese modo, los dos pesebristas mayoritarios monopolizarian toda la representacion para hacer y deshacer a su antojo y seguir mamando subvenciones. Si se confirma ese rumor, que lleva tiempo circulando en la administracion, se entenderian muchas extrañas actitudes en todo este tema del decretazo y la reforma laboral.
shibrahim: A propósito de los rumores, “cuando el rió suena es porque agua lleva”.
Pero desgraciadamente no se trata de un simple rumor. Existen ya conversaciones y acuerdos provisionales en la línea que usted expone, que incluye también el tema de la “flexiseguridad”, otra opción nefasta sobre la que no me extiendo aquí por razones obvias de espacio.
Se trata de una gravísima amenaza pendiente de imponer cuando tengan una oportunidad que les sea favorable: la derogación global (supongo que a cuentagotas) de los convenios colectivos de ámbito autonómico, provinciales o de sector y la paralela “legitimación exclusiva” de los de ámbito estatal, en los que sólo podrían tener protagonismo los dos sindicatos oficialistas y las “teóricas” fuerzas sindicales que tengan un nivel de representación en ese ámbito, es decir, del 10 o el 15%, pero no sólo en la Administración Pública. Esto implicaría barrer de un plumazo toda representación sindical de ámbito menor y alejar la representación sindical de los colectivos obreros afectados.
Decir solamente que la catadura de los sindicatos oficialistas a mí no me parece incomprensible. Vd. misma lo explica perfectamente, pero aquí hay mucha tela que cortar y sobre la que tendremos que seguir hablando en otro momento.
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